23 de julio de 2010

"herramientas"

Muchas veces nos preguntamos que es lo que necesitamos para estar bien, para ser felices...

Escuchaste alguna vez la frase "mens sana in corpore sano"? (mente sana en cuerpo sano). Cuidar mente y cuerpo...
Sabemos lo importante que es:

dormir bien
comer bien
hacer algo de deporte


 ahora te pregunto algo...



te preguntaste lo necesario que es cuidar, alimentar y cultivar tu alma, tu espíritu?
dejás entrar a Dios en tu corazón, en tu interior?
El es el Camino, la Verdad, la Vida...
El es la Fuente de la verdadera Felicidad, esa que todos buscamos de tantas formas distintas, pero que sólo El nos la puede dar al 100%...


Para estar con El contamos con muuuuuuchas "herramientas", te voy a nombrar algunas:

-La oración con el corazón
-El rezo del rosario
-El ayuno
-La lectura de Su Palabra (la Biblia)
-La confesión
-La Eucaristía
-...

Quiero detenerme en la última...



A veces queremos estar con Jesús, recibirlo en la Eucaristía, pero por alguna razón no podemos (si estamos enfermos; si estamos en un lugar en que faltan sacerdotes que celebren la misa; si estamos divorciados y vueltos a casar y no podemos comulgar sacramentalmente;...) al visitar al Santísimo, o en cualquier momento en que desees ardientemente recibir a Jesús, se le puede recibir espiritualmente, demostrándole a Jesús el deseo sincero de estar con Él.
Esto es lo que llamamos la comunión espiritual, que se puede hacer tan seguido como querramos. Esto trae gran provecho a nuestras almas.




Algunos ejemplos:

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado, veni al menos espiritualmente a mi corazón.

(Pausa en silencio para adoración)

Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Vos.
No permitás, Señor, que jamás me separe de Vos. Amén.

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Yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos.

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Creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento: Te amo y deseo. Veni a mi corazón. Te abrazo; no te apartes nunca de mí.





Cuánto le agrada a Dios esta Comunión espiritual, y cuántas las gracias que por ella
se nos conceden, lo manifestó el Señor a su sierva Sor Paula Maresca, fundadora del
Monasterio de Santa Catalina de Siena, en Nápoles, mostrándole (como en su vida se refiere) dos vasos preciosos, uno de oro y el otro de plata; y diciéndole que en el de oro conservaba sus comuniones sacramentales, y en el de plata las espirituales.

A la beata Juana de la Cruz le dijo que cada vez que comulgaba espiritualmente, recibía la misma gracia que si hubiese realmente comulgado. Baste sobre todo saber que el Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla.

La beata Águeda de la Cruz lo hacía doscientas veces al día. Y el Padre Pedro Fabro, primer compañero de San Ignacio, decía que para hacer bien la Comunión sacramental, ayuda sobremanera el comulgar espiritualmente.

El que quiera crecer en el amor a Jesús, que practique la Comunión espiritual, aunque sea una vez en cada Visita al Santísimo Sacramento, y en cada Misa aunque sea una vez; aunque mejor sería repetirla tres veces, o sea, al principio de la Misa, al medio y al final. Esta devoción es mucho más provechosa de lo que algunos piensan, y al mismo tiempo facilísima. Decía la mencionada beata Juana de la Cruz, que la Comunión
espiritual se puede hacer sin que nadie lo note, sin necesidad de ayuno o de permiso del director, y a la hora que nos plazca: con hacer un acto de amor, está hecha.


Texto extraído de "Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima" por San Alfonso María de Ligorio







La Santa Misa explicada por el Padre Pío

Testimonio del P. Derobert, hijo espiritual del P. Pío


Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.

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Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta "marea negra" de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.

El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado...

El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presento en el "momento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El "Por él, con él y en él" corresponde al grito de Jesús: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombre en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: "Padre Nuestro....."

La fracción del Pan marca la muerte de Jesús.....

La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte...) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.

La bendición del Sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno....

Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino...lo que hago cada día...¡y con cuánta alegría!.


La canción que escuchamos durante el video es:

Gloria in Excelsis Deo

Gloria in excélsis Deo
Et in terra pax homínibus bonae voluntátis.
Laudámus te.
Benedícimus te.
Adorámus te.
Glorificámus te.
Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili unigénite, Jesu Christe.
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris.
Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.
Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis.
Quóniam tu solus Sanctus.
Tu solus Dóminus,
Tu solus Altíssimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spíritu in glória Dei Patris. Amen.

16 de julio de 2010

Eucaristía sufrimiento y alegría

Si este testimonio te parece muy largo, lo podes ver en distintos días!!!... :)

El Padre Buttet nos comparte su testimonio eucarístico en la ayuda a los pobres y enfermos en Suiza y China.

Nicolas Buttet es Fundador de la Fraternidad Eucharistein

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El suizo Nicolas Buttet, nacido en 1961, jurista de formación y que fuera diputado en el Parlamento Cantonal de Valais, es sacerdote. En Roma, fue colaborador en el Consejo Pontifical Justicia y Paz, pero luego, en 1992, se retiró durante cinco años como ermitaño en Notre-Dame du Scex, en Valais. A su regreso, en 1997, funda la Fraternidad Eucharistein, en Saint-Maurice-d'Agone, que forma parte de estas numerosas nuevas comunidades, fruto del Concilio Vaticano II.

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La comunidad cuenta con tres casas: una en Épinassey, en el territorio de la abadía de Saint-Maurice, otra en Bourguillon (Friburgo) y la tercera en Francia, en una gran propiedad de 115 hectáreas, donación del obispado de Fréjus-Toulon, en el municipio de La Martre. El 22 de junio de 2003, monseñor Dominique Rey, obispo de dicha diócesis, reconoce oficialmente la Fraternidad, erigiéndola en Asociación Pública de Fieles. El 29 de junio del mismo año, Nicolas Buttet es ordenado sacerdote y Jean Python, uno de sus brazos derechos, diácono.


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La comunidad cuenta con una veintena de hermanos y hermanas, postulantes y novicios. En su estilo de vida, se inspira en san Francisco de Asís: sencillez evangélica y abandono a la Providencia. La vida de la comunidad está centrada en el Cristo Eucarístico celebrado en el sacrificio de la misa y adorado en el Santísimo Sacramento. La Fraternidad ofrece también a los jóvenes la posibilidad de vivir un año de reflexión, de servicio y de oración después de su formación profesional. Asimismo, recibe a numerosos jóvenes presa de problemas de droga, alcohol o depresión, a fin de permitirles vivir un tiempo de reconstrucción personal.


Además de ser el moderador de la Fraternidad, el padre Nicolas anima al Grupo Dorothée y Nicolas de Flüe y da regularmente conferencias. El padre Buttet ha contribuido también, en gran parte, a la creación de un centro de estudios antropológicos, el Instituto Philanthropos, inaugurado en 2004. El cuerpo docente de dicho instituto, que procede de las más importantes universidades europeas, trabaja de forma voluntaria. En relación con éste, el padre Buttet ha participado en la Fundación Ecophilos, cuyo objetivo es echar una mirada de verdad a la persona humana en el trabajo. A todas estas realizaciones se agrega la publicación de tres volúmenes sobre el tema de la Eucaristía: Aimer et faire connaître lamour (Amar y dar a conocer el amor), en Ediciones De LEmmanuel, Brûlé au soleil de Dieu (Ardiendo al sol de Dios), en Ediciones Du Cerf, y LEucharistie à lécole des saints (La Eucaristía en la escuela de los santos), en Ediciones De LEmmanuel.

5 de julio de 2010

San Juan María Vianney y la Eucaristía

Decía: El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

Si querés conocer a este Santo un poco más, sus vida y lo que decía, te recomiendo este link
http://www.corazones.org/santos/juan_vianney.htm


Algunos párrafos de la Encíclica "Sacerdotii Nostri Primordia", que lo propone como modelo:

Hombre de penitencia, San Juan María Vianney había comprendido igualmente que «el sacerdote ante todo ha de ser hombre de oración». Todos conocen las largas noches de adoración que, siendo joven cura de una aldea, entonces poco cristiana, pasaba ante el Santísimo Sacramento.


El tabernáculo de su Iglesia se convirtió muy pronto en el foco de su vida personal y de su apostolado, de tal suerte que no sería posible recordar mejor la parroquia de Ars, en los tiempos del Santo, que con estas palabras de Pío XII sobre la parroquia cristiana: «El centro es la iglesia, y en la iglesia el tabernáculo, y a su lado el confesionario: allí las almas muertas retornan a la vida y las enfermas recobran la salud»

Escuchémoslo aún. Inagotable es cuando habla de las alegrías y de los beneficios de la oración. «El hombre es un pobre que tiene necesidad de pedirlo todo a Dios». «¡Cuántas almas podríamos convertir con nuestras oraciones!». Y repetía: «La oración, esa es la felicidad del hombre sobre la tierra». Felicidad ésta que el mismo gustaba abundantemente, mientras su mirada iluminada por la fe contemplaba los misterios divinos y, con la adoración del Verbo encarnado, elevaba su alma sencilla y pura hacia la Santísima Trinidad, objeto supremo de su amor. Y los peregrinos que llenaban la iglesia de Ars comprendían que el humilde sacerdote les manifestaba algo del secreto de su vida interior en aquella frecuente exclamación, que le era tan familiar: «Ser amado por Dios, estar unido a Dios, vivir en la presencia de Dios, vivir para Dios: ¡cuán hermosa vida, cuán bella muerte!»

La oración del Cura de Ars que pasó, digámoslo así, los últimos treinta años de su vida en su iglesia, donde le retenían sus innumerables, penitentes, era, sobre todo, una oración eucarística. Su devoción a nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del altar, era verdaderamente extraordinaria: «Allí está —decía— Aquel que tanto nos ama; ¿por qué no habremos de amarle nosotros?». Y ciertamente que él le amaba y se sentía irresistiblemente atraído hacia el Sagrario: «No es necesario hablar mucho para orar bien —así explicaba a sus parroquianos—. Sabemos que el buen Dios está allí, en el santo Tabernáculo: abrámosle el corazón, alegrémonos de su presencia. Esta es la mejor oración». En todo momento inculcaba él a los fieles el respeto y el amor a la divina presencia eucarística, invitándoles a acercarse con frecuencia a la santa mesa, y él mismo les daba ejemplo de esta tan profunda piedad: «Para convencerse de ello —refieren los testigos— bastaba verle celebrar la santa Misa, y verle cómo se arrodillaba cuando pasaba ante el Tabernáculo»

«El admirable ejemplo del Santo Cura de Ars conserva también hoy todo su valor», afirma Pío XII. En la vida de un sacerdote, nada puede sustituir a la oración silenciosa y prolongada ante el altar. La adoración de Jesús, nuestro Dios; la acción de gracias, la reparación por nuestras culpas y por las de los hombres, la súplica por tantas intenciones que le están encomendadas, elevan sucesivamente al sacerdote a un mayor amor hacia el Divino Maestro, al que se ha entregado, y hacia los hombres que esperan su ministerio sacerdotal. Con la práctica de este culto, iluminado y ferviente, a la Eucaristía, el sacerdote aumenta su vida espiritual, y así se reparan las energías misioneras de los apóstoles más valerosos.
Es preciso añadir el provecho que de ahí resulta para los fieles, testigos de esta piedad de sus sacerdotes y atraídos por su ejemplo. «Si queréis que los fieles oren con devoción —decía Pío XII al clero de Roma— dadles personalmente el primer ejemplo, en la iglesia, orando ante ellos. Un sacerdote arrodillado ante el tabernáculo, en actitud digna, en un profundo recogimiento, es para el pueblo ejemplo de edificación, una advertencia, una invitación para que el pueblo le imite». La oración fue, por excelencia, el arma apostólica del joven Cura de Ars. No dudemos de su eficacia en todo momento.
Mas no podemos olvidar que la oración eucarística, en el pleno significado de la palabra, es el Santo Sacrificio de la Misa.

Mas conviene mostrar en esta Encíclica el sentido profundo con que, el Santo Cura de Ars, heroicamente fiel a los deberes de su ministerio, mereció en verdad ser propuesto a los pastores de almas como ejemplo suyo, y ser proclamado su celestial Patrono. Porque si es cierto que el sacerdote ha recibido el carácter del Orden para servir al altar y si ha comenzado el ejercicio de su sacerdocio con el sacrificio eucarístico, éste no cesará, en todo el decurso de su vida, de ser la fuente de su actividad apostólica y de su personal santificación. Y tal fue precisamente el caso de San Juan María Vianney.

De hecho, ¿cuál es el apostolado del sacerdote, considerado en su acción esencial, sino el de realizar, doquier que vive la Iglesia, la reunión, en torno al altar, de un pueblo unido por la fe, regenerado y purificado? Precisamente entonces es cuando el sacerdote en virtud de los poderes que sólo él ha recibido, ofrece el divino sacrificio en el que Jesús mismo renueva la única inmolación realizada sobre el Calvario para la redención del mundo y para la glorificación de su Padre. Allí es donde reunidos ofrecen al Padre celestial la Víctima divina por medio del sacerdote y aprenden a inmolarse ellos mismos como «hostias vivas, santas, gratas a Dios». Allí es donde el pueblo de Dios, iluminado por la predicación de la fe, alimentado por el cuerpo de Cristo, encuentra su vida, su crecimiento y, sí es necesario, refuerza su unidad. Allí es, en una palabra, donde por generaciones y generaciones, en todas las tierras del mundo, se construye en la caridad el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.

Recomiendo a todos, pero especialmente a los sacerdotes, el texto completo de esta Encíclica:
http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_19590801_sacerdotii_sp.html

2 de julio de 2010

"QUIEN ADORA ENCUENTRA PAZ..." Frutos de la Adoración Eucarística y de la Adoración Perpetua



La adoración aporta ante todo llegar a la intimidad con el Señor y ahondar esa intimidad. Para ningún adorador Jesús es un extraño. La adoración permite vivir más intensamente, con mayor participación, las celebraciones eucarísticas.

Quien adora encuentra paz, una paz desconocida para el mundo. Son muchísimos los testimonios en ese sentido. Personas que nunca pisaron una iglesia y que de pronto por alguna circunstancia o porque el Señor las atrajo entraron a la capilla de adoración y encontraron la paz para ellos desconocida, la que sólo puede dar el Señor.

La capilla de adoración perpetua ofrece a todos una estación para detenerse en el camino frenético de la vida. Les ofrece un espacio para reflexionar y dejarse interpelar por la presencia del Dios que nos ha creado y que nos salva.

La capilla siempre disponible es espacio de encuentro y de reposo en el camino, porque allí está Aquél que nos ofrece la paz verdadera, no como la que nos ofrece el mundo.

Resulta asombroso ver cuántas personas anónimas pasan y se detienen en la silenciosa capilla en la que el Santísimo está siempre expuesto y transcurren un tiempo considerable, inmersas en su mundo interior. Muchas veces se trata de personas que vienen de lugares muy distantes, aún de no católicos, o invitadas por amigos. Muchas entran “porque sí, por azar” y se ven atraídas por el poder invisible e irresistible del Señor.

Otro beneficio que se da donde la adoración perpetua es establecida es el servicio de orientación espiritual y de confesiones.

La adoración eucarística en general, y la perpetua en particular, favorecen la participación del sacrificio eucarístico en la Misa en la medida en que la adoración significa permanencia con Aquel a quien se ha encontrado en la comunión sacramental.

Mediante la adoración perpetua se descubre y promueve la unidad en torno a Jesucristo Eucaristía al volverse los adoradores conscientes de formar parte de una fraternidad eucarística, de cada uno ser un eslabón de la cadena ininterrumpida de adoración.

Los frutos son incontables: de conversión, de salvación, de sanación de viejas heridas, de perdón, de reconciliación, nacimiento de muchísimas vocaciones a la vida religiosa o al matrimonio.

Ya Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia decía: “El culto a la Eucaristía fuera de la Misa es de inestimable valor en la vida de la Iglesia...Es bello quedarse con Él e inclinados sobre su pecho, como el discípulo predilecto, ser tocados por el amor infinito de su corazón... Hay una necesidad renovada de permanecer largo tiempo, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento”. Y agregaba: “¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y de ella he sacado fuerzas, consuelo, sostén!” (EE n.25).

Hoy, más que nunca, debemos recuperar todo el respeto y el amor hacia la Eucaristía y para ello empezar con tomar conciencia del infinito bien que se nos ha dado. El Magisterio de la Iglesia insiste en –como decía el Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre el año eucarístico 2004- recuperar el “estupor eucarístico”. La rutina de las celebraciones hace que se pierda ese estupor, ese asombro por el mayor don que Dios nos ha hecho luego de su Encarnación y consecuenta con ella y con su sacrificio redentor.


Este texto fue tomado del blog www.padrefabian.blogspot.com, donde podés encontrar más textos eucarísticos. Te lo recomiendo!

La Misa, señores... la Misa!!!


El Espíritu Santo me estaba revelando que la Iglesia católica, que tanto me aterrorizaba antes, era en realidad mi hogar y mi familia. Experimentaba un gozoso sentimiento de regreso a casa a medida que redescubría a mi padre, a mi madre y a mis hermanos y hermanas mayores.

*

Así que un día cometí una «fatal metedura de pata»: decidí que había llegado el momento de ir, yo solo, a una Misa católica. Tomé al fin la resolución de atravesar las puertas del Gesú, la parroquia de Marquette University. Poco antes de mediodía me deslicé silenciosamente hacia la cripta de la capilla para la misa diaria. No sabía con certeza lo que encontraría; quizá estaría sólo con un sacerdote y un par de viejas monjas. Me senté en un banco del fondo para observar.

*

De repente, numerosas personas empezaron a entrar desde las calles, gente normal y corriente. Entraban, hacían una genuflexión y se arrodillaban para rezar. Me impresionó su sencilla pero sincera devoción.

*

Sonó una campanilla, y un sacerdote caminó hacia el altar. Yo me quedé sentado, dudando aún de si debía arrodillarme o no. Como evangélico calvinista, me habían enseñado que la misa católica era el sacrilegio más grande que un hombre podía cometer: inmolar a Cristo otra vez. Así que no sabía qué hacer.

*

Observaba y escuchaba atentamente a medida que las lecturas, oraciones y respuestas -tan impregnadas en la Escritura- convertían la Biblia en algo vivo. Me venían ganas de interrumpir la misa para decir: «Mira, esa frase es de Isaías... El canto es de los Salmos ¡Caramba!, ahí tienen a otro profeta en esa plegaria.» Encontré muchos elementos de la antigua liturgia judía que yo había estudiado tan intensamente.

*

Entonces, de repente, comprendí que éste era el lugar de la Biblia. Éste era el ambiente en el cual esta preciosa herencia de familia debe ser leída, proclamada y explicada... Luego pasamos a la Liturgia Eucarística, donde todas mis afirmaciones sobre la alianza hallaban su lugar.

*

Hubiera querido interrumpir cada parte y gritar: «¡Eh!, ¿queréis que os explique lo que está pasando desde el punto de vista de la Escritura? ¡Esto es fantástico!» Pero en vez de eso, allí estaba yo sentado, languideciendo por un hambre sobrenatural del Pan de Vida. Tras pronunciar las palabras de la Consagración, el sacerdote mantuvo elevada la hostia. Entonces sentí que la última sombra de duda se había diluido en mí. Con todo mi corazón musité: «Señor mío y Dios mío. ¡Tú estás verdaderamente ahí! Y si eres Tú, entonces quiero tener plena comunión contigo. No quiero negarte nada.»

***

(Scott Hahn, católico, ex presbiteriano, cuenta su experiencia de conversión en "Roma, Dulce Hogar". De allí hemos tomado estos párrafos).

Eucaristía y Espíritu Santo

El Hijo de Dios comienza su andadura humana concebido por el Espíritu Santo en el seno de María Virgen. La continúa proclamando el reino, con la fuerza del Espíritu y sus carismas: “El reino de Dios está cerca; convertios y creed el evangelio” (Mc 1,15). La consume ofreciéndose en la cruz movido y sostenido por “el Espíritu eterno” (Hb 9,14). Y la corona, resucitado, lleno de poder y gloria, derramando su Espíritu sobre la Iglesia y el mundo (Pentecostés). En la encarnación el Espíritu nos da Jesús. En la resurrección Jesús nos da el Espíritu.

La eucaristía perpetúa y condensa la obra de Dios entre nosotros. Todo comienza con una nueva forma de la encarnación: el Hijo de Dios viene de nuevo a nosotros cuando el pan y el vino se convierten en su presencia real. En cierto momento de la misa se invoca al Espíritu Santo sobre el pan y vino (epíclesis): “Santifica estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros cuerpo y sangre de Jesucristo, nuestro Señor”.

Luego vienen las palabras de la consagración. El sacerdote presta su voz a Cristo, que dice: “Esto es mi cuerpo...”Y el Espíritu Santo, que formó el cuerpo de Cristo en el seno de María; el Espíritu que en el sepulcro comunicó la vida de Dios al cuerpo inerte de Jesús, actúa ahora sobre el pan y el vino y los transforma en cuerpo y sangre del divino Redentor. Ya lo había anunciado Jesús en su sermón sobre la eucaristía: “El Espíritu es el que da la vida” (Jn 6,63). Como en la encarnación, así en la consagración el Espíritu nos da Jesús. Y como en Pentecostés, así en la comunión, junto con su cuerpo y sangre, Jesús nos da el Espíritu Santo.

Juan Pablo II: “Por la comunión de su cuerpo y su sangre, Cristo nos comunica también su Espíritu.
Escribe san Efrén: Llamó al pan su cuerpo viviente, lo llenó de sí mismo y de su Espíritu, y quien lo come con fe come Fuego y Espíritu... La Iglesia pide este Don divino, raíz de todos los otros dones, en la epíclesis eucarística” (Ecclesia de eucharistia N.17)

El cuerpo místico fruto del Espíritu y la eucaristía

La eucaristía fue instituida por Cristo para sellar y alimentar la más estrecha comunión entre sus discípulos. En una nueva epíclesis sobre el pueblo, antes de la comunión se ora: “Fortalecidos con el cuerpo y la sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Que él nos transforme en ofrenda permanente...”

“Todos nosotros fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo” (1Co 12,12s). En el bautismo el Espíritu Santo nos hizo miembros vivos del cuerpo místico de Cristo. Al recibir el cuerpo eucarístico del Señor, el Espíritu Santo nos va fusionando con Cristo en su cuerpo místico: “Puesto que sólo hay un pan, todos los que participamos del mismo pan formamos un solo cuerpo” (1Co 10,17)

Recomiendo vívamente la lectura del texto completo:
http://www.scribd.com/doc/9704559/EucaristIa-e-IntercesiOn-p-Marcelino-Iragui

Codigo de Derecho Canónico

TÍTULO III.
DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

Canon 897.

El sacramento más augusto, en el que se contiene, se ofrece y se recibe al mismo Cristo Nuestro Señor, es la santísima Eucaristía, por la que la Iglesia vive y crece continuamente. El Sacrificio eucarístico, memorial de la muerte y resurrección del Señor, en el cual se perpetúa a lo largo de los siglos el Sacrificio de la cruz, es el culmen y la fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana, por el que se significa y realiza la unidad del pueblo de Dios y se lleva a término la edificación del cuerpo de Cristo. Así pues los demás sacramentos y todas las obras eclesiásticas de apostolado se unen estrechamente a la santísima Eucaristía y a ella se ordenan.

Canon 898.

Tributen los fieles la máxima veneración a la santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del Sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente y con mucha devoción, y dándole culto con suma adoración; los pastores de almas, al exponer la doctrina sobre este sacramento, inculquen diligentemente a los fieles esta obligación.


CAPÍTULO I.
DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

Canon 899.

1. La celebración eucarística es una acción del mismo Cristo y de la Iglesia, en la cual Cristo Nuestro Señor, substancialmente presente bajo las especies del pan y del vino, por el ministerio del sacerdote, se ofrece a sí mismo a Dios Padre, y se da como alimento espiritual a los fieles unidos a su oblación.

2. En la Asamblea eucarística, presidida por el Obispo, o por un presbítero bajo su autoridad, que actúan personificando a Cristo, el pueblo de Dios se reúne en unidad, y todos los fieles que asisten, tanto clérigos como laicos, concurren tomando parte activa, cada uno según su modo propio, de acuerdo con la diversidad de órdenes y de funciones litúrgicas.

3. Ha de disponerse la celebración eucarística de manera que todos los que participen en ella perciban frutos abundantes, para cuya obtención Cristo Nuestro Señor instituyó el Sacrificio eucarístico.


Canon 917.

Quien ya ha recibido la santísima Eucaristía, puede recibirla otra vez el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe, quedando a salvo lo que prescribe el canon 921.2.


para más info pueden dirigirse a

http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/cdc.l4p1t3.html#

Oh Divina Eucaristía - Jesús Eucarístico está entre nosotros

Cuando San Juan Vianney llegó a la villita insignificante de Ars, alguien le dijo con amargura: "¡Aquí no hay nada que hacer!", y el Santo le replicó: "Por lo tanto, hay mucho por hacer."

E inmediatamente comenzó a actuar. ¿Qué fué lo que hizo? Se levantaba a las 2:00 de la mañana e iba a orar cerca del altar en la Iglesia obscura. Recitaba el Oficio Divino, hacía su meditación y se preparaba para la Santa Misa. Después del Santo Sacrificio de la Misa, hacía su Acción de Gracias y permanecía en oración hasta el mediodía. Siempre permanecía en oracíon arrodillado en el piso sin soporte alguno, con el Rosario entre sus dedos y sus ojos fijos en el Tabernáculo.

Las cosas siguieron así por un corto tiempo.

Pero entonces ... tuvo que empezar a cambiar su horario; y las cosas llegaron a tal punto, que se requirió un cambio completo en su programa. Jesús Eucarístico y la Santísima Virgen María, atrajeron poco a poco almas a esa pobre parroquia, hasta el punto de que la Iglesia no parecia bastante grande para contener la multitud, y el Confesionario del Santo Curato se vió inundado con hileras interminables de penitentes. El santo cura se vió obligado a escuchar confesiones por 10, 15 y hasta 18 horas diarias. ¿Cómo fue que se logro tal transformación? Esta habia sido una Iglesia pobre, con un altar sin usarse por mucho tiempo, un Tabernáculo vacío, un confesionario anticuado, y un sacerdote de poco talento, sin medios para hacer nada. ¿Como pudieron estas cosas sufrir un cambio tan asombroso en esa villita obscura?

Podemos hacer la misma pregunta estos días, refiriéndonos a San Juan Rotundo (Giovanni Rotondo), un pueblo en Gargano, Italia. Hasta hace unas pocas décadas, era un lugar obscuro, ignorado entre los despeñaderos escabrosos de un promontorio. Hoy día, San Giovanni Rotondo es un centro de vida espiritual y cultural, y su reputación es internacional. Tambien aquí hubo un fraile emfermizo y poco prometedor, un Convento antiguo y malgastado, una Iglesia descuidada y un Tabernáculo siempre abandonado en el que este pobre fraile se acababa entre sus dedos las cuentas del Rosario, en una recitacion incansable.

¿Cómo se realizó el cambio? ¿Qué fué lo que causó la maravillosa transformación que vino a Ars y a San Giovanni Rotondo, al grado que cientos de miles y quiza millones de personas, han ido ahí de todas partes del mundo?

Sólo Dios pudo lograr tales transformaciones, usando según Su manera, "y aun lo que no es, para destruir lo que es." (1 Cor. 1:28) Todo se debe a El, al poder divino e infinito de la Eucaristía, a la gran fuerza de atracción que irradia de todo Tabernáculo, y que irradió de los Tabernáculos de Ars y San Giovanni Rotondo, y que tocó a las almas por medio del ministerio de esos dos sacerdotes, verdaderos "Ministros del Tabernáculo y Distribuidores de los misterios de Dios." (1 Cor. 4:1)

Preguntemos: ¿Qué es la Eucaristía? Es Dios entre nosotros. Es Nuestro Señor Jesucristo presente en los Tabernáculos de nuestras Iglesias, con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Es Jesús oculto bajo las especies de pan, pero real y físicamente presente en la Hostia consagrada, de modo que El vive en medio de nosotros, trabaja en nosotros y para nosotros y está a nuestra disposición. Jesús Eucarístico es el verdadero Emmanuel, "Dios con nosotros." (Mateo 1:23)
"La Fe de la Iglesia nos dice el Papa Pío XII es ésta: Que es Uno y el mismo, el Verbo de Dios y el Hijo de María, quien sufrió en la Cruz, quien está presente en la Eucaristía, y quien reina en el Cielo."

Jesús Eucarístico está aquí, con nosotros, como un hermano, como un amigo, como el esposo de nuestras almas. El desea venir a nosotros, ser nuestro alimento para la vida eterna, nuestro amor, nuestro sosten. El quiere hacernos parte de su Cuerpo Místico en el que El nos pueda redimir y salvar, y así, llevarnos al Reino de los Cielos para hacernos partícipes de la felicidad eterna de amor.
Con la Eucaristía, Dios hos ha dado verdaderamente todo. San Agustín exclamó: "Aún cuando Dios es Todopoderoso, es incapaz de dar más; aún cuando es Sabiduría Suprema, no sabe cómo dar más; aun cuando es inmensamente rico, no tiene más que dar."

A la Eucaristía entonces debemos ir. A Jesús debemos volver; a Jesús, quien desea darse a nosotros a fin de hacernos suyos convirtiéndonos "como Dioses." "Jesús, Alimento de las almas fuertes, - decía Sta. Gemma Galgani, - fortaléceme, purifícame, hazme como Dios." Recibamos la Eucaristía con un corazón puro y ardiente. Así es como lo han hecho los Santos. No debiera ser muy difícil para nosotros familiarizarnos con este misterio inefable. El estudio, meditación y reflección sobre la Eucaristía, debe ocupar un lugar muy importante en nuestro programa diario. Será el momento más rico en bendiciones en nuestro día.

Conocer, amar, vivir la Eucaristía...

El texto completo lo podemos leer en:
http://www.fatima.org/span/prayer/intro.asp

Panis Angelicus / Pan de los angeles

video

Latín:

Panis angelicus
fit panis hominum;
Dat panis coelicus
figuris terminum:
O res mirabilis!
manducat Dominum
Pauper, servus, et humilis.
Te trina Deitas
unaque poscimus:
Sic nos tu visita,
sicut te colimus;
Per tuas semitas
duc nos quo tendimus,
Ad lucem quam inhabitas.
Amen.

Español:

Pan de los Angeles,
se convierte en pan de los hombres;
El Pan del cielo
termina con todas las prefiguraciones:
¡Oh cosa admirable!
Consume a tu Señor
el pobre,siervo y humilde.
Rogamos a Ti,
Dios, Uno en Tres,
Que así vengas a nosotros,
como a ti te damos culto.
Por tus caminos
guíanos adonde anhelamos,
a la luz en la que moras.
Amén.

Algunos santos de este mes y su amor a Jesús Eucaristía

San Antonio María Zaccaria, sacerdote y fundador (5 de Julio)

San Antonio María sentía un gran cariño por la Sagrada Eucaristía, donde está Cristo presente en la Santa Hostia, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Por eso propagó por todas partes la devoción de las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Sma. Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.

Otra de sus grandes devociones era la pasión y muerte de Cristo. Cada viernes, a las tres de la tarde hacía sonar las campanas, para recordar a la gente que a esa hora había muerto Nuestro Señor. Siempre llevaba una imagen de Jesús crucificado, y se esmeraba por hacer que sus oyentes meditaran en los sufrimientos de Jesús en su Pasión y Muerte, porque esto aumenta mucho el amor hacia el Redentor. Y una tercera devoción que lo acompaño en sus años de sacerdocio fue un enorme entusiasmo por las Cartas de San Pablo. Su lectura lo emocionaba hasta el extremo, y de ellas predicaba, y a sus discípulos les insistía en que leyeran tan preciosas cartas frecuentemente, y que meditaran en sus importantísimas enseñanzas. A él le sucedió lo que le ha pasado a miles y millones de creyentes en el mundo entero, que al leer las Cartas de San Pablo han descubierto en ellas unos mensajes celestiales tan interesantes que quedan entusiasmados para siempre por su lectura y meditación.

los que quieran saber más de la vida de este santo pueden ir a
http://www.ewtn.com/spanish/saints/Antonio_Mar%C3%ADa_Zaccaria.htm

Santa María Goretti, adolescente mártir por conservar la castidad (6 de Julio)

Amor intenso al Señor

María desde muy chica anhelaba recibir la Sagrada Eucaristía. Según era costumbre en la época, debía esperar hasta los once años, pero un día le preguntó a su madre:
-Mamá, ¿cuándo tomaré la Comunión?. Quiero a Jesús.
-¿Cómo vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo, y no tenemos ni un momento libre.
-¡Pues nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús!
-Y, ¿qué quieres que haga? No puedo dejar que vayas a comulgar como una pequeña ignorante.

Ante estas condiciones, María se comenzó a preparar con la ayuda de una persona del lugar, y todo el pueblo la ayuda proporcionándole ropa de comunión. De esta manera, recibió la Eucaristía el 29 de mayo de 1902.
La comunión constante acrecienta en ella el amor por la pureza y la anima a tomar la resolución de conservar esa angélica virtud a toda costa. Un día, tras haber oído un intercambio de frases deshonestas entre un muchacho y una de sus compañeras, le dice con indignación a su madre: -Mamá, iqué mal habla esa niña! -Procura no tomar parte nunca en esas conversaciones. -No quiero ni pensarlo, mamá; antes que hacerlo, preferiría...Y la palabra morir queda entre sus labios. Un mes después, sucedería lo que ella sentenció.


Si querés saber más de su vida, podes leer en http://www.aciprensa.com/testigosdefe/goretti.htm

Veronica Giuliani, abadesa (9 de Julio)

El encuentro con Jesús Eucarístico: la primera Comunión

Cuando el padre de Orsola se trasladó a Piacenza, en calidad de jefe de aduanas del duque de Parma, fueron a vivir con él también sus hijas y, de 1669 a 1672, permanecieron por tres años en aquella ciudad.
Orsola tenía entonces sólo nueve años. Su más grande deseo era recibir a Jesús en la santa Comunión.
El Señor la atraía con gracias especiales. Ya de pequeña, cuando por primera vez, hacia los dos años, su mamá la llevó a la iglesia para tomar parte en la Misa, la niña había gozado de una extraordinaria manifestación, que recuerda en estos términos: "Yo vi al niño Jesús y traté de correr hacia el sacerdote, pero nuestra madre me detuvo".

Cada vez que su madre o sus hermanas comulgaban, ella gustaba de ponerse junto a ellas, y dice que le "parecían entonces más bellas de rostro".

Finalmente el 2 de febrero de 1670 se acercó por vez primera al banquete Eucarístico. Refiere: "Recuerdo que la noche antes no pude dormir ni un momento. A cada instante pensaba que el Señor iba a venir a mí. Y pensaba qué le iba a pedir cuando viniese, qué le iba a ofrecer. Hice el propósito de hacerte -el don de toda mí misma; de pedirle su santo amor, para amarle y para hacer su voluntad divina.

Cuando fui a comulgar por primera vez, paréceme que en aquel momento quedé fuera de mí. Paréceme recordar que, al tomar la sagrada Hostia, sentí un calor tan grande que me encendió toda. Especialmente en el corazón sentía como quemárseme y no volvía en mí misma ."

Más info de su vida en http://www.corazones.org/santos/veronica_giuliani.htm

San Benito, abad, patrón de Europa y patriarca del monasticismo(11 de Julio)

San Benito ha legado a las futuras generaciones dos tesoros vivos, ambos testigos de una misma realidad: la experiencia de Dios. Un primer legado es la forma de vida practicada por él, puesta por escrito en su Regla monástica, que ha sido un camino de santidad para miles de monjes y monjas. Su segundo legado, unido al anterior, es la espiritualidad, esto es, el ejercicio de virtudes y la concreción de la vida según el Espíritu de Dios.

El espacio privilegiado de búsqueda y encuentro con Dios, lo tiene el monje, como todo cristiano, en la liturgia, que en el monasterio se celebra diariamente en siete momentos, resaltando la Eucaristía, que es el centro de la vida de oración del monje.

hablando de él, Benedicto XVI nos dijo:

“He querido llamarme Benedicto XVI. Este nombre evoca la extraordinaria figura del gran "patriarca del monacato occidental", san Benito de Nursia. La progresiva expansión de la orden benedictina, por él fundada, ejerció un influjo inmenso en la difusión del cristianismo en todo el continente… y constituye un punto de referencia fundamental para la unidad de Europa y un fuerte recuerdo de las irrenunciables raíces cristianas de su cultura y de su civilización. De él conocemos la recomendación que hizo a los monjes en su Regla: «No antepongáis absolutamente nada a Cristo». Al inicio de mi servicio como Sucesor de Pedro pido a san Benito que nos ayude a mantener firmemente a Cristo en el centro de nuestra existencia. Que él ocupe siempre el primer lugar en nuestros pensamientos y en todas nuestras actividades.”

Benedicto XVI, primera audiencia general, 27 de abril de 2005


para mas info...
http://members.fortunecity.es/monaterio/Pagina_nueva4.htm

Teresa de los Andes, religiosa (13 de Julio)

Muy niña aún, entabla con el Padre Capellán este diálogo encantador:
- Padrecito, vámonos al cielo.
- Bien, vamos. Pero, ¿dónde está el cielo?
- Allá, en los Andes. Mírelos qué altos son, que tocan al cielo.
Está bien, hijita. Pero fíjate: cuando hayamos trepado esos montes, el cielo estará mucho más arriba. No; ése no es el camino del cielo. ¿Sabes dónde está el verdadero camino del Cielo? En el Sagrario, donde está Jesús.

mas info en
http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=910

De los escritos espirituales de Santa Teresa de Jesús (Diario y cartas, Los Andes, 1983, 373, 359, 376)

Sólo Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar. Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma. Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde El pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor. Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que El viva en mí. 
¿Hay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté? Sabiduría, para la cual no hay nada secreto; poder, para el cual nada existe imposible; justicia, que lo hace encarnarse para satisfacer por el pecado; providencia, que siempre vela y sostiene; misericordia, que jamás deja de perdonar; bondad, que olvida las ofensas de sus criaturas; amor, que reune todas las ternuras de una madre, del hermano, del esposo y que haciendolo salir del abismo de su grandeza, lo liga estrechamente a sus criaturas; belleza que extasía…¿Qué otra cosa imaginas que no esté en este Hombre-Dios?
 Temes acaso que el abismo de la grandeza de Dios y el de tu nada jamás podrán unirse? Existe en El el amor; y esta pasión lo hizo encarnarse para que viendo un Hombre-Dios, no temieran acercarse a Él. Esta pasión hízolo convertirse en pan, para poder asimilar y hacer desaparecer nuestra nada en su Ser infinito. Esta pasión le hizo dar su vida, muriendo muerte de cruz.
¿Temes acercarte a El? Míralo rodeado por los niños. Los acaricia, los estrecha contra su corazón. Míralo en medio de su rebaño fiel, cargando sobre sus hombros a la oveja infiel. Míralo sobre la tumba de Lázaro. Y oye lo que dice a Magdalena: Mucho se le ha perdonado porque ha amado mucho. ¿Qué descubres en estos rasgos del Evangelio, sino un corazón bueno, dulce, tierno, compasivo, un corazón, en fin, de un Dios? 
Él es mi riqueza infinita, mi beatitud, mi cielo.

mas info en
http://www.ewtn.com/spanish/saints/teresa_de_los_andes.htm

Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia (15 de Julio)

Oración de San Buenaventura

Traspasa, dulcísimo Jesús y Señor mío, la médula de mi alma con el suavisísimo 
y saludabilísimo dardo de tu amor; con la verdadera, pura y santísima caridad
 apostólica, a fin de que mi alma desfallezca y se derrita siempre sólo en amarte 
y en deseo de poseerte: que por Ti suspire, y desfallezca por hallarse en los 
atrios de tu Casa; anhele ser desligado del cuerpo para unirse contigo.
Haz que mi alma tenga hambre de Ti, Pan de los Ángeles, alimento de las almas 
santas, Pan nuestro de cada día, lleno de fuerza, de toda dulzura y sabor, y de 
todo suave deleite.
Oh Jesús, en quien se desean mirar los Ángeles: tenga siempre mi corazón 
hambre de Ti, y el interior de mi alma rebose con la dulzura de tu sabor; 
tenga siempre sed de Ti, fuente de vida, manantial de sabiduría y de ciencia,
 río de luz eterna, torrente de delicias, abundancia de la Casa de Dios: que te 
desee, te busque, te halle; que a Ti vaya y a Ti llegue; en Ti piense, de Ti hable,
y todas mis acciones encamine a honra y gloria de tu nombre, con humildad y 
discreción, con amor y deleite, con facilidad y afecto, con perseverancia hasta
el fin; para que Tú solo seas siempre mi esperanza, toda mi confianza, mi riqueza
, mi deleite, mi contento, mi gozo, mi descanso y mi tranquilidad, mi paz, 
mi suavidad, mi perfume, mi dulzura, mi comida, mi alimento, mi refugio, mi 
auxilio, mi sabiduría, mi herencia, mi posesión, mi tesoro, en el cual esté siempre 
fija y firme e inconmoviblemente arraigada mi alma y mi corazón.
Amén.

extraído de
http://www.ewtn.com/SPANISH/prayers/Santa%20Misa/orac_misa_SanBuenaventura.htm


Nuestra Señora del Carmen, 16 de Julio

Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.

En las palabras de Benedicto XVI, 15,VII,06:
"El Carmelo, alto promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein). Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí [Valle de Aosta]. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración.

Para aquellos que quieran información sobre el escapulario, su significado, la promesa... etc, les recomiendo este link
http://www.aciprensa.com/Maria/nsrcarmen/escapulario.htm

Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia (30 de Julio)

Tanta altura y piedad tuvo su predicación que mereció el apelativo de crisólogo: palabra de oro.

Recomendaba mucho la comunión frecuente y exhortaba a sus oyentes a convertir la Sagrada Eucaristía en su alimento de todas las semanas.

Afirmó que Cristo «es el pan, que sembrado en la Virgen, leudado en la carne, amasado en la pasión, cocido en el horno del sepulcro, conservado en la Iglesia, llevado a los altares, suministra cada día a los fieles un alimento celeste».

recomiendo uno de sus sermones, se puede leer en:
http://www.corazones.org/espiritualidad/espiritualidad/oracion_ayuno_miseric.htm

Si querés saber más sobre su vida, podés ir a:
http://www.corazones.org/santos/pedro_crisologo.htm

San Ignacio de Loyola, presbítero, fundador de la Compañía de Jesús (31 de Julio)

"...Preparando el altar, y después de revestirme, y durante la Misa, movimientos internos muy intensos y muchas e intensas lágrimas y llanto, con frecuente pérdida del habla, y también al final de la Misa, y por largos períodos durante la misa, en la preparación y después, la clara visión de nuestra Señora, muy propicia ante el Padre, hasta tal grado, que las oraciones al Padre y al Hijo y en la consagración, no podía sino sentir y verla, como si fuera parte o la puerta, para toda la gracia que sentía en mi corazón. En la consagración de la Misa, ella me enseñó que su carne estaba en la de su Hijo, con tanta luz que no puedo escribir sobre ello. No tuve duda de la primera oblación ya hecha"

extraído de “la misa segun los santos”
http://www.corazones.org/sacramentos/eucaristia/santos_misa.htm


Oración de San Ignacio a la Sagrada Eucaristía

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos.

Amén






Si Alguien quiere mas info de los santos del mes...
http://es.catholic.net/santoral/mes.php?mes=7

1 de julio de 2010

Entrevista a Benidicto XVI, hecha por sacerdotes de todo el mundo

P. – Santo Padre, soy don Atsushi Yamashita y vengo desde Asia, precisamente desde Japón. El modelo de sacerdote que Su Santidad nos ha propuesto este Año, el Cura de Ars, ve en el centro de la existencia y del ministerio la Eucaristía, la Penitencia sacramental y personal y el amor al culto, dignamente celebrado. He visto los signos de la austera pobreza de san Juan María Vianney y también de su pasión por las cosas preciosas para el culto. ¿Cómo vivir estas dimensiones fundamentales de nuestra existencia sacerdotal, sin caer en el clericalismo o en una alienación de la realidad, que el mundo de hoy no permite?

R. – Gracias. Por tanto, la pregunta es cómo vivir la centralidad de la Eucaristía sin perderse en una vida puramente cultual, ajenos a la vida de cada día de las demás personas. Sabemos que el clericalismo es una tentación de los sacerdotes en todos los siglos, también hoy; tanto más importante es encontrar la forma verdadera de vivir la Eucaristía, que no es cerrarse al mundo, sino precisamente la apertura a las necesidades del mundo. Debemos tener presente que en la Eucaristía se realiza este gran drama de Dios que sale de sí mismo, deja – como dice la Carta a los Filipenses – su propia gloria, sale y desciende hasta ser uno de nosotros, y desciende hasta la muerte en la Cruz (cfr Fil 2). La aventura del amor de Dios, que deja, se abandona a sí mismo para estar con nosotros – esto se hace presente en la Eucaristía; el gran acto, la gran aventura del amor de Dios y la humildad de Dios que se dona a nosotros. En este sentido la Eucaristía debe considerarse como el entrar en este camino de Dios. San Agustín dice, en el De Civitate Dei, libro X: "Hoc est sacrificium Christianorum: multi unum corpus in Christo", es decir: el sacrificio de los cristianos es el estar unidos por el amor de Cristo en la unidad del único cuerpo de Cristo.

El sacrificio consiste precisamente en salir de nosotros, en dejarnos atraer a la comunión del único pan, del único Cuerpo, y así entrar en la gran aventura del amor de Dios. Así debemos intentar celebrar, vivir, meditar siempre la Eucaristía, como esta escuela de liberación de mi “yo”: entrar en el único pan, que es pan de todos, que nos une en el único Cuerpo de Cristo. Y por tanto, la Eucaristía es, de por sí, un acto de amor, nos obliga a esta realidad del amor por los demás: que el sacrificio de Cristo es la comunión de todos en su Cuerpo. Y por tanto, de esta forma, debemos aprender la Eucaristía, que es además lo contrario del clericalismo, de cerrarse en sí mismos. Pensemos también en la Madre Teresa, verdaderamente el ejemplo más grande de este siglo, en este tiempo, de un amor que se deja a sí mismo, que deja todo tipo de clericalismo, de alejamiento del mundo, que va a los más marginados, a los más pobres, a las personas a punto de morir, y que se da totalmente al amor por los pobres, por los marginados. Pero Madre Teresa que nos dio este ejemplo, la comunidad que sigue sus huellas suponía siempre como primera condición de una fundación suya la presencia de un tabernáculo. Sin la presencia del amor de Dios que se da no sería posible realizar ese apostolado, no habría sido posible vivir en ese abandono de sí mismos; sólo insertándose en este abandono de sí en Dios, en esta aventura de Dios, en esta humildad de Dios, podían y pueden llevar a cabo este gran acto de amor, esta apertura a todos. En este sentido, diría: vivir la Eucaristía en su sentido original, en su verdadera profundidad, es una escuela de vida, es la protección más segura contra toda forma de clericalismo.