30 de octubre de 2015

Conclusión del sínodo sobre las Familias


El cardenal Dolan aborda directamente en su carta la actuación del sínodo ante la polémica sobre los divorciados vueltos a casar:

«Se ha dado mucha atención en la cobertura sobre el sínodo si aquellos que se han casado sacramentalmente de forma válida, divorciado y vuelto a casar civilmente, pueden recibir la Sagrada Comunión (De hecho, ese tema candente no fue tan predominante en el sínodo como en la prensa). La práctica continuada de la Iglesia -recientemente confirmada por San Juan Pablo II después del sínodo sobre la familia de 1980 y renovada por el papa Benedicto XVI después del sínodo sobre la Eucaristía del 2005-- es que no pueden mientras la segunda unión conyugal continue. Es la consecuencia necesaria de lo que Jesús enseñó sobre el divorcio y el recasamiento y de lo que el apóstol San Pablo enseño acerca de estar en estado de gracia para recibir la Sagrada Comunión. Las propuestas finales de los obispos del Sínodo no hicieron nada para alterar esa enseñanza».



El arzobispo de Nueva York destaca como una de las intervenciones más acertadas del sínodo la del cardenal Thomas Collis, arzobispo de Toronto (Canadá), que estableció como línea de actuación de la Iglesia lo que hizo Cristo con dos de sus fieles en el camino a Emaús.
Jesús se acercó. Les acompañó con su presencia amorosa. Les preguntó acerca de su situación. Escuchó su testimonio. Les reprendió por sus errores. Les enseñó acerca de la verdad de las Escrituras. Se reveló a sí mismo en la Eucaristía. En definitiva, restauró su esperanza y los llevó a la conversión.

El cardenal, dirigiéndose a sus fieles, les hace la siguiente propuesta:

¿Puedo proponer un desafío para la Iglesia en Nueva York después del Sínodo sobre la familia?

¡Vamos a imitar plenamente Emaús!

Muchos de los desacuerdos en el sínodo sobre la pastoral familiar surgiendo de ofrecer una experiencia parcial del camino de Emaús a los que puede estar desanimados y andando en la noche. Pero un Emaús parcial no es lo que quiere Jesús para su pueblo: no es lo que los pastores de la Iglesia están llamados a ofrecer como servicio. Si solo acompañamos pero no convertimos, entonces simplemente caminamos al lado de la gente en la noche más lejos, lejos de la comunidad de fe en Jesuralén. Si solo preguntamos y escuchamos, estamos reteniendo la noticia salvadora de la salvación. Si solo reprendemos, entonces afligimos a los que ya sufren. Si solo explicamos la verdad objetiva de las Escrituras, no somos capaces de mostrar cómo es esa buena noticia para cada persona en particular. Si traemos a la gente a la Eucaristía sin primero prepararlos durante el camino para su conversión, no serán transformados por la revelación de Cristo.

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