23 de enero de 2015

La devoción eucarística después del Vaticano II


La piedad eucarística es en el siglo XX una parte integrante de la espiritualidad cristiana común. Por eso ya San Pío X sólo expresaba una convicción general cuando decía: «Todas bellas, todas santas son las devociones de la Iglesia Católica, pero la devoción al Santísimo Sacramento es, entre todas, la más sublime, la más tierna, la más fructuosa» (A la Adoración Nocturna Española 6-VII-1908).

¿Y después del Vaticano II? La gran renovación litúrgica impulsada por el Concilio también se ha ocupado de la piedad eucarística. Concretamente, el Ritual de la sagrada comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa es una realización de la Iglesia postconciliar. Antes no había un Ritual, y la devoción eucarística discurría por los simples cauces de la piadosa costumbre. Ahora se ha ordenado por rito litúrgico esta devoción. Por otra parte, en el Ritual de la dedicación de iglesias y de altares, de 1977, después de la comunión, se incluye un rito para la «inauguración de la capilla del Santísimo Sacramento». Antes tampoco existía ese rito. Es nuevo.

3 de enero de 2015

Renovación actual de la piedad eucarística



El movimiento litúrgico y el Magisterio apostólico, por obra como siempre del Espíritu Santo, al profundizar más y más en la realidad misteriosa de la Eucaristía, han renovado maravillosamente la doctrina y la disciplina del culto eucarístico. Concretamente, en ninguna época el Magisterio de la Iglesia ha dado un conjunto de documentos sobre la Eucaristía comparable con la más reciente:


2 de enero de 2015

Hora santa en el mes de Enero


Y EL VERBO SE HIZO HOMBRE

1 - Jesús, te adoro porque te hiciste hombre.
Jesús, te amo, porque amaste al mundo y viniste entre nosotros.
Jesús, creo en Ti, porque te privaste de la gloria celestial para estar con nosotros.

2 - Jesús, bendito sea el instante cuando desde la eternidad, en tu eterno amor, decidiste hacerte hombre, cuando decidiste dejar la gloria como unigénito, gloria que tenías con tu Padre y decidiste ser semejante a nosotros, en todo, excepto en el pecado. Bendito seas, porque nos amaste desde la eternidad con un amor inconmensurable.
Bendito y glorificado seas, Jesús, cuando dejaste la luz eterna y decidiste entrar en la oscuridad de este mundo y ser la luz del mundo, la que nos lleva a la vida eterna.
Haz que mi corazón cante a la sabiduría eterna, por la cual trajiste la irrevocable decisión de aniquilar la locura del mundo.
- Jesús, te alabo y glorifico por tu decisión de convertirte en hombre. (Esta invocación la repito interiormente)

24 de diciembre de 2014

Hora Santa para Navidad


JESÚS, REY DE LA PAZ YO TE ADORO

1-Jesús, rey de la paz yo te adoro
Jesús, eterno pacificador, yo te amo porque Tú eres nuestra paz.

2 - Jesús, a ti como Rey de la Paz, Te anhelaron los corazones de los hombres durante siglos.
A Ti te alabaron los profetas. Por Ti anhelaron, como pacificador, todos los hombres de todas las naciones de todos los tiempos. Por Ti anhelaron los hombres que estuvieron oprimidos por el mal del pecado y las injusticias, las cuales trajeron conflictos y guerras. Todos los amenazados esperaron el día que amanecería la paz.

18 de diciembre de 2014

La adoración: un camino de oración para el encuentro con el Señor




Realmente nuestra oración puede llegar a ser atea, es decir, sin Dios. Eso sucede cuando pedimos de Dios aquello que necesitamos y no lo buscamos a Dios como tal.
 

14 de diciembre de 2014

Adviento y Eucaristía animan a la esperanza escatológica


Adoremos a Cristo en la Eucaristía, como prenda y anticipo de la vida celeste. La celebración eucarística es «fuente de la vida de la Iglesia y prenda de la gloria futura» (Vat.II: UR 15a). Por eso el culto eucarístico tiene como gracia propia  mantener al cristiano en una continua tensión escatológica. 

Ante el sagrario o la custodia, en la más pura esperanza teologal, el discípulo de Cristo permanece día a día ante Aquél que es la puerta del cielo: «yo soy la puerta; el que por mí entrare, se salvará» (Jn 10,9). Ante el sagrario, ante la custodia, el discípulo persevera un día y otro ante Aquél «que es, que era, que vendrá» (Ap 1,4.8). Persevera adorando al Hijo de Dios, que vino en la encarnación; que viene en la Eucaristía, en la inhabitación, en la gracia; que vendrá glorioso al final de los tiempos.