«La “obra de la redención de los hombres y de la perfecta glorificación de Dios” (SC 5b) es realizada por Cristo en el Espíritu Santo por medio de su Iglesia no sólo en la celebración de la eucaristía y en la administración de los sacramentos, sino también, con preferencia a los modos restantes, cuando se celebra
21 de octubre de 2014
La liturgia de las horas y la Eucaristía
«La “obra de la redención de los hombres y de la perfecta glorificación de Dios” (SC 5b) es realizada por Cristo en el Espíritu Santo por medio de su Iglesia no sólo en la celebración de la eucaristía y en la administración de los sacramentos, sino también, con preferencia a los modos restantes, cuando se celebra
20 de octubre de 2014
María y la Eucaristía
Sabemos que, después de la
ascensión de nuestro Señor Jesucristo, la Virgen María fue
«acogida en la casa» del apóstol San Juan (Jn 19,27). Y como los apóstoles
comenzaron a celebrar la eucaristía a partir de Pentecostés, esto nos hace
suponer con base muy cierta que la santísima Virgen participó en la eucaristía
muchas veces hasta el momento de su asunción a los cielos.
19 de octubre de 2014
Beato Pablo VI, ruega por nosotros
La Iglesia católica
rinde este culto latréutico al sacramento eucarístico, no sólo durante la misa,
sino también fuera de su celebración, conservando con la máxima diligencia las
hostias consagradas, presentándolas a la solemne veneración de los fieles cristianos,
llevándolas en procesión con alegría de la multitud del pueblo cristiano.
De esta veneración
tenemos muchos testimonios en los antiguos documentos de la Iglesia. Pues los
Pastores de la Iglesia siempre exhortaban solícitamente a los fieles a que
conservaran con suma diligencia la Eucaristía que llevaban a su casa. En
verdad, el Cuerpo de Cristo debe ser comido y no despreciado por los fieles,
amonesta gravemente san Hipólito.
Consta que los fieles
creían, y con razón, que pecaban, según recuerda Orígenes, cuando, luego de
haber recibido [para llevarlo] el Cuerpo del Señor, aun conservándolo con todo
cuidado y veneración, se les caía algún fragmento suyo por negligencia.
Que los mismos Pastores
reprobaban fuertemente cualquier defecto de debida reverencia, lo atestigua
Novaciano digno de fe en esto, cuando juzga merecedor de reprobación a quien,
saliendo de la celebración dominical y llevando aún consigo, como se suele, la
Eucaristía..., lleva el Cuerpo Santo del Señor de acá para allá, corriendo a
los espectáculos y no a su casa.
18 de octubre de 2014
Mensaje final y oficial del Sínodo: ni comunión para los divorciados vueltos a casar ni reconocimiento de uniones homosexuales
SOLO
RECONOCEN HABER REFLEXIONADO SOBRE LOS DIVORCIADOS
Esta mañana en
Transcribimos el texto íntegro:
Pablo VI será declarado Beato
La sagrada Eucaristía es el misterio de la fe
Ante todo queremos recordar una verdad, por vosotros bien sabida, pero muy necesaria para eliminar todo veneno de racionalismo; verdad, que muchos católicos han sellado con su propia sangre y que célebres Padres y Doctores de la Iglesia han profesado y enseñado constantemente, esto es, que la Eucaristía es un altísimo misterio, más aún, hablando con propiedad, como dice la sagrada liturgia, el misterio de fe. Efectivamente, sólo en él, como muy sabidamente dice nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria, se contienen con singular riqueza y variedad de milagros todas las realidades sobrenaturales.
Es necesario que nos acerquemos particularmente a este misterio, con humilde reverencia, no siguiendo razones humanas, que deben callar, sino adhiriéndonos firmemente a la Revelación divina.
17 de octubre de 2014
La Eucaristía es verdadero sacrificio
Es un sacrificio. Jesús
entiende su muerte como un sacrificio de expiación, por el cual, estableciendo
una Alianza Nueva, con plena libertad, «entrega su vida» –su cuerpo, su sangre–
para el rescate de todos los hombres (cf. Catecismo 1362-1372, 1544-1545). De
sus palabras y actos se deriva claramente su conciencia de ser el Cordero de
Dios, que con su sacrificio pascual quita el pecado del mundo. Que así lo
entendió Jesús nos consta por los evangelios, pero también porque así lo
entendieron sus apóstoles.
La enseñanza de San
Pablo es muy explícita: «Cristo nos amó y se entregó por nosotros en oblación y
sacrificio a Dios de suave aroma» (Ef 5,2; cf. Rm 3,25). Es el amor, en efecto,
lo que le lleva al sacrificio: «Dios probó su amor hacia nosotros en que,
siendo pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8; cf. Gál 2,20). Y por eso
ahora «en Él tenemos la redención por la virtud de su sangre, la remisión de
los pecados» (Ef 1,7; cf. Col 1,20). Por tanto, «nuestro Cordero pascual,
Cristo, ya ha sido inmolado» (1Cor 5,7). Es la misma doctrina que da San Pedro
(1Pe 1,2.9; 3,18).
Igualmente San Juan ve
en Cristo crucificado el Cordero pascual definitivo, el que con su muerte sacrificial
«quita el pecado del mundo» (Jn 1,29.37). Según disponía la antigua ley mosaica
sobre el Cordero pascual, ninguno de sus huesos fue quebrado en la cruz (19,37
= Ex 12,46). Los fieles son, pues, «los que lavaron sus túnicas y las
blanquearon en la sangre del Cordero» (Ap 7,14), es decir, «los que han vencido
por la sangre del Cordero» (12,11). Y ese Cordero degollado preside ahora para
siempre ante el Padre la liturgia celestial (5,6.9.12). Así pues, el sacrificio
de la vida humana de Jesús gana en la cruz la salvación para todos: «él es la
Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino
por los de todo el mundo» (1Jn 2,2).
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