31 de octubre de 2012

Mensaje de María, Reina de la Paz



¡Queridos hijos! Hoy los invito a orar por mis intenciones. Renueven el ayuno y la oración, porque satanás es astuto y atrae muchos corazones al pecado y a la perdición. Yo los invito, hijitos, a la santidad y a vivir en la gracia. Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor a los que ustedes anhelan. Gracias por haber respondido a mi llamado.
25-10-2012

Comentario del P. Justo Antonio Lofeudo


"Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor a los que ustedes anhelan."

         
A la oración y el ayuno, Ella agrega la adoración a su Hijo, o sea la adoración eucarística. La adoración nos permite ahondar el misterio, tener encuentros con el Señor más profundos, prolongados y perdurables que los que tenemos en las celebraciones eucarísticas, y así, en la medida que entramos en su intimidad Él entra en la nuestra. Porque adorar es penetrar en el misterio del amor de Dios, que es su intimidad más profunda, y dejarse penetrar por su amor. 

28 de octubre de 2012

No hay nueva evangelización sin Eucaristía




Declaraciones del Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, día 26 de octubre de 2012, en la Sala de Prensa del Sínodo de los Obispos, cuyo tema es: “La nueva evangelización para la trasmisión de la fe”

El cardenal Antonio Cañizares hizo declaraciones a los periodistas de lengua española reunidos en la Sala de Prensa de la Santa Sede acerca de los temas considerados en el Sínodo de los Obispos, cuyo tema es “La nueva evangelización para la trasmisión de la fe”.

“El gran reto del Sínodo -dijo el cardenal español- es hacer revivir la presencia de Dios, la necesidad de Dios en el hombre y de manera especial que la Iglesia ser testigo de la presencia de Dios”.

“Dios tiene que estar en el centro de la nueva evangelización --aseveró Su Eminencia- pues todo cambia si Dios existe o no. Es necesario anunciar el reino del Señor para contraponerse a la secularización y la Iglesia tiene que ser testigo”.

27 de octubre de 2012

Himno Eucarístico

Orar con los salmos ante la presencia eucarística



De un libro miniado elaborado por el scriptorum monástico:
Miniatura que representa al rey David tocando el arpa delante del Arca de la Alianza, camino de regreso a Jerusalén.


La palabra griega “psalmos” y la latina “psalmus” vienen del verbo “psallo”, pulsar las cuerdas de un instrumento, el “salterio”, haciéndolas vibrar, como hacía David para calmar los ánimos de Saúl (1 Samuel 16, 16-23). Hoy los sabios escrituristas dicen que los salmos probablemente fueron escritos entre el siglo octavo antes de Cristo y el siglo segundo (a.C..) por autores anónimos – aunque el libro judío con frecuencia los atribuye, entre otros, a David, Asaf y Coré-y que, la mayor parte fueron redactados definitivamente después de volver del destierro de Babilonia y de construir el nuevo Templo en Jerusalem (año 515 antes de Cristo). En los mismos hay odas de una grandiosidad épica y pequeños poemas de una sencillez encantadora.

Desde el 1 hasta el 150 hay un solo tema que palpita en cada uno de estos himnos: Dios. De Él se habla. A Él se le canta; a su misericordia se le pide perdón y a su poderío se le implora protección. Y en la descripción de la Suprema Belleza de Dios y de su infinito amor ningún otro poeta ha logrado superar en belleza literaria a los autores de los salmos. Allí se le canta a la grandeza salvaje de los montes y a las costumbres populares de la gente humilde. Allí se le canta a la historia, a la patria, al mar, a las tempestades y al amor del hogar, y todo con una entonación elevada que llega frecuentemente a las alturas de lo sublime. Los salmos son la voz de todos los que gimen, adoran, dan gracias y piden perdón. Más que Píndaro y Horacio, más que Homero y Dante, los salmistas compusieron cánticos inmortales que resonarán en todos los países, a través de todas las edades, para ser el eco de todos los sentimientos y afectos de la humanidad para con Dios. Así que Dios, al darnos este libro de Plegarias, ha puesto en nuestras manos las más preciadas joyas de la literatura universal.

26 de octubre de 2012

El santo sacrificio de la Misa en el Catecismo Mayor II



2º.- De la manera de asistir a la santa Misa

666.- ¿Qué cosas son necesarias para oír bien y con fruto la santa Misa? - Para oí bien y con fruto la santa Misa son necesarias dos cosas: 1ª., modestia en el exterior de la persona; 2ª., devoción del corazón.

667.- ¿En qué consiste la modestia de la persona? - La modestia de la persona consiste de un modo especial en ir modestamente vestido, en guardar silencio y recogimiento.

668.- ¿Cuál es la mejor manera de practicar la devoción del corazón mientras se oye la santa Misa? - La mejor manera de practicar la devoción del corazón mientras se oye la santa Misa, es la siguiente:

1º. Unir desde el principio nuestra intención con la del sacerdote, ofreciendo a Dios el santo sacrificio por los fines para que fue instituido.

2º. Acompañar al sacerdote en todas las oraciones y acciones del sacrificio.

3º. Meditar la pasión y muerte de Jesucristo y aborrecer de corazón los pecados que fueron causa de ella.

4º. Hacer la comunión sacramental o, a lo menos, la espiritual, al tiempo que comulga el sacerdote.

El santo sacrificio de la Misa en el Catecismo Mayor



1º.- De la esencia, institución y fines del santo sacrificio de la Misa

652.- ¿Es la Eucaristía solamente sacramento? - La Eucaristía, además de sacramento, es también el sacrificio perenne de la nueva ley dejado por Jesucristo a su Iglesia para ser ofrecido a Dios por mano de los sacerdotes.

653.- ¿En qué consiste en general el sacrificio? - El sacrificio en general consiste en ofrecer una cosa sensible a Dios y destruirla de alguna manera en reconocimiento de su supremo dominio sobre nosotros y sobre todas las cosas.

654.- ¿Cómo se llama este sacrificio de la nueva ley? - Este sacrificio de la nueva ley se llama la santa Misa.

655.- ¿Qué es, pues, la santa Misa? - La santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del sacrificio de la Cruz.