13 de mayo de 2012

El Templo litúrgico y el altar: dos realidades cargadas de profundo simbolismo


Homilía de Mons. Marino, Obispo de Mar del Plata, en la dedicación de la iglesia y del altar de la parroquia San Andrés (Miramar, 10 de mayo de 2012)

Queridos hermanos:

Nos congrega esta tarde la ceremonia de la solemne dedicación de esta iglesia parroquial de San Andrés, donde desde 1891, hace ciento veintiún años, se celebran los sagrados misterios de nuestra fe. También dedicamos el nuevo altar. Gracias a la solicitud pastoral del párroco, P. Fernando Mendoza, este templo se restaura y recupera en parte su antiguo esplendor.

El templo litúrgico y su altar son dos realidades cargadas de profundo simbolismo. Por eso la Iglesia, madre y maestra de los fieles, despliega en los ritos una hermosa pedagogía. Los signos suelen ser más elocuentes que las palabras. La aspersión con el agua, el perfume del incienso, la unción con el óleo llamado crisma, la iluminación del altar y de la iglesia, han de llamar la atención de todos cuantos asistimos a esta celebración.

De esta ceremonia inusual y vistosa, no ha de quedar, sin embargo, el simple recuerdo de una inauguración de cosas nuevas, sino el estímulo poderoso para nuestro mayor compromiso con la fe católica que profesamos.

Nuestro tiempo se caracteriza por una negación del orden puesto por Dios en la naturaleza misma de las cosas y, como consecuencia, asistimos a un verdadero derrumbe del cuerpo de leyes que hasta ahora expresaban ese orden o lo presuponían y lo protegían. La ley divina y natural es ignorada y en lugar de las leyes anteriores se sancionan otras nuevas que nos llenan de estupor.

12 de mayo de 2012

Comentario al Adorote Devote: 2º estrofa



Segunda predicación del P. Raniero Cantalamessa a la casa Pontificia

La historia del «Adoto te devote» es bastante singular. Es atribuido frecuentemente a Santo Tomás de Aquino, pero los primeros testimonios de tal atribución se remontan a no menos de cincuenta años desde la muerte del Doctor Angélico, ocurrida en 1274. Aunque la paternidad literaria está destinada a permanecer hipotética (como por lo demás, para los otros himnos eucarísticos que se atribuyen a su nombre) es cierto que el himno se sitúa en el surco de su pensamiento y de su espiritualidad.

El texto permaneció casi desconocido durante más de dos siglos y tal vez así habría seguido si San Pío V no lo hubiera introducido entre las oraciones de preparación y de acción de gracias de la Misa impresas en el Misal por él reformado de 1570. Desde aquella fecha el himno se ha impuesto en la Iglesia universal como una de las oraciones eucarísticas más amadas por el clero y por el pueblo cristiano. El nuevo Ritual Romano editado por orden de Pablo VI, lo acogió según el texto crítico establecido por Wilmart entre los textos para el culto eucarístico fuera de la Misa.

El abandono del latín corre el riesgo de volver a echarlo en el olvido del que lo rescató San Pío V; por esto es deseable que el año de la Eucaristía contribuya a volver a resaltarlo. Existen de él versiones métricas en los principales idiomas; una, en inglés, por obra del gran poeta jesuita Gerard Manley Hopkins.

Orar con las palabras del «Adoro te devote» significa hoy para nosotros introducirnos en la cálida ola de la piedad eucarística de las generaciones que nos han precedido, de los muchos santos que lo han cantado. Significa tal vez revivir emociones y recuerdos que nosotros mismos hemos experimentado al cantarlo en ciertos momentos de gracia de nuestra vida.

10 de mayo de 2012

San Juan de Ávila y la Eucaristía



“No se trata de tener sentimientos y sensaciones, sino una fe viva y pura”

Carta a los sacerdotes sobre la Eucaristía y San Juan de Ávila 8 de mayo de 2008

Mons. Jesus García Burillo, obispo de Ávila

Mis queridos hermanos sacerdotes: Con verdadero gozo nos encontramos en este festivo tiempo pascual, para celebrar a San Juan de Ávila, patrono del clero secular español, y esperamos que no tardando mucho, podamos celebrarle también como Doctor de la Iglesia Universal. Título bien deseado como lo manifiestan las peticiones elevadas a la Santa Sede por tantas personas y ámbitos de la Iglesia universal, y de manera ferviente, por la Conferencia Episcopal Española y por los obispos hermanos de América.

La relevancia que a la Eucaristía damos en nuestro vigente plan Diocesano de pastoral, expresada con claridad en mi última carta pastoral, me lleva a detenerme en la importancia que la celebración y adoración de la Eucaristía tiene para todos nosotros, pastores en la Iglesia de Ávila. Particularmente por la situación que padecemos en nuestra Diócesis debido a la dificultad para poder atender a todas nuestras comunidades y, quizás también, por un cierto cansancio que sentimos a veces al preparar y celebrar la Eucaristía, tal como habéis manifestado en diferentes ocasiones. Quiera el Señor, que no sea por habernos enfriado en el “Amor primero”, como se dice en el libro del Apocalipsis (Ap 2,4).

San Juan de Ávila puede ayudarnos a nosotros, pastores del pueblo de Dios, a darle el Alimento que nunca perece y que nos da la Vida Eterna: El Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados en la Eucaristía por la salvación de todos los hombres (cf. Jn 6,54; Lc 22,14-20). Las dificultades de todo tipo, ambientales y personales, nunca deben enfriarnos en la celebración eucarística, sino más bien “enfervorizarnos”, es decir, “hacernos hervir en Amor”, sentirnos estimulados en Ella. Vienen al caso las palabras de Bernanós en la situación acrisolante que vivimos: “Tú, que vives en medio del fuego, ¿quieres no quemarte y tomarlo con tenacillas?

Comentario al Adorote Devote



Predicación del Padre Raniero Cantalamessa
Con su encíclica «Ecclesia de Eucharistia» el Santo Padre Juan Pablo II se ha propuesto, dice, renovar en la Iglesia «el estupor eucarístico» [1] y el «Adoro te devote» se presta maravillosamente para lograr este objetivo. Aquél puede servir para dar un soplo espiritual y un alma a todo lo que se hará, en este año, para honrar la Eucaristía.

Un cierto modo de hablar de la Eucaristía, lleno de cálida unción y devoción, y además de profunda doctrina, expulsado por la llegada de la teología llamada «científica», se refugió en los antiguos himnos eucarísticos y es ahí donde debemos ir a buscar si queremos superar un cierto conceptualismo árido que ha afligido al sacramento del altar después de tantas disputas a su alrededor.

La nuestra, sin embargo, no quiere ser una reflexión sobre el «Adoro te devote», ¡sino sobre la Eucaristía! El himno es sólo el mapa que nos sirve para explorar el territorio, la guía que nos introduce en la obra de arte.

9 de mayo de 2012

Poesías eucarísticas



BOCADO

Cuantas veces Jesús me diste tu bocado

En una mesa de incienso y flores,

Y salí al sol, que en poco tiempo,

eclipsé en rechino de dientes y dolores.

Tu bocado no son hierbas amargas

Ni de cordero incapaz de perdonar

Sos Vos mismo humillado en falso pan

Que se arriesga a la cruz de mi pecado

Y se derrama en mi corazón avinagrado.

No te canses Jesús te lo suplico,

De invitarme tantas veces más,

Dile a tu Padre…que soy tan sordo

Y ven a buscarme que aún lloro,

Setenta veces más, arrepentido.


P.G.B.

8 de mayo de 2012

La Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino y la Eucaristía




NOTA INTRODUCTORIA AL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

Santo Tomás fue un cantor místico de la Eucaristía. Su experiencia de creyente que de modo singular nos ofreció en el oficio litúrgico para la fiesta del «Corpus Christi», también se ve aquí especialmente cuando habla sobre la eficacia o espiritualidad de la Eucaristía (q.79). Pero estas cuestiones de la Suma significan un delicado esfuerzo racional por articular dicha experiencia en mediaciones aproximativas y comprensibles.
En el proceso de la iniciación cristiana, la Eucaristía es el sacramento que mantiene y promueve la vida y la virtud en el ser humano (q.65 a.l). Pero es también el sacramento donde todos los demás sacramentos encuentran consistencia (q.65 a.3). Un sacramento general que realiza la unión entre Cristo y su cuerpo que es la Iglesia (q.79 a.l c.).
La Escritura es fuente primera en esta reflexión; se traen las referencias de los textos más importantes aunque no inciden suficientemente en el discurso racional. Se utiliza bien la tradición patrística, especialmente la doctrina de San Agustín. También son lugar teológico y punto de partida la práctica litúrgica y la legislación canónica. Dentro de las limitaciones que tiene la liturgia latina de su tiempo, Santo Tomás trata de justificar la legislación vigente haciendo una sabrosa «lectura espiritual», por ejemplo en la q.74.
Para interpretar la conversión eucarística se acude a la filosofía de Aristóteles. Pero la q.75, a.l, deja bien sentado que la presencia real de Cristo en la Eucaristía es artículo de fe que se apoya en la autoridad divina. No hay que olvidar esta confesión para no absolutizar la lógica racional que marca el discurso en esa cuestión. En varias ocasiones y a imperativo de la fe, Santo Tomás rompe con la lógica racional y remite a la omnipotencia de la virtud divina. Se vale del sistema filosófico pero únicamente le concede un puesto de mediación.
Entre los muchos valores de este tratado son destacables: 1. Aplicación matizada de la definición de sacramento, haciendo ver sin embargo la singularidad de la eucaristía; 2. Unión inseparable entre la sacramentalidad y la sacrificialidad; se trata de un sacrificio sacramental, y hay que interpretar la sacrificialidad en el dinamismo del sacramento (q.60 a.3); 3. La espiritualidad o efecto de la Eucaristía como centro de la existencia cristiana y de la unidad de la Iglesia.

Textos litúrgicos de la Misa de Nuestra Señora de Luján



Antífona de entrada
Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar esta festividad en honor de la santísima Virgen María. Los ángeles se regocijan por esta solemnidad y alaban al Hijo de Dios. Aleluia.

Oración colecta

Señor, mira con bondad la fidelidad de tu pueblo
y concédenos que, por los méritos e intercesión
de la santísima Virgen María,
obtengamos los dones de tu gracia en la vida presente
y la salvación eterna en el cielo.

Oración sobre las ofrendas

Señor, te rogamos, por tu bondad
y por la intercesión de la santísima Virgen María,
que este sacrificio nos dé la prosperidad y la paz
en esta vida y en la eterna.

Prefacio: SANTA MARÍA DE LUJÁN, MADRE DEL PUEBLO ARGENTINO

V: El Señor está con ustedes.
R: Y con tu espíritu.
V: Levantemos el corazón.
R: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R: Es justo y necesario.
Realmente es justo y necesario,
Padre todopoderoso,
que entonemos siempre en tu honor
himnos y cantos de alabanza,
especialmente por el amor sin límites
que quisiste manifestarnos en María, Virgen y Madre:
Una humilde imagen de su limpia y pura Concepción
se quedó milagrosamente en la Villa de Luján
como signo de su maternal protección
sobre tu pueblo peregrinante en la Argentina,
para que llevados de su mano
podamos llegar al trono del Cordero inocente
que quita el pecado del mundo,
Cristo Jesús, tu Hijo y nuestro único Salvador.
A él lo alaban el cielo y la tierra,
los ángeles y los santos,
diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión
A ningún otro pueblo trató así el Señor, ni le dio a conocer sus mandamientos. Aleluia.

Oración después de la comunión

Señor, alimentados con este sacramento
de nuestra salvación,
te pedimos que experimentemos en todo lugar
la protección de la santísima Virgen María,
en cuyo honor te hemos ofrecido este sacrificio.