23 de noviembre de 2012

Eucaristía, sacramentum caritatis


Lo que los padres de la Iglesia querían decir con el lenguaje figurado de la embriaguez, santo Tomás de Aquino lo expresa en términos más racionales, diciendo que la eucaristía es “el sacramento del amor”. La unión con el Cristo vivo no puede tener lugar de modo distinto que en el amor; el amor, en efecto, es la única realidad gracias a la cual dos seres vivos distintos, permaneciendo cada uno en su propio ser, pueden unirse para formar una sola cosa. Si el Espíritu Santo es llamado “la misma comunión” con Cristo, es, precisamente, porque él es el Amor mismo de Dios. Todo encuentro con la Eucaristía que no se concluye con un acto de amor, es incompleta.

22 de noviembre de 2012

Himno a Jesucristo, Rey del universo




Himno a Jesucristo, Rey del universo

“oculto en los altares, tras las imágenes de pan y vino”

Del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez


Oh Príncipe absoluto de los siglos,

Oh Jesucristo, Rey de las naciones:

Te confesamos árbitro supremo

De las mentes y de los corazones.

21 de noviembre de 2012

El ministerio del acolitado, ministerio eucarístico



Según hemos escuchado en la Carta a los Hebreos (9, 11-15), el sacrificio de Cristo no es un sacrificio ritual sino la entrega existencial de quien por obra de su libertad y de su amor al Padre y a los hombres se ofreció a sí mismo a Dios. El autor presenta a Cristo resucitado entrando en el santuario celestial, llevando su sangre redentora, la verdadera ofrenda de la que los antiguos sacrificios eran sólo sombra y profecía.

Es esta la realidad que se hace presente en la Eucaristía celebrada por la Iglesia, hecha posible en virtud del sacerdocio celestial de Jesucristo; la liturgia eclesial en la tierra, acción de Cristo y de su Esposa la Iglesia. A esa realidad se asoma el acólito cuando ejerce su ministerio, que incluye distribuir la Sagrada Comunión a los fieles y llevarla también a aquellos que están enfermos, según se dice en el Pontifical. Cuando hagan esto recuerden lo que hemos oído hace unos minutos en el Evangelio (Jn. 6, 51-59): el don eucarístico es el fruto de la encarnación y del misterio pascual: es el pan vivo bajado del cielo, la carne de Cristo para la vida del mundo.

Ese don precioso será puesto en las manos de ustedes y repartido por ellas; no se acostumbren de tal modo a hacerlo que se aletargue la conciencia del misterio que se les confía y cuiden que no los mecanice la rutina.

18 de noviembre de 2012

Hora santa en honor a Cristo Rey



CONTEMPLEMOS AL CORDERO QUE REINA

“El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” Apoc. 5, 12

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión,  te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo  y eres Dios por los siglos de los siglos.

Respondemos: ten piedad de nosotros

Cordero de Dios, que ruegas con amor por los tuyos,

R. Ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que amas hasta el fin a los hombres,

R. Ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que sacias nuestra sed con tu sangre

R. Ten piedad de nosotros.

Jesús, el Cordero Pascual, es digno e infinitamente merecedor de nuestra incesante adoración, porque Él es la Víctima Divina sacrificada por nuestra salvación, que continúa inmolándose a Sí Mismo. De la misma manera que en el cielo hay una incesante alabanza y adoración a Jesús en la Sagrada Eucaristía, que nuestra vida entera también sea una alabanza perpetua. Pidamos con fe que el eterno Cordero provoque en nuestros corazones frágiles la adoración.

17 de noviembre de 2012

50 años del Vaticano II: Sacrosanctum Concilium y la Eucaristía III



Lengua vernácula y latín

54. En las Misas celebradas con asistencia del pueblo puede darse el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la «oración común» y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo, a tenor del artículo 36 de esta Constitución.

Procúrese, sin embargo, que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde.

Si en algún sitio parece oportuno el uso más amplio de la lengua vernácula, cúmplase lo prescrito en el artículo 40 de esta Constitución.

Comunión bajo ambas especies

55. Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor. Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados, en la Misa de su sagrada ordenación; a los profesos, en la Misa de su profesión religiosa; a los neófitos, en la Misa que sigue al bautismo.

16 de noviembre de 2012

50 años del Vaticano II: Sacrosanctum Concilium y la Eucaristía II



Mayor riqueza bíblica en el misal

51. A fin de que la mesa de la palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura.

Se recomienda la homilía

52. Se recomienda encarecidamente, como parte de la misma Liturgia, la homilía, en la cual se exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana. Más aún, en las Misas que se celebran los domingos y fiestas de precepto, con asistencia del pueblo, nunca se omita si no es por causa grave.