7 de julio de 2012

Preparación para la Santa Misa de cada domingo





El fin primordial de la Misa es dar honor y gloria a Dios. Sin embargo, los efectos de la Misa no se detienen ahí; al ofrecer Jesucristo su infinito homenaje a Dios, también alcanza grandes gracias para nosotros.

Si bien la aplicación del fruto general de la Misa depende exclusivamente de la voluntad de Dios, el grado en que se reciban las gracias en cada alma determinada dependerá en gran parte de la unión con que esa persona participe en la Misa y de sus propias disposiciones interiores.

5 de julio de 2012

Ecos del congreso eucarístico internacional: la eucaristía y la Iglesia católica de oriente




“Yo soy el Pan Vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá eternamente” (Jn 6, 51)

¡Gloria a Jesucristo!

Nosotros, los hijos de la Iglesia Católica de diferentes países y continentes, ritos y culturas, nos reunimos en esta antigua ciudad para celebrar, meditar y tomar parte en el regalo más grande, que nuestro Salvador ha dado a su Iglesia - el misterio de la Sagrada Eucaristía .

Es providencial que los últimos días del Congreso Eucarístico coincida con la Fiesta de la Sagrada Eucaristía de acuerdo con el calendario juliano, seguido por muchas iglesias de la tradición oriental. Como representantes de las Iglesias del Oriente cristiano queremos contribuir con los eventos del congreso y compartir con ustedes nuestra comprensión y la celebración de este gran misterio de la Iglesia.

Tomad, comed, esto es mi cuerpo.

En el Evangelio de Juan que acabamos de escuchar, Cristo se describe como el pan de vida bajado del cielo. Él se da en este pan para que los apóstoles puedan ser alimentados en la Última Cena. Él da a ellos y por ellos su vida divina que descendió del cielo y que ha sido revelada en el misterio de la Encarnación.

Las palabras de nuestro Salvador aluden al viaje de Israel por el desierto. En aquellos días el pueblo de Dios por la Divina Providencia, fue privado de alimentos que vinieran de la tierra o a través de manos humanas. El Señor aplicó aquí un método pedagógico extraño: él dio a la gente el pan que viene del cielo – el maná. Se les enseña de esta manera que la fuente de la vida humana, su bienestar y la felicidad, no está sólo en el hombre. El hombre no posee la vida por sí mismo, sólo puede recibir de su fuente, que es el Señor mismo: el Dios Vivo de Israel. Es por eso que Moisés explicando este evento dice: "Y te afligió, te hizo tener hambre y te alimentó con el maná, que ni tú ni tus antepasados ​​habían conocido, para hacerte saber que el hombre no vive sólo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios "(Deut 8:3).

Hablando de sí mismo como el pan que descendió del cielo, Jesús reveló que él es el Dios Viviente de Israel, la fuente de transmisión de la vida eterna - la vida de su Padre celestial que está disponible a través del poder del Espíritu Santo. Él es la Palabra que da vida que sale de la boca del Padre, y se convierte en alimento, el medio para dar vida al hombre a través del Espíritu Santo.

Los apóstoles escucharon la invitación de Cristo a comer el Pan del Cielo en la Última Cena, por primera vez cuando dijo: "Tomad, comed, esto es mi cuerpo". La vida eterna en Dios se reveló en la invitación a "Beban ... esta es mi sangre ". Este regalo fue predicho en el desierto por la imagen del maná, anunciado por Cristo como una invitación a comer su cuerpo y beber su sangre, llevada a cabo por él en la Última Cena, y que cumplió con su muerte y resurrección.

4 de julio de 2012

Beato Pier Giorgio Frassati



Hoy es la memoria del Beato Pier Giorgio Frassati (1901 - 1925), modelo de joven católico. Dos años antes de morir, de una poliomielitis fulminante escribía así:

“…Les insisto con toda la fuerza de mi alma a acercarse a la mesa eucarística tan a menudo como les sea posible. Aliméntense de este pan de los Ángeles de donde tomarás la fuerza para luchar contra luchas interiores, las luchas contra pasiones y contra las adversidades, porque Jesucristo ha prometido a aquellos que se alimentan con la Sagrada Eucaristía, la vida eterna y las gracias necesarias para alcanzarla.

Y cuando ustedes se consumen completamente por este fuego eucarístico, entonces ustedes podrán dar las gracias con mayor conciencia al Señor Dios, que les ha llamado a ser parte de su rebaño, y disfrutarán de esa paz que aquellos que están contentos de acuerdo con el mundo nunca han probado.

Porque la felicidad verdadera, jóvenes, no consiste en los placeres del mundo y en las cosas terrenales. La paz de conciencia que podemos tener sólo será si somos puros en el corazón y en la mente.”

(P.G.Frassati, Carta a los “Jóvenes Católicos” de Pollone, Julio 29, 1923)

3 de julio de 2012

Santo Tomás apóstol: "Señor mío y Dios mío" que vives en la eucaristía



Cuando Tomás vió y oyó a Jesús expresó en pocas palabras lo que sentía en su corazón:  "!Señor mío y Dios mío!", exclama conmovido hasta lo más hondo de su ser. Es a la vez un acto de fe, de entrega y de amor. Confiesa abiertamente que Jesús es Dios y le reconoce como su Señor. Jesús le contestó: "Porque me has visto has creído, bienaventurados  los que sin ver creyeron."

Y comenta el papa Juan Pablo II: "Ésta es la fe que nosotros debemos renovar, siguiendo la estela de incontables generaciones cristianas que a lo largo de dos mil años han confesado a Cristo, Señor invisible, llegando incluso al martirio. Debemos hacer nuestras, como las hicieron suyas antes otros muchos, las palabras de Pedro en su primera carta: "Vosotros no lo visteis, pero lo amáis: ahora, creyendo en Él sin verlo, sentís un gozo indecible." Ésta es la auténtica fe: entrega absoluta a cosas que no se ven, pero que son capaces de colmar y ennoblecer toda una vida.

De esto se trata nuestra fe en la Eucaristía.

2 de julio de 2012

Eucaristía y Misión



Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II  para la Jornada Misionera Mundial 2004

Queridos Hermanos y Hermanas:

1. El compromiso misionero de la Iglesia constituye, también en este comienzo del tercer milenio, una urgencia que en varias ocasiones he querido recordar. La misión, como he recordado en la Encíclica Redemptoris Missio, está aún lejos de cumplirse y por eso debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio (cfr. n.1). Todo el Pueblo de Dios, en cada momento de su peregrinar en la historia, está llamado a compartir la "sed" del Redentor (cfr Jn 19, 28). Los santos han advertido siempre con mucha fuerza esta sed de almas que hay que salvar: baste pensar, por ejemplo, a santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones, y a monseñor Comboni, gran apóstol de África, que he tenido la alegría de elevar recientemente al honor de los altares.

Los desafíos sociales y religiosos a los que la humanidad hace frente en estos tiempos nuestros motiva a los creyentes a renovarse en el fervor misionero. ¡Sí! Es necesario promover con valentía la misión "ad gentes", partiendo del anuncio de Cristo, Redentor de cada criatura humana. El Congreso Eucarístico internacional, que será celebrado en Guadalajara, en México, el próximo mes de octubre, mes misionero, será una ocasión extraordinaria para esta unánime toma de conciencia misionera alrededor de la Mesa del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Reunida alrededor del altar, la Iglesia comprende mejor su origen y su mandato misionero. "Eucaristía y Misión", como bien subraya el tema de la Jornada Misionera Mundial de este año, forman un binomio inseparable. A la reflexión sobre los lazos que existen entre el misterio eucarístico y el misterio de la Iglesia, se une este año una elocuente referencia a la Virgen Santa, gracias a la celebración del 150 aniversario de la definición de la Inmaculada Concepción (1854-2004). Contemplamos la Eucaristía con los ojos de María. Contando con la intercesión de la Virgen, la Iglesia ofrece a Cristo, pan de la salvación, a todas las gentes, para que le reconozcan y le acojan como único salvador.

1 de julio de 2012

La adoración y el amor de Dios



 "Adoremos la Eucaristía para hacer entrar nuestra vida en el amor de Dios"


Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General del miércoles 27 junio 2012

"En la oración, en la relación con Dios --explicó el papa--, abrimos la mente, el corazón, la voluntad a la acción del Espíritu Santo para entrar en esa misma dinámica de vida".

"La lógica humana, sin embargo, busca a menudo la realización de sí mismo en el poder, en el dominio, en los medios poderosos. El hombre todavía quiere construir con sus propias fuerzas la torre de Babel para llegar a la altura de Dios mismo, para ser como Dios. La Encarnación y la Cruz nos recuerdan que la plena realización está en el conformar la propia voluntad humana a la del Padre, en el vaciarse del propio egoísmo, para llenarse del amor, de la caridad de Dios y así llegar a ser verdaderamente capaces de amar a los demás. El hombre no se encuentra a sí mismo permaneciendo encerrado en sí, afirmándose en sí mismo. El hombre se encuentra solo saliendo de sí mismo, solo si salimos de nosotros mismos nos encontramos".

El papa exhortó, a fijar en la oración la "mirada en el crucifijo", detenerse "en adoración ante la Eucaristía con frecuencia, para hacer entrar nuestra vida en el amor de Dios, que se humilló a sí mismo con humildad para elevarse hasta Él".