Esta tarde quiero meditar con vosotros
sobre dos aspectos, relacionados entre sí, del Misterio eucarístico: el
culto de la Eucaristía
y su sacralidad. Es importante volverlos a tomar en consideración para
preservarlos de visiones incompletas del Misterio mismo, como las que se han
dado en el pasado reciente.
Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del
Santísimo Sacramento. Es la experiencia que también esta tarde viviremos
nosotros después de la misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y al
terminar. Una interpretación unilateral del concilio Vaticano II había
penalizado esta dimensión, restringiendo en la práctica la Eucaristía al momento
celebrativo. En efecto, ha sido muy importante reconocer la centralidad de la
celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne en torno a la
doble mesa de la Palabra
y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a sí en la ofrenda del Sacrificio.






