3 de enero de 2012

Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús



Como nos lo dice la Escritura, ante el santísimo Nombre de Jesús toda rodilla debe doblarse, en el cielo, la tierra y los abismos (Cf Flp 2,10). El amor que sintieron los cristianos de los primeros siglos hacia el Nombre de Jesús y que llevó a muchos al martirio, fue adquiriendo un mayor desarrollo con el correr de los siglos. En la tradición de la Iglesia oriental, se desarrolló en íntima relación con la espiritualidad monástica llamada "contemplación imperturbable". En occidente, en cambio, la devoción al Nombre de Jesús se presenta bajo determinadas formas de devoción popular y en conexión con el ciclo de las celebraciones navideñas. A partir del siglo XII, adquiere gran auge por el influjo de los monasterios donde esta devoción tuvo especial fervor, cuyo mayor testimonio es el conocido himno «Iesu, dulcis memoria».

Honramos el Nombre de Jesús no porque creamos que existe un poder intrínseco escondido en las letras que lo componen, sino porque el nombre de Jesús nos recuerda todas las bendiciones que recibimos a través de Nuestro Santo Redentor.
Para agradecer estas bendiciones reverenciamos el Santo Nombre, así como honramos la Pasión de Cristo honrando Su Cruz. Descubrimos nuestras cabezas y doblamos nuestras rodillas ante el Santísimo Nombre de Jesús.

Él da sentido a todos nuestros afanes, como indicaba el emperador Justiniano en su libro de leyes: "En el Nombre de Nuestro Señor Jesús empezamos todas nuestras deliberaciones". El Nombre de Jesús, invocado con confianza:
- Brinda ayuda a necesidades corporales, según la promesa de Cristo: "En mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien" (Marcos 16, 17-18). En el Nombre de Jesús los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hechos 3, 6; 9, 34) y vida a los muertos (Hechos 9, 40).
- Da consuelo en las aflicciones espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador al padre del Hijo Pródigo y del Buen Samaritano; le recuerda al justo el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.
- Nos protege de Satanás y sus engaños, ya que el Demonio teme el Nombre de Jesús, Quien lo ha vencido en la Cruz.
- En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: "lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre." (Juan 16, 23). Por eso la Iglesia concluye todas sus plegarias con las palabras: "Por Jesucristo Nuestro Señor", etc.

Así se cumple la palabra de San Pablo: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos." (Fil 2, 10).

Oh Jesús, de dulcísima memoria,
que nos das la alegría verdadera,
más que miel y que toda otra cosa,
nos infunde dulzura tu presencia.

No habrá canto más suave al oído
ni que grato resulte al escucharlo
ni tan dulce para ser recordado
como tú, oh Jesús, el Hijo amado.

En Jesús se confía el que sufre.
¡Qué piadoso te muestras al que ruega!
¡Qué bondad en ti encuentra el que te busca!
¡Qué dichoso será el que te encuentra!

No habrá lengua que pueda expresarlo,
ni palabra que pueda traducirlo,
pues tan sólo el que lo ha experimentado
es capaz de saber lo que es amarlo.

Sé Jesús nuestro gozo anticipado,
Tú que un día serás también el premio,
y haz que sólo se cifre nuestra gloria
en la tuya sin límite y sin tiempo. Amén.

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