23 de septiembre de 2014

El culto eucarístico


I. Naturaleza del Sacrificio Eucarístico

A) MOTIVO DE TRATAR ESTE TEMA

84. El Misterio de la Santísima Eucaristía, instituida por el Sumo Sacerdote, Jesucristo, y renovada constantemente por sus ministros, por obra de su voluntad, es como el compendio y el centro de la religión cristiana. Tratándose de lo más alto de la Sagrada Liturgia, creemos oportuno, Venerables Hermanos, detenernos un poco y atraer Vuestra atención a este gravísimo argumento.



22 de septiembre de 2014

Adoración nocturna


–Mi abuelo era de la Adoración Nocturna.
–Gran obra de Dios. Y hoy, por designio de la Providencia, se van multiplicando las capillas de Adoración Perpetua.
En los anteriores artículos fui explicando los diferentes momentos de la Misa, el Mysterium fidei por excelencia. Y al tratar de la consagración, del acto máximo de la Eucaristía (275), no me detuve en considerar con amplitud el misterio de la transubstanciación, para contemplarlo ahora más detenidamente, pues él es el fundamento de la adoración eucarística.
–La presencia de Cristo en la Eucaristía es real, verdadera y substancial desde el momento en que sea realiza la consagración del pan y del vino. Y para exponer misterio tan grandioso prefiero ceder la palabra a la misma Iglesia, tal como lo confiesa concretamente en el Catecismo:
1373 «“Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros” (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia (LG 48): en su Palabra, en la oración de su Iglesia, “allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre” (Mt 18,20), en los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31 46), en los sacramentos de los que él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, “sobre todo, [está presente] bajo las especies eucarísticas” (SC 7).
1374 El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella “como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos” (S. Tomás de A., STh III, 73, 3). En el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero” (Trento: Denz 1651). “Esta presencia se denomina `real’, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen `reales’, sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente” (Pablo VI, enc. Mysterium fidei 39).

19 de septiembre de 2014

Claras definiciones del prefecto de la Congregación de la Fe


El cardenal Müller precisa que "la total indisolubilidad de un matrimonio es un dogma divino"

El cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano, ha precisado que la indisolubilidad del matrimonio no es una mera doctrina sino un dogma de la Iglesia, y ha resaltado la necesidad de comprender la realidad de este sacramento y de la familia.

12 de septiembre de 2014

Mes de la Biblia: La Virgen María y la Eucaristía

 

 En cuanto a la misa celebrada por Nuestro Señor en la Última Cena, lo primero  que podemos decir es que el Evangelio no dice nada sobre este tema. En el relato de la Eucaristía en la noche del Jueves Santo, no se menciona a María. Sin embargo, incluso en el caso de que no estaría presente en la primera Misa sacramental -en el Cenáculo- y sin embargo sabemos, porque está en las Escrituras, que estaba María presente en el Calvario (diríamos en la única Misa del Calvario). Además, también sabemos que ella estuvo presente con los Apóstoles que oraban "como una sola alma y un solo corazón" (cf. Hch 1,14) en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Ciertamente, María debe haber estado también presente en las celebraciones de la Eucaristía en la primera generación de cristianos, que estaban dedicados a la «fracción del pan" (Hechos 2:42)

11 de septiembre de 2014

Mes de la Biblia: la doble Mesa del Señor



En la eucaristía, como sabemos, la liturgia de la Palabra precede a la liturgia del Sacrificio, en la que se nos da el Pan de vida. Lo primero va unido a lo segundo. Recibiendo la Palabra, preparamos nuestro corazón para recibir el Pan del cielo. «La Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística están tan estrechamente unidas entre sí, que forman un solo acto de culto» (SC 56). Recordemos, por otra parte, que ése fue el orden que comprobamos ya en el sacrificio del Sinaí (Ex 24,7), en la Cena del Señor, o en el encuentro de Cristo con los discípulos de Emaús (Lc 24,13-32).

En este sentido, el Vaticano II, siguiendo antigua tradición, afirma que «la Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del cuerpo de Cristo» (DV 21). Ve, pues, en la eucaristía «la doble mesa de la Sagrada Escritura y de la eucaristía» (PO 18). En efecto, desde el ambón se nos comunica Cristo como palabra, y desde el altar se nos da como pan. Y así el Padre, tanto por la Palabra divina como por el Pan de vida, es decir, por su Hijo Jesucristo, nos vivifica en la eucaristía, comunicándonos su Espíritu.

San Jerónimo cuando decía: «Yo considero el Evangelio como el cuerpo de Jesús. Cuando él dice “quien come mi carne y bebe mi sangre”, ésas son palabras que pueden entenderse de la eucaristía, pero también, ciertamente, son las Escrituras verdadero cuerpo y sangre de Cristo» (ML 26,1259). Y especialmente cuando se proclaman en la liturgia sagrada de la Iglesia.

10 de septiembre de 2014

Mes de la Biblia: Eucaristía y liturgia de la Palabra



Nos asegura la Iglesia que Cristo «está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la sagrada Escritura, es él quien nos habla» (Vat. II, SC 7a). ¿Nos lo creemos de verdad?… «Cuando se leen en la iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio. Por eso, las lecturas de la palabra de Dios, que proporcionan a la liturgia un elemento de la mayor importancia, deben ser escuchadas por todos con veneración» (OGMR 29).
«En las lecturas, que luego desarrolla la homilía, Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la redención y salvación, y le ofrece alimento espiritual. Y el mismo Cristo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles. Esta palabra divina la hace suya el pueblo con los cantos y muestra su adhesión a ella con la Profesión de fe [el Credo]; y una vez nutrido con ella, en la Oración universal, hace súplicas por las necesidades de la Iglesia entera y por la salvación de todo el mundo» (OGMR 55).
¿Reconocemos la presencia real de Cristo cuando en la Liturgia sagrada habla a su pueblo?
Es el Padre celestial quien nos da el pan de la Palabra encarnada