El oficio de Lectura del tercer domingo durante el año nos hace meditar una enseñanza fundamental del concilio Vaticano
II, en su constitución sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium, donde da una
enseñanza de suma importancia para la espiritualidad cristiana:
«Cristo está siempre
presente a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el
sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por
ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz” [Trento],
sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en
los sacramentos, de modo que cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza
[S. Agustín]. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la
Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente, por último, cuando la
Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “donde están dos o tres
congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)».
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