1 de agosto de 2013

La mención del nombre de San José en las plegarias eucarísticas de la Misa

 

 La  Congregación para el Culto Divino, por decisión ya tomada por Benedicto XVI y ahora confirmada por el Papa Francisco, ha hecho público el decreto "Paternas vices" que introduce la mención del nombre del San José en todas las Plegarias Eucarísticas de la Misa.
 
DECRETO
 
En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la Familia del Señor, respondiendo generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo. Este hombre Justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia.
 

17 de junio de 2013

Fe en la Eucaristía


La fe y el amor de Clara a Jesús-Eucaristía era inmenso. El hecho que acabamos de reconstruir nos lo pone de manifiesto. En San Damián había costumbre de adorar al Señor en la reserva extrasacrificial, de acudir a Él para todo.

Hay rasgos y gestos que, en un momento dramático, no se improvisan, nos revelan. Ante el peligro de una avanzadilla de sarracenos desbocados, cuando no contaban con ninguna protección humana ni posibilidad de pedirla, no se pierde la serenidad. ¡Son pobres!... ahí está el secreto. Y pobre es el que se ha lanzado en el despojo existencial porque tiene puesta en Dios toda su confianza. El movimiento habitual de las Hermanas Pobres era cada día: esperarlo todo del Señor, esperar sólo de Él «el PAN nuestro de cada día», que de forma estereotipada en el lenguaje bíblico representa todas las necesidades del espíritu y del cuerpo.

No hay ningún rito de superstición, sino la fe convencida y familiar en la presencia de Jesús en la Eucaristía, cuando Clara hace poner ante ella la píxide de plata y marfil. ¡Con qué humildad, a pesar de su debilidad y la necesidad de ser ayudada, se postra rostro en tierra! «Los instantes de peligro inminente excluyen la reflexión: el corazón revela entonces sus impulsos íntimos. Si Clara acude tan espontáneamente a Cristo en el Santísimo Sacramento, si le pide ayuda y le confía el cuidado de defender a las hermanas, en vez de recogerse simplemente en Dios, es, sin duda, porque estaba habituada a buscar a su Señor en la hostia consagrada».

16 de junio de 2013

El amor hasta el extremo de Clara de Asís a la Eucaristía



Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo... (Jn 13,1).

I. El florecer eucarístico en los tiempos de Clara de Asís

1) Antes del siglo XIII
«Una es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie puede salvarse. En ella es a la vez sacerdote y sacrificio Jesucristo, cuyo cuerpo y sangre se contienen verdaderamente bajo las especies de pan y de vino en el sacramento del altar, por haberse transubstanciado, en virtud de la divina potencia, el pan en el cuerpo y el vino en la sangre».

13 de junio de 2013

El Padre, fuente y fin de la Eucaristía



La Eucaristía es revelación y comunicación del amor del Padre, es el gran abrazo en el que culmina ese gran misterio de su inmensa ternura hacia nosotros; ese gran amor sin «por qué» y sin límites del que hemos nacido y que constituye nuestra verdad última: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado» (Ef 1,3-6).

12 de junio de 2013

La Eucaristía, Banquete del Señor Jesús



«Jesús, el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: --Esto es mi cuerpo entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo: --Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces bebáis de él, hacedlo en memoria mía» (1 Cor 11,23-25). La Eucaristía fue instituida por Jesús y sigue siendo presidida y realizada por él. Él es el novio: «Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero» (Ap 19,9). Por eso la llamamos «cena o banquete del Señor».

Los cuatro relatos que tenemos de la institución de la Eucaristía, en tres Evangelios (Mt 26,17-30; Mc 14,12-25; Lc 22,7-20) y en la primera Carta de San Pablo a los Corintios (1 Cor 11,17-34), y las alusiones a la misma que nos trae el Evangelio de San Juan (Jn 6,51-59), nos ofrecen indicaciones preciosas sobre el significado que Jesús quiso darle a este banquete.