La piedad eucarística
es en el siglo XX una parte integrante de la espiritualidad cristiana común.
Por eso ya San Pío X sólo expresaba una convicción general cuando decía: «Todas
bellas, todas santas son las devociones de la Iglesia Católica, pero la devoción
al Santísimo Sacramento es, entre todas, la más sublime, la más tierna, la más
fructuosa» (A la Adoración Nocturna Española 6-VII-1908).
¿Y después del Vaticano
II? La gran renovación litúrgica impulsada por el Concilio también se ha
ocupado de la piedad eucarística. Concretamente, el Ritual de la sagrada
comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa es una realización de la
Iglesia postconciliar. Antes no había un Ritual, y la devoción eucarística
discurría por los simples cauces de la piadosa costumbre. Ahora se ha ordenado
por rito litúrgico esta devoción. Por otra parte, en el Ritual de la dedicación
de iglesias y de altares, de 1977, después de la comunión, se incluye un rito
para la «inauguración de la capilla del Santísimo Sacramento». Antes tampoco
existía ese rito. Es nuevo.





