6 de mayo de 2015

Hora santa: mes de Mayo


1. Jesús, yo te adoro. Tú eres mi Dios. Gracias porque sé que Tú quisiste ardientemente estar entre los hijos de los hombres. Por eso, Tú quisiste ardientemente estar conmigo.
Bendito seas por el amor que te inspiró que de esta manera te quedes conmigo.
Tu anhelo de estar conmigo, sencillamente, se encuentra realizado: te encuentras presente en esta Hostia. Dios Todopoderoso, Hijo de Dios, oculto en esta pequeña Hostia.
Misterio infinito. Yo creo y te adoro.
-Yo anhelo tu rostro, Jesús. (Esta invocación la repito interiormente)



2. El salmista canta:
El Señor es mi luz y mi salvación ¿A quién temeré?
El Señor es el refugio de mi vida? Ante quién temblaré?
Cuando se alzaron contra mí los malvados para devorar mi carne, fueron ellos; mis adversarios y enemigos los que tropezaron y cayeron.
Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza.
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo.
Sí, El me cobijará en su tienda de campaña en el momento del peligro; me ocultará al amparo de su Carpa y me afirmará sobre una roca.
Por eso tengo erguida mi cabeza frente al enemigo que me hostiga; ofreceré en su
Carpa sacrificios jubilosos, y cantaré himnos al Señor.
Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”.
Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor, Tú, que eres mi ayuda, no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador.
Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá.
Salmo 27, 1-10
-Yo busco tu rostro Señor, añoro tu rostro. (Esta invocación la repito interiormente)

3. Jesús, alabado seas, bendito y enaltecido eternamente.
Que te enaltezcan el cielo y la tierra, ángeles y santos, que toda la tierra te cante porque no tuviste temor de quedarte conmigo de este modo tan simple.
Tu presencia es mi realidad más profunda, es la verdad de la Iglesia y de todos los cristianos.
Haz que tu vivo deseo de estar conmigo despierte en mí una profunda añoranza y ansias de estar contigo.
Haz que mi corazón, como el del salmista, diga continuamente: busco el rostro del
Señor.
Concédeme la gracia de que te ame con el mismo amor con que Tú me amas y que te anhele como tú me anhelas a mí.
-Haz que te ame como Tú me amas a mí. (Esta invocación la repito interiormente)

4. El poeta inspirado suspira por Ti, Señor. Escucho sus palabras y las acompaño con mi corazón. Haz que el siguiente salmo sea la canción, el suspiro y la voz de mi alma:
Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi
Dios.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de
Dios?
Las lágrimas son mi único pan de día y de noche, mientras me preguntan sin cesar
“¿Dónde está tu Dios?”
Al recordar el pasado, me dejo llevar por la nostalgia: ¡ cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!
¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias a él, que es mi salvador y mi Dios.
Mi alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el monte Misar.
Un abismo llama a otro abismo, con el estruendo de sus cataratas; tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí.
De día, el Señor me dará su gracia; y de noche cantaré mi alabanza al Dios de mi vida.
Diré a mi Dios: “Mi roca ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo?”
Mis huesos se quebrantan por la burla de mis adversarios; mientras me preguntan sin cesar: “¿Dónde está tu Dios?”
¿Por qué te deprimes alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a Él, que es salvador y mi Dios. (Salmo 42,1-12)
Haz que mi alma suspire por Ti, así como el ciervo suspira por los manantiales de agua.
(Esta invocación la repito interiormente)

5. Jesús, Tú ardes en amor y deseo por nosotros. Tú quieres ser nuestro amor, nuestra paz, nuestra vida, nuestra verdad nuestro camino, nuestro manantial de agua viva. Con tu amor deseas servir a todos para que vivamos felices amándonos los unos a los otros.
Jesús, reconozco que muchas veces mis deseos y anhelos están lejos de los tuyos.
Muchas veces me invade este mundo pasando a ser el señor de mis pensamientos y anhelos, de mis sentimientos y actos. Entonces, estoy tan lejos de Ti!
Las personas, cosas, éxitos, los deseos mundanos y la felicidad mundana alejan mi atención de Ti. Fácilmente creo que el mundo y sus acontecimientos me pueden dar la felicidad y la paz; que pueden dar consuelo a mi alma, todos mis anhelos están dirigidos hacia el mundo.
En este tiempo de adoración, de rodillas frente a Ti, yo te ruego que limpies mi corazón y mi alma, sana mi pasado y mis sentimientos para que se vuelvan hacia Ti, mis deseos para que seas Tú mi última meta.
Jesús, haz que mi corazón encuentre sosiego en Ti para que todos mis anhelos encuentren la repuesta en Ti.
Obra en mí para que Tú seas la primera y última meta de mis anhelos y deseos, para que ocupes el primer lugar en mis palabras, pensamientos, sentimientos y acciones.
Jesús, libérame y vuelve mi corazón y mis pensamientos hacia Ti. (Esta invocación la repito interiormente)

6. Jesús, yo te adoro y te doy gracias porque quieres ser la luz viva, la paz, el amor, el anhelo, el camino y la vida para nuestras familias, padres, madres, progenitores, hijos, jóvenes y ancianos, enfermos y sanos.
Tú deseas ser Dios con ellos y en ellos. Bendito seas, alabado y enaltecido en nuestras familias.
Sed el anhelo de nuestras familias para que se abran a la paz y al gozo, a la unidad y al amor.
Jesús, Tú sabes que muchas veces las familias te han olvidado. Los hijos no te conocen porque sus padres y madres se han olvidado de Ti. En muchas familias eres un extranjero y no te conocen. Muchos se han vuelto hacia el mundo, al dinero, al goce y a la riqueza. De este modo nace la incredulidad y la separación; así se abren los caminos a la destrucción.
Perdona a nuestras familias, libéralas. Sé hoy el Emanuel-Dios con nuestras familias. Despierta en nosotros el anhelo por tu rostro.
Sean nuestras familias liberadas de todo engaño, de todo deseo de pecado y de todo engaño. Haz que las familias tengan una profunda conciencia de tu presencia y así las despiertes, las conviertas y las apacigüe, las afiances y les des felicidad para que sus vidas sean ricas. (Quédate en silencio y medita concretamente sobre tú familia y aquellos con los que convives.)

7. Jesús te adoro porque yo también soy tu Iglesia miembro de tu Cuerpo Místico. Te adoro con toda la Iglesia de la cual Tú eres la cabeza, de quien María es Madre y el
Espíritu Santo es el defensor. Tú la donaste al mundo para que continúe tu obra y anuncie al mundo tu amor y muestre tu presencia.
Haz que en Tu Iglesia el anhelo por tu rostro arda constantemente como en un arbusto ardiente en cada corazón sellado por el signo del bautismo y de la confirmación, el cual ha sido lavado con la gracia del perdón y alimentado con tu Cuerpo Eucarístico.
Haz que en todos los corazones que miran a la criatura en vez del creador abrace una nueva llama de anhelo por tu rostro.
Que la brasa ardiente por tu rostro queme todos las tentaciones en los corazones y almas y así tu Iglesia, en cada uno de sus miembros, resplandezca con el nuevo brillo testimoniándote a Ti.
(En silencio ora por los sacerdotes, el Papa, los obispos y confesores.)

8. Te adoro Jesús, con todo el mundo, el que ha sido creado por Ti, con todos los hombres y naciones que no te conocen y se han vuelto al mundo y te buscan con corazón sincero en las criaturas, en las estrellas, en el sol, en el mar, y en el agua, en los ríos, en las sierras, en las flores multicolores, los cuales siguen el profundo deseo de su corazón y te buscan eternamente, pero no te encuentran. Envíales a su encuentro a aquellos que con su vida y sus hechos los ayudarán a descubrirte como respuesta a todos sus deseos y anhelos. Haz que te encuentren para que sus corazones se calmen y alegren, y en Ti descansen.
Te presento también a aquellos que te conocieron, pero que conscientemente te rechazaron y están seducidos por el pecado. (Oro por todos los hombres que se encuentran en la oscuridad porque para eso me invita Tu Madre María:
"Queridos hijos!
En sus vidas, todos ustedes han experimentado momentos de luz y de tinieblas. Dios concede a cada hombre reconocer el bien y el mal. Yo los invito a llevar la luz a todos los hombres que viven en tinieblas. Cada día llegan a sus casas personas que están en tinieblas. Queridos hijos, dénles ustedes la luz. Gracias por haber respondido a mi llamado!" Mensaje 14-3-85
-Jesús, ten piedad de todos los hombres, por intercesión de María Reina de la Paz.
(Esta invocación la repito interiormente)

9. Jesús, te presento a todos aquellos que han envenenado sus corazones y sus almas llevados por el deseo del alcohol, la droga y los gozos corporales. Ellos están cansados, al quedarles el corazón vacío, porque perdieron todo el respeto por sus vidas y la de los demás. Están muriéndose vagabundeando por los caminos de este mundo, y aún de ese modo suspiran por su salvación.
Jesús, se Tú su salvación, su amor y su anhelo. Extráelos de su abismo, sácalos del extravío y abre los manantiales de vida. (Presenta al Señor a todos aquellos que sabes que tienen problemas)

BENDICIÓN
10. Jesús, Tú eres el anhelo y el amor de todos los santos, de todos los justos, el anhelo y amor de tu Madre María. Ahora, bendícenos a todos nosotros, a nuestras familias, a los grupos de oración, a todas las comunidades de la Iglesia y a la Iglesia.
Pronuncia tú palabra y despierta en mí el dormido anhelo por Ti.
Abre mi ojos como los abriste al ciego, para que te vea y te ame y arda por Ti.

Sana a todos aquellos que tienen el alma enferma por sus malos hábitos y así se han acarreado enfermedades y problemas. Ilumina al mundo para que todos los corazones se encuentren buscándote a Ti , con anhelo y amor, el único y verdadero Dios en el Espíritu Santo, quien vive y reina por los siglos de los siglos. AMEN.

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