4 de febrero de 2014

La eucaristía en la vida del sacerdote




Él, que nos ha amado primero, nos ha educado para la entrega total. "Salí al encuentro de quien me buscaba. Dije:  "Heme aquí" a quien invocaba mi nombre". El lugar de la totalidad por excelencia es la Eucaristía, pues "en la Eucaristía Jesús no da "algo",   sino a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre. Entrega así toda su vida, manifestando la fuente originaria de este amor divino" (Sacramentum caritatis, 7).

31 de enero de 2014

Vínculo entre la Eucaristía y el Espíritu Santo



1. La promesa de Jesús: “...seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días” (Hch 1, 5) significa que existe un vínculo entre el Espíritu Santo y el bautismo. Lo hemos visto en la anterior catequesis, en la que, partiendo del bautismo de penitencia que Juan impartía en el Jordán anunciando la venida de Cristo, nos hemos acercado a Aquel que bautizará “en Espíritu Santo y fuego”. Nos hemos acercado también a aquel único bautismo con que debía ser bautizado Él mismo (cf. Mc 10, 38): el sacrificio de la cruz, que ofreció Cristo “por el Espíritu Eterno” (Hb 9, 14) hasta el punto de hacerse “el último Adán” y, como tal, “espíritu que da vida”, según lo que dice San Pablo (cf. 1 Co 15, 45). Sabemos que Cristo “dio” a los Apóstoles el Espíritu que da vida el día de la Resurrección (cf. Jn 20, 22) y, a continuación, en la solemnidad de Pentecostés, cuando todos quedaron “llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 4).

2. Entre el sacrificio pascual de Cristo y el don del Espíritu existe, por tanto, una relación objetiva. Puesto que la Eucaristía renueva místicamente el sacrificio redentor de Cristo, es fácil, por lo demás, entender el vínculo intrínseco que existe entre este sacramento y el don del Espíritu: formando la Iglesia mediante su propia venida el día de Pentecostés, el Espíritu Santo la constituye haciendo referencia objetiva a la Eucaristía y la orienta hacia la Eucaristía.

Jesús había dicho en una de sus parábolas: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo” (Mt 22, 2). La Eucaristía constituye la anticipación sacramental y en cierto sentido una “pregustación” de aquel banquete real que el Apocalipsis llama “el banquete del Cordero” (cf. Ap 19, 9). El Esposo que está en el centro de aquella fiesta de bodas, y de su prefiguración y anticipación eucarística, es el Cordero que “borró los pecados del mundo”, el Redentor.

18 de enero de 2014

Tiempo litúrgico durante el año: el alto grado de la santidad ordinaria



El vuelo majestuoso de las grandes aves del cielo es una imagen frecuente en la literatura espiritual. 

Ella sirve para ejemplificar las altas cimas y las alturas sublimes a las que toda alma cristiana debe remontarse por querer de Dios. 

Por contraposición, el vuelo de las aves de corral, a ras de tierra y de corto alcance, se ha utilizado para ilustrar ese vivir cristiano chato y sin relieve, incapaz de tomar altura por el peso y atracción de las cosas del mundo. 

He aquí una hermosa reflexión al respecto:

30 de diciembre de 2013

El matrimonio vive de la eucaristía


"La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano. En efecto, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto sellada con la sangre de la Cruz (Cfr. Jn.19, 34). Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota -que configura interiormente y vivifica desde dentro- su alianza conyugal. En cuanto representación del sacrificio de amor de Cristo por su Iglesia, la Eucaristía es manantial de caridad. 

27 de diciembre de 2013

San Juan Apóstol y evangelista: la eucaristía como fundamento de la vida cristiana




Himno de Laudes de la Fiesta litúrgica:

Tú que revelaste a Juan
tus altísimos decretos
y los íntimos secretos
de hechos que sucederán,
haz que yo logre entender
cuanto Juan ha contado.
Déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.
 

24 de diciembre de 2013

La Eucaristía en la Navidad




Si en el Niño que María estrecha entre sus brazos, los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucaristía, y  reconocerlo como nuestro Creador,  único Señor  y  Salvador.»