En conformidad con el Sumo Pontífice Benedicto XVI, que ha establecido un Año particularmente dedicado “a la profesión de la verdadera Fe” que dará comienzo el próximo 11 de octubre, en el día del cincuenta aniversario de la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Penitenciaría Apostólica ha hecho público el Decreto para ganar el don de las indulgencias durante el Año de la Fe.
14 de octubre de 2012
13 de octubre de 2012
Frutos de la Comunión
Según el R. P. Antonio Royo Marín, los principales efectos que la Sagrada Comunión bien recibida son los siguientes:
1) La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él. Es el primer efecto y más inmediato puesto que en el recibimos real y verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del mismo Cristo. "Yo soy el pan de vida...Yo soy el pan que bajó del cielo...Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es la carne mía para la vida del mundo. En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque la carne mía es verdaderamente comida y la sangre mía es verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. El que come de este pan vivirá eternamente" (Juan, 6, 35-58).
Los alimentos corporales que comemos, los transformamos en carne propia; por el contrario, al comulgar es Cristo quien nos transforma en Él, haciéndonos cada vez más semejantes a Él. El que comulga bien, puede decir con San Pablo: “Cristo vive en mí" (Gálatas, 2, 20). Esto es una maravillosa realidad. Podemos poner un ejemplo, aunque muy imperfecto: al arrojar una esponja al agua, podemos decir que la esponja está en el agua y el agua está en la esponja.
La santa comunión nos une a Cristo de una manera muy estrecha e íntima por medio de una gran caridad y vehemente amor. Después de ser recibido por nosotros, “Jesucristo nos mira como cosa suya propia y nos cuida con especialísimo amor, como cosa a él perteneciente y nos rodea de singular providencia para que seamos y permanezcamos dignos de Él. No sólo tiene cuidado de nuestra alma, sino aún de nuestro propio cuerpo y de toda nuestra persona en orden a nuestra santificación y perfección” .
12 de octubre de 2012
Año de la Fe: "La Sagrada Liturgia, manifestación del misterio de Cristo y de la verdadera Iglesia"
De una breve cita de la
Constitución “Sacrosanctum Concilum” sobre la Sagrada Liturgia, (cfr.n.2), que fuera el primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II en diciembre
1963
“La Liturgia, por cuyo medio "se ejerce la
obra de nuestra Redención", sobre todo en el divino sacrificio de la
Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y
manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la
verdadera Iglesia.
11 de octubre de 2012
Apertura del año de la Fe
De la audiencia en este día de Benedicto XVI:
Mirando en esta luz la riqueza contenida en los documentos del Vaticano II, quisiera nombrar sólo las cuatro Constituciones, casi cuatro puntos cardinales de la brújula capaz de orientarnos. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium nos indica cómo en la Iglesia en primer lugar está la adoración, está Dios, está la centralidad del misterio de la presencia de Cristo.
10 de octubre de 2012
Adoración eucarística: camino de renovación de la Fe
La Adoración Eucarística es un camino de renovación de la Fe, es un modo de permanecer en el amor de Dios uniéndonos íntimamente a Él, cual el sarmiento a la vid, muchos son los frutos que derivan de la Adoración. El más inmediato es la intimidad con el Señor y el poder ahondarla.
Quien adora encuentra paz, una paz desconocida para el mundo. Son muchísimos los testimonios en ese sentido. Personas que nunca pisaron una iglesia y que de pronto por alguna circunstancia o porque el Señor las atrajo entraron a la capilla de adoración y encontraron la paz para ellos desconocida, la que sólo puede dar el Señor.
9 de octubre de 2012
8 de octubre de 2012
Propuesta para el año de la Fe
Podemos decir
los que podrían ser signos de una renovación profunda de la fe:
1.
Que en todas partes se celebrara correctamente la liturgia; que los sacerdotes
fomenten por todos los medios el sacramento de la penitencia, y
estuvieran dispuestos a dedicar horas a este exigente y apasionante
ministerio; que anunciaran orgánicamente el entero misterio de Cristo en la
predicación y en la catequesis, sobre todo el misterio eucarístico
2. Una
participación cada vez más consciente y activa de los fieles en la liturgia,
especialmente en la
Eucaristía ; esto requiere una paciente labor de explicar el
hondo y riquísimo significado de todo lo que se hace y se dice en la liturgia.
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