“No es necesario
conocer mucho para agradarme, basta con amar. Háblame entonces, aquí,
sencillamente, como lo harías con el más íntimo de tus amigos, como hablarías
con tus padres o tu hermano.
¿Necesitas pedirme por
alguien? Dime su nombre… quizás alguien de tu familia, de tus amigos o
conocidos y cuéntame qué quieres que hiciera yo por ellos hoy. Pide mucho, no
te canses de pedir; me gustan los corazones generosos que llegan en cierto modo
hasta olvidarse de sí mismos para mirar las necesidades de los demás.
Cuéntame con sencillez
de los pobres a quienes quisieras ayudar, de los enfermos a quienes ves
padecer, de los extraviados que deseas ver de nuevo por el buen camino, de los
amigos ausentes que deseas ver de nuevo a tu lado. Repíteme sus nombres y dime
por ellos una palabra de amigo, entrañable y fervorosa
He prometido escuchar
toda súplica que salga del corazón ¿y cómo no saldrá de tu corazón el ruego que
me diriges por aquellos que especialmente amas?





