16 de agosto de 2014

La dimensión sagrada de la Eucaristía: motivos de solicitud pastoral y de preocupación


Sin embargo, venerables hermanos, no faltan, precisamente en la materia de que hablamos, motivos de grave solicitud pastoral y de preocupación, sobre los cuales no nos permite callar la conciencia de nuestro deber apostólico.

En efecto, sabemos ciertamente que entre los que hablan y escriben de este sacrosanto misterio hay algunos que divulgan ciertas opiniones acerca de las misas privadas, del dogma de la transustanciación y del culto eucarístico, que perturban las almas de los fieles, causándoles no poca confusión en las verdades de la fe, como si a cualquiera le fuese lícito olvidar la doctrina, una vez definida por la Iglesia, o interpretarla de modo que el genuino significado de las palabra o la reconocida fuerza de los conceptos queden enervados.

La dimensión sagrada de la Eucaristía: la razón de las crisis en la Iglesia son debidas a las "heridas eucarísticas"


Nosotros, Obispos y Sacerdotes, no sólo somos testigos de profundos cambios, sino actores comprometidos en esos procesos de transformación que  afectan a diferentes ambientes de nuestra Iglesia. Y, como sucedió muchas veces a través de tantas épocas y lugares, también la crisis actual de la Iglesia radica principalmente en la herida Eucarística, en la irreverencia y falta de cuidado en el trato con Jesús Eucaristía.

14 de agosto de 2014

Hora santa en la solemnidad de la Asunción de María


Exposición del Santísimo y canto de adoración
 
PRIMER MISTERIO GLORIOSO

 LA RESURRECCIÓN

“Digno es el Cordero degollada de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza” (Ap. 5,12).

LA GLORIA DE LA FE

“La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Hb. 11,1)

 La gloriosa resurrección de nuestro Señor se prolonga en la gloria del Santísimo Sacramento, porque aquí es donde permanece nuestro Salvador Resucitado, derramando Su vida, Su luz y Su amor, sobre todos los que vienen ante Su presencia. Este es el sacramento de la pascua, porque la Eucaristía hace presente todo el Misterio Pascual de Cristo y es la consumación de los misterios de Su vida, muerte y resurrección. La Eucaristía es nuestro Señor Resucitado de donde brota el poder de Su resurrección y se derrama sobre todos los que vienen ante su presencia eucarística, para que Su imagen y semejanza crezca en nosotros. El verdadero cristiano es el que cree que Cristo está vivo hoy en el Santísimo Sacramento, donde permanece amándonos y llamándonos para que vayamos a Él.

“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que Tú has enviado” (Jn. 17,3).

 Si nuestra fe en la Eucaristía es débil, sólo tenemos que decirle:

“Creo, ayuda a mi poca fe” (Mc. 9,24).

Para recibir el regalo de la fe lo único que hay que hacer es pedirlo:

“Yo os digo: Pedid y se so dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Lc. 11,9).

Supliquémosle humildemente como lo hicieron los apóstoles:

“Auméntanos la fe” (Lc. 17,5), y como Pedro, preguntémosle:

“Señor, ¿dónde quién vamos a ir? Tú tiene palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios” (Jn. 6, 68-69)

Cuando Jesús se apareció  a los apóstoles le dijo a Tomás:

“Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn. 20,29).

Con estas palabras Jesús te llama a ti dichoso por tu fe en la Eucaristía. ¡Esta es la gloria de la fe! Creemos en Su presencia real, creemos en la transubstanciación, no porque lo vemos o entendemos cómo ocurre, sino por nuestra FE EN JESÚS, quien

“Mientras estaban comiendo, tomó pan y lo bendijo, lo partió y dándoselo a Sus discípulos dijo: Tomad, comed, ÉSTE ES MI CUERPO” (Mt. 26, 26)

 En Su discurso eucarístico le preguntaron a Jesús:

“¿Qué tenemos que hacer para obrar las obras de Dios? Él respondió: “La obra de Dios es QUE CREÁIS EN QUEN ÉL HA ENVIADO” (Jn. 6,28-29).

Si pudiésemos ver a Jesús, todo el mundo querría estar con Él, pero oculta su gloria y su belleza en el Santísimo Sacramento porque quiere que vengamos a Él por la fe PARA QUE LO AMEMOS POR SÍ MISMO.

Jesús recompensa la fe de todos los que vienen a Él y hace brillar sobre cada persona Su gloria oculta bañando a cada uno con Su belleza; para que en cada momento pasado ante Su presencia eucarística en la tierra, cada alma sea más gloriosa y más bella para el cielo.

“Llenaré de gloria esta Casa... grande será la gloria de esta Casa... y en este lugar daré yo paz” (Ag. 2,7-9)

Aquí encontramos a Jesús como Sus discípulos lo encontraron en el camino de Emaús, y Él nos habla a nuestro corazón:

“La paz con vosotros” (Jn. 20,19). “Ánimo, que soy yo, no temáis” (Mt. 14, 27).

Juan Bautista dio testimonio de Jesús en el Jordán y proclamó “He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1, 29).

Nosotros también damos testimonio de nuestra fe con cada hora santa que hacemos y proclamamos a todo el mundo:

“He ahí el Cordero de Dios” (Jn. 1, 29).

“Digno es el Cordero... de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza” (Ap. 5,12)

Aquí está Jesús, el Cordero Pascual digno e infinitamente merecedor de nuestra adoración incesante, porque Él es la Víctima Divina que murió por nuestra salvación y continúa inmolándose en la Sagrada Eucaristía.

Como el Cordero de Apocalipsis, Jesús da vida al mundo a través de este Santísimo Sacramento. “En el banquete pascual Cristo es consumido, la mente se llena de gracia, y se nos da una prenda de la gloria futura”

En este misterio Eucarístico Jesús exclama:

“Yo soy la resurrección y la vida” (Jn. 11, 25).

Con nuestra adoración eucarística damos testimonio de Su resurrección y le decimos al mundo entero: “Es verdad. El Señor ha resucitado” (Lc. 24, 34). “He aquí a Dios mi Salvador... Yahveh es mi fuerza y mi canción” (Is. 12, 2).

Oración final

Jesús, aumenta nuestra fe en Tu presencia real en el Santísimo Sacramento que es el misterio de nuestra fe; para que, como los discípulos que te reconocieron “en la fracción del pan(Lc. 24, 35) lleguemos a conocerte en la Eucaristía de manera íntima y personal.

Danos una fe viva y profunda, que crezca hasta ser para nosotros “la garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven” (Hb. 11,1), y nos hagas capaces de conocer la dulzura de tu amor, “que excede a todo conocimiento” (Ef. 3, 19).

Te rogamos, por medio del Corazón Inmaculado de María, que ayudes a nuestra parroquia, y a todas las demás parroquias del mundo a ser comunidades de fe para que respondan a Tu deseo de ser amado día y noche en el Santísimo Sacramento, donde Tú nos llamas a orar “constantemente” (1 Ts. 5, 17), porque aquí es donde vives Tú, Nuestro Salvador resucitado, ayudándonos con el poder de Tu resurrección a tener parte en Tus sufrimientos, para que podamos compartir la gloria de Tu resurrección. Con cada ‘Avemaría’  de este misterio profundiza nuestra unión contigo, hasta que nuestra oración sincera sea: “LO ÚNICO QUE QUIERO ES CONOCER A CRISTO JESÚS” (Flp. 3, 10).



13 de agosto de 2014

San Tarsicio: ejemplo de fortaleza



El nombre Tarsicio -según algunos autores- deriva de la palabra griega tharsos, que significa valor, audacia, confianza. Su fortaleza es una prueba más de que -desde los comienzos- la Iglesia entendía las palabras de Jesucristo: esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre, de un modo real, no metafórico.

¿Quién se hubiera dejado lapidar por un símbolo? San Justino afirmaba que la Eucaristía es "la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó", y San Ireneo añadía que el Cuerpo resucitado de Cristo vivifica nuestra carne: al comulgar "nuestros cuerpos no son corruptibles sino que poseen el don de la resurrección para siempre".

11 de agosto de 2014

Santa Clara y la Eucaristía


Santa Clara de Asís se revela también como una auténtica intérprete y copia fiel del padre san Francisco. En sus escritos faltan enseñanzas de especial importancia sobre el misterio eucarístico, pero su vida, según los testimonios de los le estuvieron cerca, fue la lección incomparable de su conciencia de la centralidad de la eucaristía, de su fe luminosa y de su amor apasionado por el sacramento del altar: las mismas características de Francisco.

En el proceso de canonización sus hijas compiten en recordar su gran fe y conmoción mezclada de temor, cuando se acercaba a la mesa eucarística. "Y dijo que dicha madonna Clara se confesaba muchas veces, y recibía a menudo el santo sacramento del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, mientras temblaba toda ella, cuando lo recibía"; "y, de manera especial, derramaba muchas lágrimas cuando recibía el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo".

Mientras en los escritos de san Francisco y en los distintos testimonios se habla de cuerpo y de la sangre, a propósito de Clara no se hace referencia a la sangre, confirmando tal vez la desaparición de la comunión con el cáliz, debido al desarrollo de la devoción a la hostia. La referencia a la confesión, motivada por el deseo de purificación y por la conciencia de la propia indignidad, está en línea con la recomendación de san Francisco y con el uso, en vías de desarrollo, de la confesión frecuente.

5 de agosto de 2014

LA EUCARISTÍA ES UNA RELACIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA CON JESUCRISTO


        La comunión eucarística es expresión de una relación personal y comunitaria con Jesucristo. A diferencia de nuestros hermanos protestantes y en línea con la tradición de la Iglesia, para los católicos ésta expresa la unión perfecta entre la cristología y la eclesiología. Por consiguiente, no puedo tener una relación personal con Cristo y con su verdadero Cuerpo presente en el sacramento del altar y, al mismo tiempo, contradecir al mismo Cristo en su Cuerpo místico, presente en la Iglesia y en la comunión eclesial. Por lo tanto, podemos afirmar sin error que si alguien se encuentra en situación de pecado mortal no puede y no debe acercarse a la comunión.

        Esto sucede siempre, no sólo en el caso de los divorciados vueltos a casar, sino en todos los casos en los que haya una ruptura objetiva con lo que Dios quiere para nosotros. Éste es por definición el vínculo que se establece entre los diversos sacramentos. Por ello, es necesario estar muy atentos frente a una concepción inmanentista del sacramento de la eucaristía, es decir, a una comprensión fundada sobre un individualismo extremo, que subordine a las propias necesidades o a los propios gustos la recepción de los sacramentos o la participación en la comunión eclesial.