7 de junio de 2012

Corpus Christi: meditación sobre el Adorote Devote II




Tibi se cor meum totum subiicit, quia, te contemplans, totum deficit

Pasmarse ante el misterio de amor

Ante la entrega de Jesucristo en la Eucaristía, cuántas veces repetía nuestro Padre: «se quedó para ti»; «se humilló hasta esos extremos por amor a ti» . Al contemplar tanto amor, el corazón creyente queda como fulminado, lleno de admiración, y desea corresponder a su vez dándose del todo al Señor. «Yo me pasmo ante este misterio de Amor» . Cultivemos este sentimiento, esta disposición de la inteligencia y de la voluntad, para no acostumbrarnos y para mantener siempre el ánimo sencillo del niño que se maravilla ante los regalos que su padre le prepara. Expresemos también con hondo agradecimiento: «Gracias, Jesús, gracias por haberte rebajado tanto, hasta saciar todas las necesidades de nuestro pobre corazón» . Y, como consecuencia lógica, rompamos a cantar, alabando a nuestro Padre Dios, que ha querido alimentar a sus hijos con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo; perseverando en esa alabanza porque siempre resultará corta .

Jesús se ha quedado en la Eucaristía para remediar nuestra flaqueza, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras angustias; para curar nuestra soledad, nuestras perplejidades, nuestros desánimos; para acompañarnos en el camino; para sostenernos en la lucha. Sobre todo, para enseñarnos a amar, para atraernos a su Amor. «Cuando contempléis la Sagrada Hostia expuesta en la custodia sobre el altar, mirad qué amor, qué ternura la de Cristo. Yo me lo explico, por el amor que os tengo; si pudiera estar lejos trabajando, y a la vez junto a cada uno de vosotros, ¡con qué gusto lo haría!»

»Cristo, en cambio, ¡sí puede! Y Él, que nos ama con un amor infinitamente superior al que puedan albergar todos los corazones de la tierra, se ha quedado para que podamos unirnos siempre a su Humanidad Santísima, y para ayudarnos, para consolarnos, para fortalecernos, para que seamos fieles» .

«No son mis pensamientos como vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos —oráculo de Yahveh—. Pues cuanto superan los cielos a la tierra, así superan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros» (Is 55, 8-9). La lógica eucarística sobrepasa toda lógica humana, no sólo debido a que la presencia de Cristo bajo las especies sacramentales es un misterio que nunca podremos comprender plenamente con nuestra inteligencia; sino también porque la donación de Cristo en la Eucaristía desborda completamente la pequeñez del corazón humano, la de todos los corazones humanos juntos. A la capacidad de nuestra mente, tanta generosidad le puede parecer inexplicable, porque se halla muy distante de los egoísmos grandes o pequeños que tantas veces nos acechan.

«El más grande loco que ha habido y habrá es Él. ¿Cabe mayor locura que entregarse como Él se entrega, y a quienes se entrega?

»Porque locura hubiera sido quedarse hecho un Niño indefenso; pero, entonces, aun muchos malvados se enternecerían, sin atreverse a maltratarle. Le pareció poco: quiso anonadarse más y darse más. Y se hizo comida, se hizo Pan.

»—¡Divino Loco! ¿Cómo te tratan los hombres?... ¿Yo mismo?» .

Es necesario agrandar el corazón para acercarse a Jesús sacramentado. Ciertamente, se precisa la fe; pero se requiere además, para ser alma de Eucaristía, "saber querer", "saber darse a los demás", imitando —dentro de nuestra poquedad— la entrega de Cristo a todos y a cada uno. Con su experiencia personal, San Josemaría ha podido confiarnos: «La frecuencia con que visitamos al Señor está en función de dos factores: fe y corazón; ver la verdad y amarla» .

6 de junio de 2012

Corpus Christi: meditación sobre el Adorote Devote




Adoro te devote, latens deitas, quæ sub his figuris vere latitas

Tanto amó Dios al mundo

Comenzamos con un acto personal de rendida adoración a la Eucaristía, al mismo Cristo, pues en este Santísimo Sacramento «están contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero» . Jesús se halla presente, pero no se le ve: está oculto bajo las especies de pan y de vino . «Está escondido en el Pan ... por amor a ti» .

El amor que manifiesta a las criaturas es la causa de que se haya quedado entre nosotros, en este mundo, bajo el velo eucarístico. «Desde pequeño he comprendido perfectamente el porqué de la Eucaristía: es un sentimiento que todos tenemos; querer quedarnos para siempre con quien amamos» . Nuestro Padre, considerando el misterio del amor de Cristo que pone sus delicias en estar entre los hijos de los hombres (cfr. Prv 8, 31), que no consiente en dejarnos huérfanos (cfr. Jn 14, 18), que ha decidido permanecer con nosotros hasta la consumación de los siglos (cfr. Mt 28, 20), ilustraba el motivo de la institución de este Sacramento con la imagen de las personas que se tienen que separar. «Desearían estar siempre juntas, pero el deber —el que sea— les obliga a alejarse»; y al no estar en condiciones de conseguirlo, «se cambian un recuerdo, quizá una fotografía», pero «no logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer». Jesús, Dios y Hombre, supera esos límites por amor nuestro. «Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor». Él «no deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo» : el que nació de María en Belén; el que trabajó en Nazaret y recorrió Galilea y Judea y murió crucificado en el Gólgota; el que resucitó gloriosamente al tercer día y se apareció a sus discípulos repetidas veces .

La fe cristiana ha confesado siempre esta identidad, también para rechazar las nostalgias de quienes excusaban su escaso espíritu cristiano, alegando que no veían al Señor como los primeros discípulos; o de quienes argumentaban que se comportarían de otro modo si pudieran tratarlo físicamente. «Cuántos dicen ahora: "¡Quisiera ver su forma, su figura, sus vestidos, su calzado!" Pues he ahí que a Él ves, a Él tocas, a Él comes. Tú deseas ver sus vestidos; pero Él se te da a sí mismo, no sólo para que lo veas, sino para que lo toques y lo comas, y le recibas dentro de ti. Nadie, pues, se acerque con desconfianza, nadie con tibieza: todos encendidos, todos fervorosos y vigilantes» .

5 de junio de 2012

Bendedicto XVI y el Corpus Christi

Admiremos la devoción del Papa Benedicto XVI en la celebración de  la Misa de Corpus Christi 2011 en su catedral, la basílica romana de San Juan de Letrán



4 de junio de 2012

Hora santa: preparando Corpus Christi


Amor hasta la consumación.

El más grande secreto de amor que Cristo nos ha regalado es la Eucaristía. Es Jesús el que tenés en frente a vos en este momento. El mismo que una noche como esta:

«Antes de la celebración de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1).

Juan introduce con este versículo no sólo el lavatorio de los pies sino también la Eucaristía. En la imagen del lavatorio, Juan expresa lo que Jesús le ha dejado grabado en lo más profundo y lo que quería volver a comunicar a los discípulos en la última cena. La encarnación del Hijo de Dios es para Juan una expresión del amor de Dios «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único hijo»(Jn 3,16). Las culpas de los hombres les han hecho incapaces de amar. Se han replegado en sí mismos. Entonces aparece Jesús para, por medio de su amor, devolver a la gente su capacidad de amar, y así curó enfermos, se inclinó amorosamente hacia donde estaban las llagas que nos escondemos a nosotros mismos y a los demás. Esto se ve con toda claridad en el lavatorio de los pies, cuando Jesús se arrodilla para tocarnos donde está nuestra peor herida y así curarnos los pies que se han ensuciado con el polvo de la tierra y se han vuelto feos, sucios, heridos por las espinas y los trozos de vidrio que hay en el camino. Los antiguos decían de Aquiles que era vulnerable en el talón. La herida más grande que nos tortura es la de la muerte y la soledad que surge con toda su fuerza por ella. Jesús se inclina hacia ella en su crucifixión, para tocarnos esa herida con su amor y curarnos. Jesús muere diciendo las mismas palabras con las que Juan describe su amor en el lavatorio de los pies. Jesús nos ama hasta el extremo. Antes de expirar dice: Todo está consumado, terminado.

3 de junio de 2012

Domingo de la Trinidad: un misterio cercano




Gracias a la Eucaristía la Trinidad es un misterio cercano porque nos permite sentarnos a la mesa con Dios. La Trinidad así se convierte en un misterio cercano que nos acompaña a lo largo de toda la vida.

La vida cristiana se desarrolla totalmente en el signo y en presencia de la Trinidad. En la aurora de la vida, fuimos bautizados «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y al final, junto a nuestra cabecera, se recitarán las palabras: «Marcha, oh alma Cristiana de este mundo, en el Nombre de Dios, el Padre omnipotente que te ha creado, en el nombre de Jesucristo que te ha redimido, y en el nombre del Espíritu Santo que te santifica».

2 de junio de 2012

Oración de Santo Tomás de Aquino




Oración para la acción de gracias después de la Comunión eucarística

Gracias de doy, Padre todopoderoso, Dios eterno, porque a mí, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sino por pura concesión de tu misericordia, te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo.

Te pido que esta Sagrada Comunión no me sea ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón;
× sea armadura de mi fe,
× escudo de mi voluntad,
× muerte de todos mis vicios,
× exterminio de todos mis carnales apetitos,
× y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad,
× y de todas las virtudes:
× sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu,
× firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y verdadero Dios,
× y sello de mi muerte dichosa.

Te ruego que tengas a bien llevar a este pecador a aquel banquete inefable, donde Tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta.  Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.



1 de junio de 2012

Sagrado Corazón de Jesús




El Corazón de Jesús palpita en la Eucaristía

El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana

El Corazón de Jesús, síntesis de la Encarnación y de la Redención

El Sagrado Corazón, manantial de bondad y de verdad

El Corazón de Jesús, expresión de la buena nueva del amor

El Sagrado Corazón, palpitación de una presencia en que se puede confiar