5 de octubre de 2012

Sepamos vivir la liturgia como acción de Dios en nosotros


Audiencia de Benedicto XVI 

“¿En mi vida, reservo un espacio suficiente a la oración y, sobre todo, qué lugar tiene en mi relación con Dios la oración litúrgica, especialmente la Santa Misa, como participación en la oración común del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia?”.
·         Así que la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios y tener conciencia de ello, en el vivir en relación con Dios como si viviese las relaciones habituales de nuestra vida, aquellos con los familiares más queridos, con los verdaderos amigos; de hecho, aquella con el Señor es la relación que alumbra a todas nuestras otras relaciones. 
·         La liturgia no es, pues, una especie de “auto-manifestación” de una comunidad, sino que es la salida del simple “ser uno mismo”, ser cerrado en sí mismo, y entrar en el gran banquete, entrar en la gran comunidad viviente, en la que Dios mismo nos alimenta.   La liturgia implica universalidad y este carácter universal debe entrar una y otra vez en el conocimiento de todos.




·         No es nunca el solo evento de una comunidad única, con su ubicación en el tiempo y en el espacio.   Es importante que todo cristiano se sienta y sea realmente insertado en este “nosotros” universal, que brinda la base y el refugio al “yo”, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
·         En esto debemos tener presente y aceptar la lógica de la encarnación de Dios: Él se ha hecho cercano, presente, entrando en la historia y en la naturaleza humana, convirtiéndose en uno de nosotros.   Y esta presencia continúa en la Iglesia, su Cuerpo.   La liturgia no es el recuerdo de acontecimientos pasados, sino que es la presencia viva del Misterio Pascual de Cristo que trasciende y une a todos los tiempos y espacios.
·         Si en la celebración no emerge la centralidad de Cristo, no tendremos liturgia cristiana, totalmente dependiente del Señor y sostenida por su presencia creadora.   Dios actúa a través de Cristo y nosotros no podemos hacerlo si no es a través de él y en Él.
·         Cada día debe crecer en nosotros la convicción de que la liturgia no es nuestra, un "hacer" mío, sino que es la acción de Dios en nosotros y con nosotros.
·         Por lo tanto, no es el individuo --sacerdote o laico--, o el grupo que celebra la liturgia, sino que es sobre todo la acción de Dios a través de la Iglesia, que tiene su propia historia, su rica tradición y creatividad.   Esta universalidad y apertura fundamental, que es característica de toda la liturgia, es una de las razones por las que esta no puede ser creada o modificada por la misma comunidad o por los expertos, sino que debe ser fiel a las formas de la Iglesia universal.
·         Incluso en la liturgia de la comunidad más pequeña, siempre está presente toda la Iglesia.   Por esta razón no hay “extranjeros” en la comunidad litúrgica.   En cada celebración litúrgica participa junta toda la Iglesia, cielo y tierra, Dios y los hombres.   La liturgia cristiana, aún si se celebra en un lugar y en un espacio concreto y expresa el "sí" de una comunidad particular, es de por sí católica, viene del todo y conduce al todo, en unión con el Papa, con los obispos, con los creyentes de todos los tiempos y de todos los lugares.   Cuanto más animada está una celebración por esta conciencia, tanto más fructífero es en ella el sentido auténtico de la liturgia.
·         Pero el lugar donde se vive plenamente como Iglesia es la liturgia: esta es el acto por el que creemos que Dios entra en nuestra realidad y le podemos encontrar, le podemos tocar.    Es el acto por el que entramos en contacto con Dios: Él viene a nosotros, y nosotros somos iluminados por Él.   Por lo tanto, cuando en las reflexiones sobre la liturgia centramos nuestra atención solo en cómo hacerla atractiva, interesante, hermosa, corremos el riesgo de olvidar lo esencial: la liturgia se celebra por Dios y no por nosotros mismos; es obra suya; es Él el sujeto; y nosotros debemos abrirnos a Él y dejarnos guiar por Él y por su Cuerpo que es la Iglesia.
o   Pidamos al Señor aprender cada día a vivir la sagrada liturgia, especialmente la Celebración eucarística, rezando en el “nosotros” de la Iglesia, que dirige su mirada no hacia sí misma, sino a Dios, y sintiéndonos parte de la Iglesia viviente de todos los lugares y de todos los tiempos. Gracias.

1 comentario:

María Nancy dijo...

Que hermosa es nuestra Iglesia
Madre,Guía y Alimento del Pueblo de Dios.Bendecido fin de semana.