18 de octubre de 2010

Amar a Jesús con el corazón de María


Mes del Rosario

Estamos invitados a dejarnos guiar por María en esta oración antigua y siempre nueva, muy apreciada por ella porque nos conduce directamente a Jesús. (Benedicto XVI, Ángelus 11/10/2010)

Meditaciones del Rosario de la Madre Teresa de Calcuta

PRIMER MISTERIO GOZOSO

LA ANUNCIACION DE LA BUENA NUEVA DE LA SALVACION
“La voluntad de Dios es que sean santos" (1 Ts. 4, 3)


LA ALEGRIA DE DECIRLE SI A DIOS
"Hágase en mí según tu Palabra" (Lc. 1, 38).

En este misterio nos unimos a la obediencia de María a la Palabra de Dios, y a su disponibilidad interior de abandono en aceptar que se hiciera en ella la voluntad de Dios.
"Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican " (Lc 11, 28).
Pidámosle a Dios que podamos tener en nuestra vida personal la misma disponibilidad con que María aceptó Su voluntad, que le permitió a ella cooperar con la gracia en cada momento de su vida, aunque no siempre entendió lo que Dios estaba haciendo en ella, ni cómo, ni porqué.
Cada “Avemaría” de este misterio expresa y aumenta nuestro deseo de decirle ‘si’ a Dios en todo lo que El quiere que hagamos y seamos. "Dichosos los que guardan sus mandamientos y buscan a Dios de todo corazón". (Sal 119, 2)
Lo que Dios quiere es que seamos santos y felices, porque la santidad y la felicidad van juntas. Todo lo que El quiere para nosotros en esta vida tiene por objeto nuestra felicidad eterna y nuestra amistad con El ahora y en la eternidad.
Cada 'Avemaría' que rezamos en este misterio es nuestro ‘fiat’ con el cual, como María, le decimos SI a Dios: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38).
La santidad es sencillamente el deseo de complacer a Jesús.
El ‘si’ de María nos dio la Sagrada Eucaristía porque el cuerpo de Jesús se formó del Inmaculado Corazón de Su madre, de cuya carne tomó Jesús la carne que nos da en el Santísimo Sacramento.
"La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros” (Mt 1,23) Hoy nos alegramos como en el día de la Anunciación, porque Jesús escogió el nombre de ‘Emmanuel' por su infinito deseo de permanecer siempre con nosotros en el Santísimo Sacramento como prueba absoluta de Su amor eterno y constante benevolencia hacia cada uno de nosotros.

SEGUNDO MISTERIO GOZOSO

LA VISITACION DE JESUS Y MARIA
“Gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente” (Lc 1, 78).

LA ALEGR1A DE CONFIAR EN DIOS
“Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado por parte del Señor” (Lc.1, 45).

En la visitación Isabel llamó a María “feliz” por su perfecta confianza en Dios. "Feliz de ti por haber creído" (Lc. 1, 45). La perfecta confianza no se basa en confiar en nosotros mismos, sino en las Infinitas Perfecciones de Dios: Su infinita misericordia, Su infinita justicia, Su infinita bondad, Su compasión infinita, Su poder infinito Su amor infinito. "Demos gracias a Dios, porque es bueno, porque es eterno Su amor'' (Salmo118, 1).
María fue a visitar a Isabel cuando ésta la necesitaba, y así ahora Ella se acerca a nosotros con su Divino Hijo, en el Santísimo Sacramento. En todas nuestras necesidades, grandes o pequeñas, El nos dice: "Coma la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano” (Jr 18, 6). "Reconozcan que yo soy Dios" (Sal 46, 11).

Jesús te ama infinitamente más de lo que puedes pensar, imaginarte o desear; y puede hacer por ti infinitamente más de lo que te atreverías a pedir. "Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús” (Flp. 4, 19).
La alegría del Misterio de la Visitación es saber que "gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios" (Lc 1, 78) Él sigue visitándonos en la Sagrada Eucaristía y quiere que vengamos a Él con confianza. “Nos atrevemos a acercarnos a Dios con toda confianza, mediante la fe en él” (Ef. 3, 12).
Dios quiere que tengamos confianza total en Su misericordia que no se acaba nunca.
Jesús nos visita hoy en el Santísimo Sacramento para darnos confianza total en la sabiduría de Su voluntad.
Mientras más confiamos en Jesús, más lo complacemos.
Así como Juan Bautista reconoció a Jesús oculto en el seno de María, que fue el primer Sagrario del Señor, así nosotros lo reconocemos oculto en el Santísimo Sacramento que es “El misterio de nuestra fe”. Isabel fue llena del Espíritu Santo y Juan Bautista saltó de gozo en Su santa presencia, porque Él derrama Su Espíritu sobren nosotros en este sacramento de amor infinito.
El Señor es tan humilde que se deleita con nuestra presencia. Nos ama tanto que recibe nuestra visita como si fuera un honor que le hacemos. ¡Qué humilde es Dios! ¡Qué fácil es amar a Jesús! “Mi dicha es estar cerca de Dios: yo he puesto mi refugio en ti, Señor” (Salmo 73, 28)
La Eucaristía es "el trono de gracia" donde Jesús nos pide que pongamos todas nuestras preocupaciones y ansiedades. Su Corazón Eucarístico está lleno de ardiente amor por nosotros. Podemos ser felices como María, si tenemos confianza perfecta en El, quien nos dice: “Todo es posible para el que cree.” (Mc 9, 23)

TERCER MISTERIO GOZOSO

EL NACIMIENTO DE JESUS EN BELEN
“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

LA ALEGRÍA DE ADORAR A JESUS
"Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador" (Lc. 1, 47).

La Sagrada Eucaristía es la prolongación de la Encarnación de Cristo en la tierra, y gracias a este misterio podemos sentir la alegría de la navidad todos los días.
Cuando venimos al Santísimo Sacramento, venimos a Belén, cuyo nombre significa "casa de pan".
Jesús quiso nacer en Belén porque quería quedarse para siempre con nosotros como el "Pan Vivo" (Jn 6, 51) bajado del cielo.
Es un gran privilegio el ser llamados para adorar a Jesús aquí donde se prolonga Su Encarnación, como lo adoraron María, José, los pastores y los magos en Belén.
Jesús nos ama con todo Su Corazón y en la Eucaristía expresa este amor infinito, totalmente desinteresado y perfecto por el hombre.
De nuevo la Palabra se hace carne y habita entre nosotros, velada bajo las especies de la Sagrada Hostia, en la que el mismo Jesús, que nació hace dos mil años como un tierno niño en Belén, se hace presente a nosotros, real y verdaderamente, con Su cuerpo, sangre, alma y divinidad en el Santísimo Sacramento.
Pidámosle a Dios que nos de pobreza de espíritu como la de María, a quien no le importo la pobreza material ni las humillantes circunstancias del nacimiento de su divino Hijo. Tampoco le importó el rechazo del mundo porque ello encontró toda su riqueza en el Amor Divino y todos sus tesoros en la presencia real de Jesús. "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti… El Señor es la parte de mi herencia… Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado… Por eso mi corazón se alegra…” (Sal 16).

¡Esto es vivir las bienaventuranzas, esto es la alegría de la adoración a Cristo!
La historia de amor más grande que ha existido está en la Hostia Santa. En ella contemplamos la gloria del Señor en lo más profundo de Su humildad.
Aquí Dios, que creó el mundo entero, y a quien el mundo no puede contener, se contiene a Sí mismo en el Santísimo Sacramento por amor a nosotros.
En el Santísimo Sacramento Jesús se hace pobre “despojándose de Sí mismo " (Flp 2, 7), de Su gloria y majestad para hacernos ricos con la abundancia de Su gracia, "transformándonos en esa misma imagen, cada vez más gloriosos " (2 Co 3, 18)

La Eucaristía es el amor divino hecho visible en la Sagrada Hostia.
Por eso los ángeles cantan hoy aquí lo mismo que en Belén: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él” (Lc. 2, 14)
Venid adorémosle, porque aquí Jesús continúa viniendo a nosotros "lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1, 14).
Él es la Palabra que se hace carne en la Sagrada Eucaristía y pone Su morada entre nosotros. "Él es nuestra Paz”. (Ef 1,14).

CUARTO MISTERIO GOZOSO

LA PRESENTACIÓN DE JESUS EN EL TEMPLO
“Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestará claramente los pensamientos de muchos” (Lc 2, 34-35)

LA ALEGRÍA DE CONSAGRARSE A DIOS
“No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes” (Ne 8, 10)

Pidámosle a María que nos presente y nos consagre al Sagrado Corazón de Jesús, como ella presentó y consagró a Jesús en el templo, y renovemos hoy nuestra consagración total a María.
Dios nos da todo lo que necesitamos para santificarnos; no sólo nos da el deseo de amarlo, sino el mismo amor con que debemos amarlo. “Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer” (Filipenses 2,13) El amor eucarístico de Jesús nos da “consuelo y nos afianza” (2Ts 2,17) a tener en nuestra vida diaria la misma actitud de Él que es hacer la voluntad de Su Padre, complacer a Su Padre y buscar Su Gloria.
Jesús “es el mediador de una nueva Alianza” (Hb. 12, 24). La Eucaristía es la nueva Alianza. María llevó a Jesús al templo, porque Él mismo se iba a convertir en el Nuevo Templo que hace santa y sagrada la Casa de Dios por Su presencia eucarística sobre la tierra. El deseo de Su corazón es que éste sea el lugar donde será honrado día y noche. “¿Es posible que Dios habite realmente en la tierra?” (1R 8,27). “Que tus ojos estén siempre abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre este lugar del que dijiste: en él estará Mi nombre” (1R8, 29)
Nosotros compartimos hoy la misma alegría de Simeón, cuando en el Santísimo Sacramento contemplamos lo que Él proclamó en la Presentación: “mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” (Lc 2, 30-32).
María nos ayuda a tener “fijos los ojos en Jesús” (Hb 12,2) para que la alegría que encontramos en Él sea nuestra fuerza, y Su amor eucarístico consuma todas nuestras miserias y repare todas nuestras deficiencias. Jesús le dijo a Santa Margarita María: “Si crees en Mi amor, si verdaderamente crees en Mi amor, entonces verás milagros de Mi amor”.
Jesús vive con nosotros porque somos los muy amados de Su corazón. Él nos demuestra Su amor y quiere que le demostremos el nuestro.
Cuando nos consagramos totalmente a María, ella toma nuestros pensamientos, palabras y obras, y los hace agradables a Jesús purificándolos con su amor y se los presenta a Su Corazón Eucarístico, para que Él vea y ame en nosotros lo que ve y ama en Su Madre.
¡Esta es la alegría de la consagración!

QUINTO MISTERIO GOZOSO

EL HALLAZGO DE JESUS EN EL TEMPLO
“El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10)

LA ALEGRÍA DE LA REDENCIÓN
“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense.” (Flp 4,4)

María encontró a Jesús después de haberlo buscado por tres días. ¡Qué dolor tan terrible sintió al perderlo y qué indecible alegría experimentó al encontrarlo!
María encontró a su hijo durante la fiesta de la Pascua. Este hecho es muy significativo porque Jesús escogió esta misma fiesta, la noche del Jueves Santo, para darnos el don de sí mismo en la Eucaristía. Hoy está aquí en el Santísimo Sacramento donde todos podemos encontrarlo. “Cuando me busquen, me encontrarán, porque me buscarán de todo corazón.” (Jr 29,13)
María vive ahora ayudando a toda la humanidad a encontrar a Jesús en el Santísimo Sacramento donde siempre nos alegramos en el Señor “pues el Hijo del hombre vino a buscar y salvar lo que estaba perdido”(Lc 19,10) Él no viene para los que se creen justos, ni para los santos, sino para los pecadores y los enfermos.
Podemos ponernos en Sus santas manos con todos nuestros problemas, porque el Santísimo Sacramento es el Sagrado Corazón de Jesús vivo entre nosotros “cuidándonos como a la niña de sus ojos (Dt 32,10) y atrayéndonos a Él.
María nos enseña a alegrarnos siempre en el Señor, porque Su amor personal por cada uno de nosotros es infinito e inmutable. María nos enseña también a dejar de pensar en nosotros mismos y disfrutar de la alegría constante que proviene de Su misericordia que nos infunde valor, de la compasión de Su corazón, de la sabiduría de Su voluntad, y de la plenitud de Su amor que con el poder de Su gracia redentora restaura todo lo que estaba perdido. “No temas, que yo te he rescatado” (Is 43,1)
En el misterio de la Eucaristía, Dios revela el sentido de la vida: quienes somos, porque estamos aquí y adónde iremos. “El agua, unida al vino, sea un signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana”
En la Eucaristía Jesús nos santifica y nos hace uno con Él. La Sagrada Eucaristía es “la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.”(Ef 3 ,18-19)
Como la gota de agua que puesta en el cáliz de vino en la consagración se convierte en la Sangre Preciosa de Jesús, así nosotros somos renovados y transformados por el poder de Su amor redentor que “lo puede todo…renueva el universo” (Sb 7,27) “En Él hemos sido redimidos por Su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados” (Ef 1,7)


(Extraído del libro que entregada la Madre Teresa de Calcuta a cada una de las hermanas misioneras de la caridad: “Amando a Jesús con el corazón de María. Meditaciones Eucarísticas de los Quince Misterios del Rosario.” Martin Lucia s.s.c.c.)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Madre de la Eucaristia, ruega por nosotros.

Maricel Aguirre dijo...

COMO PUEDO ADQUIRIR EL LIBRO AMANDO A JESUS CON EL CORAZON DE MARIA DEL PBRO. MARTIN LUCIA O BIEN MEDITACIONES DEL ROSARIO DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA

Anónimo dijo...

El libro se puede conseguir en cualquiera de los hogares de las Misioneras de la Caridad. ¿Tiene algún hogar de las hermanas cerca de su casa?