EN LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Esta Fiesta pone alas en nuestras almas para volar hasta el Cielo; nos coloca, con la fe, en la mansión gozosa de los elegidos, y nos hace asistir a la liturgia misteriosa de las mansiones eternas. Y podemos repetir con San Juan: «Vi una gran muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y lenguas, que estaban junto al trono y delante del Cordero, revestida de un ropaje blanco, con palmas en sus manos…”
«Alegrémonos todos en el Señor, en este día de la Fiesta que celebramos en honor de Todos los Santos, por cuya solemnidad se alegran los ángeles y alaban con ellos al Hijo de Dios.»
Así canta la Iglesia al ofrecer hoy la misa en honor de todos sus hijos trasladados de la muerte a la vida, del combate al descanso. Día tras día, a través del ciclo del año, va presentando a nuestra veneración y a nuestra imitación sus glorias más espléndidas; pero, Madre fecunda y amorosa, no puede olvidar a aquellos de sus hijos cuyos nombres desconocen los hombres, pero que están escritos en el libro de la vida.




