Nosotros, Obispos y Sacerdotes, no sólo somos testigos de
profundos cambios, sino actores comprometidos en esos procesos de
transformación que afectan a diferentes ambientes de nuestra Iglesia. Y,
como sucedió muchas veces a través de tantas épocas y lugares, también la
crisis actual de la Iglesia
radica principalmente en la herida Eucarística, en la irreverencia y falta de
cuidado en el trato con Jesús Eucaristía.
16 de agosto de 2014
14 de agosto de 2014
Hora santa en la solemnidad de la Asunción de María
Exposición del Santísimo y canto de adoración
“Digno es el Cordero degollada de recibir el poder, la riqueza, la
sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza” (Ap. 5,12).
“La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Hb. 11,1)
“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero,
y al que Tú has enviado” (Jn. 17,3).
“Creo, ayuda a mi poca fe” (Mc. 9,24).
Para recibir el regalo de la fe
lo único que hay que hacer es pedirlo:
“Yo os digo: Pedid y se so dará; buscad y hallaréis; llamad y se os
abrirá” (Lc. 11,9).
Supliquémosle humildemente como
lo hicieron los apóstoles:
“Auméntanos la fe” (Lc. 17,5), y como Pedro, preguntémosle:
“Señor, ¿dónde quién vamos a ir? Tú tiene palabras de vida eterna, y
nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios” (Jn. 6, 68-69)
Cuando Jesús se apareció a los apóstoles
le dijo a Tomás:
“Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han
creído” (Jn. 20,29).
Con estas palabras Jesús te llama
a ti dichoso por tu fe en la
Eucaristía. ¡Esta es la gloria de la fe! Creemos en Su
presencia real, creemos en la transubstanciación, no porque lo vemos o entendemos
cómo ocurre, sino por nuestra FE EN JESÚS, quien
“Mientras estaban comiendo, tomó pan y lo bendijo, lo partió y
dándoselo a Sus discípulos dijo: Tomad, comed, ÉSTE ES MI CUERPO” (Mt. 26, 26)
“¿Qué tenemos que hacer para obrar las obras de Dios? Él respondió: “La
obra de Dios es QUE CREÁIS EN QUEN ÉL HA ENVIADO” (Jn. 6,28-29).
Si pudiésemos ver a Jesús, todo
el mundo querría estar con Él, pero oculta su gloria y su belleza en el
Santísimo Sacramento porque quiere que vengamos a Él por la fe PARA QUE LO
AMEMOS POR SÍ MISMO.
Jesús recompensa la fe de todos
los que vienen a Él y hace brillar sobre cada persona Su gloria oculta bañando
a cada uno con Su belleza; para que en cada momento pasado ante Su presencia
eucarística en la tierra, cada alma sea más gloriosa y más bella para el cielo.
“Llenaré de gloria esta Casa... grande será la gloria de esta Casa... y
en este lugar daré yo paz” (Ag. 2,7-9)
Aquí encontramos a Jesús como Sus
discípulos lo encontraron en el camino de Emaús, y Él nos habla a nuestro
corazón:
“La paz con vosotros” (Jn. 20,19). “Ánimo, que soy yo, no temáis” (Mt.
14, 27).
Juan Bautista dio testimonio de Jesús en el Jordán y proclamó “He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1, 29).
Nosotros también damos testimonio
de nuestra fe con cada hora santa que hacemos y proclamamos a todo el mundo:
“He ahí el Cordero de Dios” (Jn. 1, 29).
“Digno es el Cordero... de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza” (Ap. 5,12)
Aquí está Jesús, el Cordero Pascual digno e infinitamente merecedor de nuestra adoración incesante, porque Él es
Como el Cordero de Apocalipsis,
Jesús da vida al mundo a través de este Santísimo Sacramento. “En el banquete
pascual Cristo es consumido, la mente se llena de gracia, y se nos da una
prenda de la gloria futura”
En este misterio Eucarístico
Jesús exclama:
“Yo soy la resurrección y la vida” (Jn. 11, 25).
Con nuestra adoración eucarística
damos testimonio de Su resurrección y le decimos al mundo entero: “Es verdad. El Señor ha resucitado” (Lc. 24,
34). “He aquí a Dios mi Salvador... Yahveh es mi fuerza y mi canción” (Is. 12,
2).
Oración final
Jesús, aumenta nuestra fe en Tu
presencia real en el Santísimo Sacramento que es el misterio de nuestra fe;
para que, como los discípulos que te reconocieron “en la fracción del pan” (Lc.
24, 35) lleguemos a conocerte en la Eucaristía de manera íntima y personal.
Danos una fe viva y profunda, que
crezca hasta ser para nosotros “la
garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven” (Hb.
11,1), y nos hagas capaces de conocer la dulzura de tu amor, “que excede a todo conocimiento” (Ef. 3, 19).
Te rogamos, por medio del Corazón
Inmaculado de María, que ayudes a nuestra parroquia, y a todas las demás
parroquias del mundo a ser comunidades de fe para que respondan a Tu deseo de
ser amado día y noche en el Santísimo Sacramento, donde Tú nos llamas a orar “constantemente” (1 Ts. 5, 17), porque
aquí es donde vives Tú, Nuestro Salvador resucitado, ayudándonos con el poder
de Tu resurrección a tener parte en Tus sufrimientos, para que podamos
compartir la gloria de Tu resurrección. Con cada ‘Avemaría’ de este misterio profundiza nuestra unión
contigo, hasta que nuestra oración sincera sea: “LO ÚNICO QUE QUIERO ES CONOCER
A CRISTO JESÚS” (Flp. 3, 10).
13 de agosto de 2014
San Tarsicio: ejemplo de fortaleza
El nombre Tarsicio
-según algunos autores- deriva de la palabra griega tharsos, que significa
valor, audacia, confianza. Su fortaleza es una prueba más de que -desde los
comienzos- la Iglesia entendía las palabras de Jesucristo: esto es mi cuerpo,
ésta es mi sangre, de un modo real, no metafórico.
¿Quién se hubiera
dejado lapidar por un símbolo? San Justino afirmaba que la Eucaristía es
"la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó", y San Ireneo
añadía que el Cuerpo resucitado de Cristo vivifica nuestra carne: al comulgar
"nuestros cuerpos no son corruptibles sino que poseen el don de la
resurrección para siempre".
11 de agosto de 2014
Santa Clara y la Eucaristía
Santa Clara de Asís se revela
también como una auténtica intérprete y copia fiel del padre san Francisco. En
sus escritos faltan enseñanzas de especial importancia sobre el misterio
eucarístico, pero su vida, según los testimonios de los le estuvieron cerca,
fue la lección incomparable de su conciencia de la centralidad de la
eucaristía, de su fe luminosa y de su amor apasionado por el sacramento del
altar: las mismas características de Francisco.
En el proceso de canonización sus
hijas compiten en recordar su gran fe y conmoción mezclada de temor, cuando se
acercaba a la mesa eucarística. "Y dijo que dicha madonna Clara se
confesaba muchas veces, y recibía a menudo el santo sacramento del cuerpo de
nuestro Señor Jesucristo, mientras temblaba toda ella, cuando lo recibía";
"y, de manera especial, derramaba muchas lágrimas cuando recibía el cuerpo
de nuestro Señor Jesucristo".
Mientras en los escritos de san
Francisco y en los distintos testimonios se habla de cuerpo y de la sangre, a
propósito de Clara no se hace referencia a la sangre, confirmando tal vez la
desaparición de la comunión con el cáliz, debido al desarrollo de la devoción a
la hostia. La referencia a la confesión, motivada por el deseo de purificación
y por la conciencia de la propia indignidad, está en línea con la recomendación
de san Francisco y con el uso, en vías de desarrollo, de la confesión frecuente.
6 de agosto de 2014
5 de agosto de 2014
LA EUCARISTÍA ES UNA RELACIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA CON JESUCRISTO
La comunión eucarística es expresión de
una relación personal y comunitaria con Jesucristo. A diferencia de nuestros
hermanos protestantes y en línea con la tradición de la Iglesia, para los
católicos ésta expresa la unión perfecta entre la cristología y la eclesiología.
Por consiguiente, no puedo tener una relación personal con Cristo y con su
verdadero Cuerpo presente en el sacramento del altar y, al mismo tiempo,
contradecir al mismo Cristo en su Cuerpo místico, presente en la Iglesia y en
la comunión eclesial. Por lo tanto, podemos afirmar sin error que si alguien se
encuentra en situación de pecado mortal no puede y no debe acercarse a la
comunión.
Esto sucede siempre, no sólo en el caso
de los divorciados vueltos a casar, sino en todos los casos en los que haya una
ruptura objetiva con lo que Dios quiere para nosotros. Éste es por definición
el vínculo que se establece entre los diversos sacramentos. Por ello, es
necesario estar muy atentos frente a una concepción inmanentista del sacramento
de la eucaristía, es decir, a una comprensión fundada sobre un individualismo
extremo, que subordine a las propias necesidades o a los propios gustos la
recepción de los sacramentos o la participación en la comunión eclesial.
23 de julio de 2014
Aclamaciones Eucarísticas
Todas las aclamaciones Eucarísticas según el Ritual Romano de los Sacramentos:
I.– Bendito sea Dios
Todos: Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo corazón.
Bendita sea su preciosísima sangre.
Bendito sea Jesús en el santísimo sacramento del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo consolador.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada concepción.
Bendita sea su gloriosa asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea san José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
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