8 de noviembre de 2012

"Jesús vió una gran multitud que acudía a Él"



La multiplicación de los panes (Jn 6, 1-14)

"Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?». Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?». Jesús le respondió: «Háganlos sentar». Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada». Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo».
“Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él.”

En varios pasajes de la Biblia, observamos como la gente se acercaba al Maestro en grandes multitudes. ¿Que poder de atracción tenía aquel simple hombre que había salido de Nazareth, para que pueblos enteros dejaran las comodidades de sus hogares, sus trabajos y ocupaciones cotidianas cuando se enteraban que Jesús pasaba por allí?

El Evangelio nos relata que lo seguían, porque veían los signos que hacía curando a los enfermos. “los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos son resucitados, la Buena Noticia es anunciada a los pobres.” (Lc 7, 22).

Al igual que la gente de aquella época hoy somos nosotros los que dejamos todo por un día, porque también de alguna manera intuimos que presente en la Sagrada Forma, está Aquel que le da un verdadero sentido a los deseos más profundos de nuestro corazón. “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” (Jn 6, 68).

Allí en la Eucaristía esta el mismo Jesús que 2000 años atrás veía a las multitudes que se acercaban a Él. Hoy los que se acercan a Él somos nosotros, porque también tenemos enfermedades que necesitan ser curadas, también tenemos pecados que necesitan ser perdonados.

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