El desarrollo de la
piedad eucarística ha producido en la Iglesia inmensos frutos espirituales. Los
ha producido en la vida interior y mística de todos los santos; por citar
algunos: Juan de Ávila, Teresa, Ignacio, Pascual Bailón, María de la
Encarnación, Margarita María, Pablo de la Cruz, Eymard, Micaela, Antonio María
Claret, Foucauld, Teresa de Calcuta, etc. Ellos, con todo el pueblo cristiano,
contemplando a Jesús en la Eucaristía, han sabido por experiencia qué verdad es
aquello de la Escritura: «contemplad al Señor y quedaréis radiantes» (Sal
33,6).
30 de noviembre de 2014
29 de noviembre de 2014
ADVIENTO: VEN SEÑOR JESÚS
La
esperanza cristiana y la Eucaristía, signo sacramental por excelencia de las
últimas realidades.
La
esperanza de la venida definitiva del reino de Dios y el compromiso de
transformación del mundo a la luz del Evangelio tienen en realidad una misma
fuente: el don escatológico del Espíritu Santo, «prenda de nuestra herencia,
para redención del pueblo de su posesión» (Ef 1, 14), que suscita el anhelo de
la vida plena y definitiva con Cristo y, a la vez, infunde en nosotros la
fuerza para difundir por toda la tierra la levadura del reino de Dios.
28 de noviembre de 2014
Es impensable que se cambie la doctrina sobre la comunión a los divorciados
Mons. Stanisław Gadecki, presidente de la Conferencia
Episcopal Polaca, ha asegurado que la cuestión la comunión a los divorciados
vueltos a casar, que considera un ataque a la indisolubilidad del matrimonio,
no puede ser resuelta por razones teológicas.
En cuanto a la
propuesta que fue presentada durante el Sínodo, de admitir la Sagrada Comunión,
bajo ciertas condiciones, de las personas que están divorciados y que viven en
nuevas relaciones, Mons. Gadecki respondió que, según su opinión, se trataba de
un intento de «atacar el indisolubilidad del matrimonio», lo que podría
conducir a cambios en la comprensión del sacramento de la Penitencia y de la
Eucaristía.
26 de noviembre de 2014
Debemos cuidar la dimensión sagrada de los signos litúrgicos
Me encuentro con gente
que me sugiere que en algunas celebraciones, especialmente en las muy
especiales o en aquellas que se da una mayor abundancia de niños, tengamos en
la parroquia una especie de monitor – comentarista que vaya explicando los
gestos, los signos, las partes de la celebración.
Error. Grave error.
Sobre todo porque en la práctica supone minusvalorar los gestos para
sustituirlos por palabrería no siempre adecuada. Un ejemplo puede ser la misma
lectura del evangelio. El monitor – comentarista puede decir que es importante,
que es la palabra del mismo Cristo, que hay que estar atentos. Vale. Pero
impresiona mucho más y habla mejor de lo que es el evangelio que el sacerdote
haga la procesión de entrada con el evangeliario en alto, lo deposite en el
altar, y en el momento de la proclamación lo tome de nuevo, camine solemnemente
hacia el ambón y además se haga acompañar por dos con ciriales. Hasta el
budista más despistado se da cuenta de que lo que se va a leer es algo muy
serio.
No digamos nada de la
consagración. Las palabras pronunciadas con solemnidad, cirios, campanillas, la
elevación pausada, la genuflexión devota. ¿Hacen falta más palabras? Habla más
de la presencia del Señor una genuflexión correcta ante el sagrario que cuatro
frases por bien construidas que estén.
25 de noviembre de 2014
Hora Santa en el Mes de María
Exposición de Santísimo Sacramento
Meditamos del "Secreto de María" de San Luis María de Montfort:
1. La gracia de Dios es
absolutamente necesaria.
Lo que Dios quiere de
ti, alma que eres su imagen viva, comprada con la Sangre de Jesucristo, es que
llegues a ser santa, como Él, en esta vida, y glorificada, como Él, en la otra.
Tu vocación cierta es adquirir la santidad divina; y todos tus pensamientos, palabras y obras, tus sufrimientos, los movimientos todos de tu vida a eso se deben dirigir; no resistas a Dios, dejando de hacer aquello para que te ha criado y hasta ahora te conserva.
¡Qué obra tan
admirable! El polvo trocado en luz, el pecado en santidad, la criatura en su
Creador, y el hombre en Dios. Obra admirable, repito, pero difícil en sí misma,
y a la naturaleza por sí sola imposible. Nadie si no Dios con su gracia y
gracia abundante y extraordinaria puede llevarla a cabo; la creación de todo el
universo no es obra tan grande como ésta.
24 de noviembre de 2014
Nuevo Prefecto de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos
El nuevo Prefecto nombrado por el Santo Padre es el cardenal Sarah que nació en 1945 en la Guinea Francesa.
Sus estudios iniciales fueron en Ourous, en 1957, entró en el Seminario de
Bingerville, en Costa de Marfil.
Fue ordenado sacerdote el 20
de julio de 1969 a
la edad de 24 años. Incardinado en la diócesis de Conakri. Fue nombrado como
Arzobispo Metropolitano de Conakri el 13 de agosto de 1979 por el papa Juan
Pablo II a la edad de 34 años. Recibió su consagración episcopal el 8 de diciembre
de 1979 por el cardenal Giovanni
Benelli. Mons. Sarah sirvió como ordinario de la Arquidiócesis de
Conakri hasta su nombramiento por el papa Juan Pablo II como Secretario de la Congregación para la Evangelización de
los Pueblos, el 1 de octubre de 2001.
El cardenal Sarah fue designado como presidente del Pontificio
Consejo "Cor Unum", reemplazando al cardenal Paul
Cordes, que había renunciado por su avanzada edad. Cordes había sido presidente
desde 1995.
El 20 de
noviembre de 2010, el papa Benedicto XVI lo nombró cardenal de San Juan Bosco in Via Tuscolana.. El 29 de diciembre de
2010, fue nombrado miembro de la Congregación para la Evangelización de
los Pueblos, del Pontificio Consejo para los Laicos y el Pontificio Consejo
para la Justicia
y la Paz.
23 de noviembre de 2014
Cristo Rey y la Eucaristía
El Reino de Dios «se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y en la resurrección de Cristo, adviene en la última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. Y el Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva al Padre». «Mientras esperamos la venida gloriosa de nuestro Salvador Jesucristo», ésa es la oración de la Iglesia: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20). Nuestro Señor Jesucristo, él mismo es el Reino de Dios entre los hombres.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






