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12 de diciembre de 2015

Domingo de Gaudete


Es el tercer domingo de Adviento, llamado así por la primera palabra del Introito de la Misa (Gaudete, es decir, Regocíjense). El tiempo de Adviento se originó como un ayuno de cuarenta días en preparación para la Navidad, comenzando el día después de la fiesta de San Martín (12 de noviembre), de aquí que a menudo se le llamara la "Cuaresma de San Martín"---nombre por el que se conocía tan temprano como el siglo V. La introducción del ayuno de Adviento no se puede datar más temprano, porque no hay evidencia de que se observara la Navidad el 25 de diciembre antes de finales del siglo IV, (Duchesne, "Origines du culte chrétien", Paris, 1889), y la preparación para una fiesta no puede haber sido de fecha anterior a la fiesta misma. En el siglo IX, la duración del Adviento se redujo a cuatro semanas; la primera alusión a la temporada acortada se encontró en una carta del Papa San Nicolás I (858-867) a los búlgaros, y hacia el siglo XII el ayuno había sido ya reemplazado por una simple abstinencia.

4 de octubre de 2015

Comienzo del Sínodo de la Familia: comentario al Evangelio de la Misa del Domingo


Lectura del santo Evangelio según San Marcos (10,2-12)

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: –«¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó: –«¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron: –«Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio».
Jesús les dijo: –«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo: –«Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor.

Meditación de algunos puntos en referencia al Sínodo que se inicia:

2 de septiembre de 2015

Hora Santa en el mes de la Biblia


Jesús, yo te adoro. Creo en Ti, con fe viva y te amo con un amor ardiente. Tú estás aquí presente. Te hallas envuelto en tu divino silencio; sin embargo, yo sé que Tú me quieres hablar. Háblame de tal manera para que mi corazón pueda oírte y entenderte. Deseo ahora encontrarte como el amo que me recibe con gozo y continuamente me invita. Llego ahora con todo lo que soy y como soy . Deseo adorarte, creer en Ti y amarte porque Tú eres Dios, el testigo creíble, digno de todo agradecimiento y amor.

-Jesús, te adoro, creo en Ti y te amo, Tú eres la palabra del Padre. (Esta invocación la repito interiormente)

5 de junio de 2015

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO PARA CORPUS CHRISTI


En la Última Cena, Jesús dona su Cuerpo y su Sangre mediante el pan y el vino, para dejarnos el memorial de su sacrificio de amor infinito. Con este “viático” lleno de gracia, los discípulos tienen todo lo necesario para su camino a lo largo de la historia, para hacer extensivo a todos el Reino de Dios. Luz y fuerza será para ellos el don que Jesús hizo de sí mismo, inmolándose voluntariamente sobre la cruz. Y este Pan de vida ¡llegó hasta nosotros! Ante esta realidad el estupor de la Iglesia no cesa jamás. Una maravilla que alimenta siempre la contemplación, la adoración, la memoria. Nos lo demuestra un texto muy bello de la Liturgia de hoy, el Responsorio de la segunda lectura del Oficio de las Lecturas, que dice así: ‘Reconozcan en este pan, a aquél que fue crucificado; en el cáliz, la sangre brotada de su costado. Tomen y coman el cuerpo de Cristo, beban su sangre: porque ahora son miembros de Cristo. Para no disgregarse, coman este vínculo de comunión; para no despreciarse, beban el precio de su rescate’.

28 de mayo de 2015

Santísima Trinidad: comentario a la Liturgia de la Palabra de la Misa


Es un gran momento de alegría y comunión el que vivimos esta mañana, con la celebración del sacrificio eucarístico. Una gran asamblea, reunida con el Sucesor de Pedro, formada por fieles de muchas naciones. Es una imagen expresiva de la Iglesia, una y universal, fundada por Cristo y fruto de aquella misión que, como hemos escuchado en el evangelio, Jesús confió a sus apóstoles: Ir y hacer discípulos a todos los pueblos, «bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 18-19). Saludo con afecto y reconocimiento al Cardenal Angelo Scola, Arzobispo de Milán, y al Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, artífices principales de este VII Encuentro Mundial de las Familias, así como a sus colaboradores, a los obispos auxiliares de Milán y a todos los demás obispos. Saludo con alegría a todas las autoridades presentes. Mi abrazo cordial va dirigido sobre todo a vosotras, queridas familias. Gracias por vuestra participación.

En la segunda lectura, el apóstol Pablo nos ha recordado que en el bautismo hemos recibido el Espíritu Santo, que nos une a Cristo como hermanos y como hijos nos relaciona con el Padre, de tal manera que podemos gritar: «¡Abba, Padre!» (cf. Rm 8, 15.17). En aquel momento se nos dio un germen de vida nueva, divina, que hay que desarrollar hasta su cumplimiento definitivo en la gloria celestial; hemos sido hechos miembros de la Iglesia, la familia de Dios, «sacrarium Trinitatis», según la define san Ambrosio, pueblo que, como dice el Concilio Vaticano II, aparece «unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Const. Lumen gentium, 4). La solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, que celebramos hoy, nos invita a contemplar ese misterio, pero nos impulsa también al compromiso de vivir la comunión con Dios y entre nosotros según el modelo de la Trinidad. Estamos llamados a acoger y transmitir de modo concorde las verdades de la fe; a vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo gozos y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorando los diferentes carismas bajo la guía de los pastores. En una palabra, se nos ha confiado la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más una familia, capaces de reflejar la belleza de la Trinidad y de evangelizar no sólo con la palabra. Más bien diría por «irradiación», con la fuerza del amor vivido.

22 de mayo de 2015

Domingo de Pentecostés: comentario a la Liturgia de la Palabra de la Misa


Cada vez que celebramos la eucaristía vivimos en la fe el misterio que se realiza en el altar; es decir, participamos en el acto supremo de amor que Cristo realizó con su muerte y su resurrección. El único y mismo centro de la liturgia y de la vida cristiana —el misterio pascual—, en las diversas solemnidades y fiestas asume "formas" específicas, con nuevos significados y con dones particulares de gracia. Entre todas las solemnidades Pentecostés destaca por su importancia, pues en ella se realiza lo que Jesús mismo anunció como finalidad de toda su misión en la tierra. En efecto, mientras subía a Jerusalén, declaró a los discípulos: "He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!" (Lc 12, 49). Estas palabras se cumplieron de la forma más evidente cincuenta días después de la resurrección, en Pentecostés, antigua fiesta judía que en la Iglesia ha llegado a ser la fiesta por excelencia del Espíritu Santo: "Se les aparecieron unas lenguas como de fuego (...) y quedaron todos llenos del Espíritu Santo" (Hch 2, 3-4). Cristo trajo a la tierra el fuego verdadero, el Espíritu Santo. No se lo arrebató a los dioses, como hizo Prometeo, según el mito griego, sino que se hizo mediador del "don de Dios" obteniéndolo para nosotros con el mayor acto de amor de la historia: su muerte en la cruz.

16 de mayo de 2015

Solemnidad de la Ascensión: comentario a la Liturgia de la Palabra de la Misa



1. Nos hallamos reunidos en torno al altar del Señor para celebrar su Ascensión al cielo. Hemos escuchado sus palabras: "Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos (...) hasta los confines del mundo" (Hch 1, 8). Desde hace dos mil años estas palabras del Señor resucitado impulsan a la Iglesia a adentrarse en el mar de la historia, la hacen contemporánea de todas las generaciones, la transforman en levadura de todas las culturas del mundo.


10 de mayo de 2015

VI Domingo de Pascua: comentario a la Liturgia de la Palabra de la Misa


Queridos hermanos y hermanas:

Es grande mi alegría por poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Os saludo cordialmente a todos y os agradezco la calurosa acogida. Saludo a vuestro pastor, monseñor Riccardo Fontana, al que agradezco las amables palabras de bienvenida; a los demás obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los representantes de las asociaciones y los movimientos eclesiales. Un deferente saludo al alcalde, abogado Giuseppe Fanfani, al que agradezco sus palabras de saludo; al senador Mario Monti, presidente del Consejo de ministros, y a las demás autoridades civiles y militares. Expreso mi agradecimiento de modo especial a quienes han colaborado generosamente para esta visita pastoral.

Hoy me acoge una Iglesia antigua, experta en relaciones y benemérita por su compromiso durante siglos para construir la ciudad del hombre a imagen de la ciudad de Dios. Efectivamente, en tierra de Toscana, la comunidad de Arezzo se ha distinguido muchas veces en la historia por el sentido de libertad y la capacidad de diálogo entre componentes sociales diversos. Al venir por primera vez entre vosotros, mi deseo es que la ciudad sepa siempre hacer fructificar esta valiosa herencia.

En los siglos pasados la Iglesia que está en Arezzo se enriqueció y animó con múltiples expresiones de la fe cristiana, entre las cuales la más alta es la de los santos. Pienso, en particular, en san Donato, vuestro patrono, cuyo testimonio de vida, que fascinó a la cristiandad del Medievo, sigue siendo actual. Fue un evangelizador intrépido, para que todos se libraran de las costumbres paganas y encontraran en la Palabra de Dios la fuerza para afirmar la dignidad de toda persona y el verdadero sentido de la libertad. A través de su predicación llevó a la unidad, con la oración y la Eucaristía, a los pueblos de los que fue obispo. El cáliz roto y recompuesto por san Donato, del que habla san Gregorio Magno (cf. Diálogos I, 7, 3), es imagen de la obra pacificadora llevada a cabo por la Iglesia en el seno de la sociedad, para el bien común. Así lo atestigua en favor vuestro san Pedro Damián y con él la gran tradición camaldulense que desde hace miles de años, partiendo del Casentino, ofrece su riqueza espiritual a esta Iglesia diocesana y a la Iglesia universal.

En vuestra catedral está sepultado el beato Gregorio X, Papa, como para mostrar, en la diversidad de los tiempos y de las culturas, la continuidad del servicio que la Iglesia de Cristo quiere prestar al mundo. Sostenido por la luz que venía de las nacientes Órdenes mendicantes, de teólogos y santos, entre los cuales santo Tomás de Aquino y san Buenaventura de Bagnoregio, afrontó los grandes problemas de su tiempo: la reforma de la Iglesia; la recomposición del cisma con el Oriente cristiano, que intentó realizar con el concilio de Lyon; la atención a Tierra Santa; la paz y las relaciones entre los pueblos: él fue el primero en Occidente en tener un intercambio de embajadores con el Kublai Kan de China.

3 de mayo de 2015

V Domingo de Pascua: comentario a la Liturgia de la Palabra de la Misa


El Evangelio de hoy, quinto domingo del tiempo pascual, comienza con la imagen de la viña. «Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”» (Jn 15, 1). A menudo, en la Biblia, a Israel se le compara con la viña fecunda cuando es fiel a Dios; pero, si se aleja de él, se vuelve estéril, incapaz de producir el «vino que alegra el corazón del hombre», como canta el Salmo 104 (v. 15). La verdadera viña de Dios, la vid verdadera, es Jesús, quien con su sacrificio de amor nos da la salvación, nos abre el camino para ser parte de esta viña. Y como Cristo permanece en el amor de Dios Padre, así los discípulos, sabiamente podados por la palabra del Maestro (cf. Jn 15, 2-4), si están profundamente unidos a él, se convierten en sarmientos fecundos que producen una cosecha abundante. San Francisco de Sales escribe: «La rama unida y articulada al tronco da fruto no por su propia virtud, sino en virtud de la cepa: nosotros estamos unidos por la caridad a nuestro Redentor, como los miembros a la cabeza; por eso las buenas obras, tomando de él su valor, merecen la vida eterna» (Trattato dell’amore di Dio, XI, 6, Roma 2011, 601).

25 de abril de 2015

IV Domingo de Pascua: comentario a la liturgia de la Palabra de la Misa


En esta hora en la que vosotros, queridos amigos, mediante el sacramento de la ordenación sacerdotal sois introducidos como pastores al servicio del gran Pastor, Jesucristo, el Señor mismo nos habla en el evangelio del servicio en favor de la grey de Dios.

La imagen del pastor viene de lejos. En el antiguo Oriente los reyes solían designarse a sí mismos como pastores de sus pueblos. En el Antiguo Testamento Moisés y David, antes de ser llamados a convertirse en jefes y pastores del pueblo de Dios, habían sido efectivamente pastores de rebaños. En las pruebas del tiempo del exilio, ante el fracaso de los pastores de Israel, es decir, de los líderes políticos y religiosos, Ezequiel había trazado la imagen de Dios mismo como Pastor de su pueblo. Dios dice a través del profeta:  "Como un pastor vela por su rebaño (...), así velaré yo por mis ovejas. Las reuniré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas" (Ez 34, 12).

18 de abril de 2015

III Domingo de Pascua: Comentario a la liturgia de la Palabra de la Misa


En este tercer domingo del tiempo pascual, la liturgia pone una vez más en el centro de nuestra atención el misterio de Cristo resucitado. Victorioso sobre el mal y sobre la muerte, el Autor de la vida, que se inmoló como víctima de expiación por nuestros pecados, "no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre" (Prefacio pascual III). Dejemos que nos inunde interiormente el resplandor pascual que irradia este gran misterio y, con el salmo responsorial, imploremos: "Haz brillar sobre nosotros el resplandor de tu rostro".

11 de abril de 2015

Divina Misericordia: Comentario a la liturgia de la Palabra de la Misa


Queridos hermanos y hermanas: 

Según una antigua tradición, este domingo se llama domingo "in Albis". En este día, los neófitos de la Vigilia pascual se ponían una vez más su vestido blanco, símbolo de la luz que el Señor les había dado en el bautismo. Después se quitaban el vestido blanco, pero debían introducir en su vida diaria la nueva luminosidad que se les había comunicado; debían proteger diligentemente la llama delicada de la verdad y del bien que el Señor había encendido en ellos, para llevar así a nuestro mundo algo de la luminosidad y de la bondad de Dios.

9 de abril de 2015

¿Puedo pedir lo que necesito frente a la Eucaristía?



En el Evangelio vemos muchas veces que quienes se acercan a Cristo, reconociendo en él al Salvador de los hombres, se postran primero en adoración, y con la más humilde actitud, piden gracias para sí mismos o para otros. La mujer cananea, por ejemplo, «acercándose [a Jesús], se postró ante él, diciendo: ¡Señor, ayúdame!» (Mt 15,25). Y obtuvo la gracia pedida.

1 de febrero de 2015

Acerca del cuarto domingo durante el año


El poder de la Eucaristía para expulsar demonios lo presenta, claramente, toda la tradición de la Iglesia. Basta unos pensamientos de san Juan Crisóstomo para iluminar esta realidad:

"El cristiano que vuelve de la mesa eucarística se asemeja a un león, que presenta llamas de fuego por la boca; su vista es insoportable al demonio".


25 de enero de 2015

Acerca del tercer domingo durante el año



El oficio de Lectura del tercer domingo durante el año nos hace meditar una enseñanza fundamental del concilio Vaticano II, en su constitución sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium, donde da una enseñanza de suma importancia para la espiritualidad cristiana:

«Cristo está siempre presente a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz” [Trento], sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza [S. Agustín]. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)».

8 de diciembre de 2014

Inmaculada Concepción: comentario a la liturgia de la Palabra de la Misa


1. "Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28).

Con estas palabras del arcángel Gabriel, nos dirigimos a la Virgen María muchas veces al día. Las repetimos hoy con ferviente alegría, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, recordando el 8 de diciembre de 1854, cuando el beato Pío IX proclamó este admirable dogma de la fe católica precisamente en esta basílica vaticana.

26 de septiembre de 2014

Hora Santa en el mes de la Biblia



* Exposición del Santísimo Sacramento del Altar

* Canto de adoración

* Meditación: ‘LA PALABRA SE HIZO CARNE Y PUSO SU MORADA ENTRE NOSOTROS’ (Jn. 1,14):

Siempre fue duro y trabajoso arar la tierra, pero el campesino sabe que es necesario para poder sembrar. ‘Se siembra entre lágrimas y se cosecha entre cantares’ (Salmo). Nada más silencioso y disponible que la tierra cuando al caer la tarde, ella está allí a merced del sembrador dispuesta a acoger y dar vida; después de todo ella es madre... No menos duro es silenciar un corazón, ayudarlo a recuperar la confianza, silenciarlo para que sea capaz de acoger a otro. ‘La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros’. Fueron necesarios siglos y un toque de gracia para que el corazón de una joven pueda acoger la Palabra hecha carne, es decir débil y mortal, y poner su morada entre nosotros, es decir su presencia personal y tangible. En la Eucaristía contemplamos este misterio: La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

En la liturgia de la Palabra de la Santa Misa, cuando escuchábamos el Evangelio estábamos de pie y ahora podemos tomar asiento, el Padre nos quiere abrir el corazón, nos quiere dejar pasar a su misterio, allí también se esconde el nuestro. Escuchar es más que percibir sonidos, escuchar, mirar, tocar es percibir una presencia, una alteridad, otro. Es una manera de estar, de vivir en expectativa comunicativa. Es tener hábitos más que actos, un estado de apertura, de permeabilidad capaz de percibir el más allá. Permeabilidad para entrar y salir desde lo más profundo a lo más profundo. Escuchar es dejar hacer, consentir que el amor realice su obra en nosotros, es no resistir la realidad, es dejarse iluminar, interpelar. Es recibir en el corazón lo que proviene del corazón sin filtrar e intelectualizar. Quién se revela nos revela...

12 de septiembre de 2014

Mes de la Biblia: La Virgen María y la Eucaristía

 

 En cuanto a la misa celebrada por Nuestro Señor en la Última Cena, lo primero  que podemos decir es que el Evangelio no dice nada sobre este tema. En el relato de la Eucaristía en la noche del Jueves Santo, no se menciona a María. Sin embargo, incluso en el caso de que no estaría presente en la primera Misa sacramental -en el Cenáculo- y sin embargo sabemos, porque está en las Escrituras, que estaba María presente en el Calvario (diríamos en la única Misa del Calvario). Además, también sabemos que ella estuvo presente con los Apóstoles que oraban "como una sola alma y un solo corazón" (cf. Hch 1,14) en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Ciertamente, María debe haber estado también presente en las celebraciones de la Eucaristía en la primera generación de cristianos, que estaban dedicados a la «fracción del pan" (Hechos 2:42)

11 de septiembre de 2014

Mes de la Biblia: la doble Mesa del Señor



En la eucaristía, como sabemos, la liturgia de la Palabra precede a la liturgia del Sacrificio, en la que se nos da el Pan de vida. Lo primero va unido a lo segundo. Recibiendo la Palabra, preparamos nuestro corazón para recibir el Pan del cielo. «La Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística están tan estrechamente unidas entre sí, que forman un solo acto de culto» (SC 56). Recordemos, por otra parte, que ése fue el orden que comprobamos ya en el sacrificio del Sinaí (Ex 24,7), en la Cena del Señor, o en el encuentro de Cristo con los discípulos de Emaús (Lc 24,13-32).

En este sentido, el Vaticano II, siguiendo antigua tradición, afirma que «la Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del cuerpo de Cristo» (DV 21). Ve, pues, en la eucaristía «la doble mesa de la Sagrada Escritura y de la eucaristía» (PO 18). En efecto, desde el ambón se nos comunica Cristo como palabra, y desde el altar se nos da como pan. Y así el Padre, tanto por la Palabra divina como por el Pan de vida, es decir, por su Hijo Jesucristo, nos vivifica en la eucaristía, comunicándonos su Espíritu.

San Jerónimo cuando decía: «Yo considero el Evangelio como el cuerpo de Jesús. Cuando él dice “quien come mi carne y bebe mi sangre”, ésas son palabras que pueden entenderse de la eucaristía, pero también, ciertamente, son las Escrituras verdadero cuerpo y sangre de Cristo» (ML 26,1259). Y especialmente cuando se proclaman en la liturgia sagrada de la Iglesia.