23 de junio de 2012

Fiesta de San Juan Bautista




San Juan Bautista

Debemos honrar a san Juan como a modelo perfecto de adoradores. Estas hermosas palabras son la divisa de la abnegación y del sacrificio eucarístico: ¡que el Santísimo Sacramento crezca, sea conocido y amado y que nosotros nos anonademos a sus pies! Ahora, ved cómo san Juan, en las principales acciones de su vida, ha sido modelo de adoradores. Su vida parece haber sido una adoración continua, y en ella se encuentran los caracteres de la adoración hecha según los cuatro fines del sacrificio, que es el mejor de todos los modos de adorar.

La adoración

La adoración se hace arrodillado en el suelo y con la cabeza inclinada: es éste un primer movimiento que nos lleva a reconocer, a través del velo eucarístico, la majestad infinita de Dios que allí se oculta. A este primer movimiento sucede la exaltación de su grandeza y su amor.

Notad cómo la primera gracia concedida a san Juan es una gracia de adoración. El Verbo se halla en el seno de María e inspira a su Madre que vaya a visitar a santa Isabel, y María lleva ante san Juan a su Dios y a su rey. Como san Juan no puede ir a Jesús porque su madre es muy anciana para emprender este viaje, Jesús se traslada allí. Así obra con nosotros: no pudiendo nosotros ir a Dios, viene Dios a nosotros.

María desata el poder de su divino hijo al saludar a Isabel: aun hoy Jesús está como atado y nada quiere hacer sin María. La voz de María fue la del Verbo Encarnado: Juan se agita en el claustro materno al oír esta voz y revela a su madre el misterio de la presencia de Dios en Maria, haciéndoselo comprender al mismo tiempo, como lo confiesa Isabel a María: Exsultavit infans in utero meo.

Desde entonces Juan es precursor, ve a Dios y le adora en sus movimientos: él le adora, y la alegría de estar en su presencia desborda sobre su Madre.

¡Qué bueno fue nuestro Señor con san Juan! Quiso bendecirle y dársele a conocer en el seno mismo de su madre. ¡Qué grata debió serle esta adoración de su precursor! ¡Era tan espontánea!

Jesús permaneció con él tres meses; uno y otro estaban encerrados en el tabernáculo materno. Juan adoraba constantemente a su Dios, y lo sentía tras el velo que lo separaba de El. Uníos a esta tan buena adoración de san Juan, tan viva y tan sentida, no obstante los velos y las paredes que lo separan de nuestro Señor: Senseras Regem thalamo manentem.

22 de junio de 2012

San Agustín y la Eucaristía

"El salvador, para recomendar con mayor interés la excelsitud del Sacramento, quiso que fuese lo último que se grabase en el corazón y en la memoria de los discípulos"

21 de junio de 2012

San Antonio y la Eucaristía



Homilía del cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, en la misa del 13 de Junio de 2012

La liturgia nos dice que los santos cumplen una triple función en la Iglesia: el ejemplo de sus vidas, la ayuda de su intercesión y el compartir su destino.

La primera lectura puede aplicarse a la vida de san Antonio que fue consagrado en el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal para "llevar la buena noticia a los pobres, curar los corazones destrozados, confortar a los afligidos" y difundir la gracia del Señor. Como los discípulos del evangelio, dejó su nativo Portugal y como auténtico seguidor de san Francisco, enriqueció a miles de cristianos mediante su pobreza. Hay muchos ejemplos edificantes en su vida pero en el contexto del Congreso Eucarístico, deseo concentrarme en el siguiente tema: "San Antonio de Padua vivió una íntima y apasionada relación personal con la Eucaristía; este Divino sacramento marcó sus días, llenándole de esperanza confiada".

Encarando al movimiento de los cátaros que rechazaban los sacramentos, san Antonio fue un testigo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía: "Sí, creo firmemente y profeso que este cuerpo, que nació de la Virgen, colgó en la cruz, reposó en la tumba, resucitó al tercer día y ascendió al cielo a la derecha del padre, este mismo cuerpo fue verdaderamente dado a los apóstoles y esta verdadera realidad es hecha presente cada día por la Iglesia y dada a los fieles...".

Para contrarrestar la influencia de la herejía patarina (un movimiento reformista que empezó en el norte de Italia) y que había desfigurado el dogma de la presencia real, reduciendo la Eucaristía a una simple cena histórica, "sólo una mera memoria, san Antonio, predicando un día en Rimini ilustró plenamente la realidad de la presencia de Jesús en la Hostia consagrada. Sin embargo, los líderes de la herejía no aceptaron el razonamiento del santo y trataron de desacreditar su argumentos. Uno de los líderes le dijo: "Menos palabras ahora: si deseas que crea en este misterio, tendrás que hacer el siguiente milagro: Tengo una mula. la dejaré sin comida tres días seguidos. Cuando hayan pasado los tres días, iremos a verla juntos, yo con hierba y tu con el sacramento. Si la mula rechaza la hierba y se arrodilla y adora 'tu pan', entonces yo mismo lo adoraré". El santo aceptó el desafío y fue a implorar la ayuda de Dios por medio de oración, ayuno y penitencia.

20 de junio de 2012

La adoración eucarística, secreto de la fuerza del beato Alberione



Por el padre José Antonio Pérez, SSP

Estamos viviendo tiempos paradójicos: por una parte un ritmo frenético nos obliga a correr continuamente, y con frecuencia nos impide “vivir” plenamente lo que vivimos; por otra, sin embargo, muchos sienten la necesidad de espacios necesarios no solo para el equilibrio personal, sino también para que la misma actividad logre ser positiva y eficaz. Este dilema, presente en todas partes, lo sienten quizás con más intensidad las personas comprometidas en el testimonio evangélico y en la acción apostólica de la Iglesia. Muchos llevan una vida rica de iniciativas en favor de los demás, con una entrega incondicional, pero con el riesgo de vaciarse y, por tanto, de acabar en un ineficaz compromiso misionero y de evangelización, que en realidad no comunica; en un darse por entero a sí mismos, pero sin dar a Jesús.
Para evangelizar se requiere la fuerza del Espíritu Santo: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, y seréis mis testigos hasta el confín de la tierra” (cf. Hch. 1,8). Es necesario, pues, dejar espacio al Espíritu, que habla en el silencio, “precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes” (Benedicto XVI, mensaje para la 46 Jornada de las comunicaciones sociales).

La adoración, encuentro con Cristo.

Un momento privilegiado para este “silencio” es el de la adoración eucarística, precisamente porque es un momento de encuentro. “En la vida actual, a menudo ruidosa y dispersiva, es más importante que nunca recuperar la capacidad de silencio interior y de recogimiento: la adoración eucarística permite hacerlo no sólo en torno al Yo, sino también en compañía del Tú lleno de amor que es Jesucristo…” (Benedicto XVI, Angelus 10.06.2007).

La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia porque es el sacramento del sacrificio de Cristo, del que hacemos memoria, y es también su presencia viva entre nosotros. No solo simboliza y comunica la gracia, como hacen los demás sacramentos, sino que contiene al Autor de la gracia. De por sí la Misa es el acto de adoración más grande de la Iglesia, pero la adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo que ha tenido lugar en la celebración y hace posible una verdadera y profunda acogida de Cristo.

Así describía este momento el beato Santiago Alberione: “Es un encuentro del alma y de todo nuestro ser con Jesús. Es la criatura que se encuentra con el Creador. Es el discípulo junto al Maestro divino. Es el enfermo con el Médico de las almas. Es el pobre que recurre al Rico. Es el sediento que bebe en la Fuente. Es el débil que se presenta al Omnipotente. Es el tentado que busca Refugio seguro. Es el ciego que busca la Luz. Es el amigo que se dirige al Amigo verdadero. Es la oveja descarriada buscada por el Pastor divino. Es el corazón desorientado que encuentra el Camino. Es el ignorante que encuentra la Sabiduría. Es la esposa que encuentra al Esposo de su alma. Es la nada que encuentra el Todo. Es el afligido que encuentra al Consolador. Es el joven que encuentra orientación para su vida” (UPS II p. 104).

19 de junio de 2012

Eucaristía: Misterio - Sacramento - Sacrificio



LA EUCARISTIA:

Misterio, sacramento y sacrificio

La Eucaristía:

Es misterio.

Es sacramento.

Es sacrificio.


Como misterio, se cree

Como sacramento, se recibe

Como sacrificio, se ofrece.

18 de junio de 2012

Benedicto XVI clausuró el 50 Congreso Eucarístico internacional




Queridos hermanos y hermanas:

Con gran afecto en el Señor, saludo a todos los que os habéis reunido en Dublín para el 50 Congreso Eucarístico Internacional, en especial al Señor Cardenal Brady, al Señor Arzobispo Martin, al clero, a las personas consagradas, a los fieles de Irlanda y a todos los que habéis venido desde lejos para apoyar a la Iglesia en Irlanda con vuestra presencia y vuestras oraciones.

El tema del Congreso – «La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros» – nos lleva a reflexionar sobre la Iglesia como misterio de comunión con el Señor y con todos los miembros de su cuerpo. Desde los primeros tiempos, la noción de koinonia o communio ha sido central en la comprensión que la Iglesia ha tenido de sí misma, de su relación con Cristo, su Fundador, y de los sacramentos que celebra, sobre todo la Eucaristía. Mediante el Bautismo, se nos incorpora a la muerte de Cristo, renaciendo en la gran familia de los hermanos y hermanas de Jesucristo; por la Confirmación recibimos el sello del Espíritu Santo y, por nuestra participación en la Eucaristía, entramos en comunión con Cristo y se hace visible en la tierra la comunión con los demás. Recibimos también la prenda de la vida eterna futura.

17 de junio de 2012

Poesía eucarística en adhesión al cierre del 50 Congreso Eucarístico internacional




Verbo eterno inventor de la materia

quisiste expandir el amor trinitario

y en una locura de amor por lo pequeño

hiciste que un cuerpo unido a Ti atrajera

la alabanza de todo lo creado.