"Nadie come esta carne sin antes adorarla" (San Agustín)
La Ordenación General del Misal Romano (2002) establece que los fieles durante la consagración deben estar de rodillas, salvo que no puedan por razón de enfermedad, estrechez del lugar u otra causa razonable que lo impida.
En la Sagrada Escritura leemos muchas veces acerca de la oración con genuflexión o de rodillas:
“Josué rasgó sus vestiduras y se postró rostro en tierra ante el arca de Yavé” (Jos, 7, 6).
“Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará” (Is, 45, 23).
“Los que estaban (en la barca) se postraron ante El” (Mt, 14, 33).
“Dijo (el ciego): creo Señor, y se postró ante Él” (Jn, 9, 38).
“toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua rendirá homenaje a Dios” (Rm, 14, 11).
“al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Flp, 2, 10).
“Puesto de rodillas (Esteban mártir, al ser lapidado), gritó con fuerte voz: Señor, no les imputes este pecado” (Hc, 7, 60).
“Pedro los hizo salir fuera a todos, y puesto de rodillas oró” (Hc, 9, 40).
“Diciendo esto (San Pablo) se puso de rodillas con los otros y oró” (Hc, 20, 36).
“Allí, puestos de rodillas en la playa, oramos” (Hc, 21, 5).

