24 de marzo de 2012

Es Cristo que pasa

"Y con la Sagrada Eucaristía, sacramento - si podemos expresarnos así - del derroche divino, nos concede su gracia, y se nos entrega Dios mismo: Jesucristo, que está realmente presente siempre- y no sólo durante la Santa Misa - con su Cuerpo, con su Alma y con su Divinidad."



San José María Escrivá de Balaguer

23 de marzo de 2012

El Tesoro más precioso de la Iglesia

El Papa Pablo VI (al concluir el Concilio Vaticano II, en 1965)
en su Encíclica Mysterium Fidei, comienza con estas palabras:
El misterio de fe, es decir, el inefable don de la Eucaristía, que la Iglesia católica ha recibido de Cristo, su Esposo, como prenda de su inmenso amor, lo ha guardado siempre religiosamente como el tesoro más precioso, y el Concilio Ecuménico Vaticano II le ha tributado una nueva y solemnísima profesión de fe y culto. En efecto, los Padres del Concilio, al tratar de restaurar la Sagrada Liturgia, con su pastoral solicitud en favor de la Iglesia universal, de nada se han preocupado tanto como de exhortar a los fieles a que con entera fe y suma piedad participen activamente en la celebración de este sacrosanto misterio, ofreciéndolo, juntamente con el sacerdote, como sacrificio a Dios por la salvación propia y de todo el mundo y nutriéndose de él como alimento espiritual.
Porque si la Sagrada Liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el Misterio Eucarístico es como el corazón y el centro de la Sagrada Liturgia, por ser la fuente de la vida que nos purifica y nos fortalece de modo que vivamos no ya para nosotros, sino para Dios, y nos unamos entre nosotros mismos con el estrechísimo vínculo de la caridad.

13 de marzo de 2012

Este es el Misterio de la Fe

El pueblo cristiano, postrado en adoración ante el Señor Jesús, real y substancialmente presente en las especies del pan y del vino apenas consagrados, escucha la proclamación del sacerdote: mysterium fidei. Y así la teología sacramental está llamada a pensar el sacramento eucarístico como la manifestación de la verdad absoluta del misterio pascual a través del encuentro entre la libertad de Dios y la libertad del hombre.
Mysterium fidei: en estas dos palabras, elegidas por el Santo Padre como título del primer capítulo de la encíclica Ecclesia de Eucharistia, se nos ofrece de forma extremadamente sintética el contenido esencial del credo eucarístico.
Mysterium: el término es utilizado por san Pablo para indicar el designio salvífico de la Trinidad. Un designio que encuentra su origen en el amor intratrinitario entre el Padre y el Hijo en el Espíritu que quiere hacer partícipes a todos los hombres de su misma Vida; que se cumple en la Pascua de Jesucristo – muerte y resurrección – encuentro de benevolencia trinitaria y obediencia del Verbo encarnado; que da lugar al nacimiento de la Iglesia como forma mundi y que incluye la redención del cosmos.
Y mysterium fidei: la referencia a la fe presente en la aclamación eucarística implica el contenido de la fe de la Iglesia que se transmite de generación en generación y el acto de libertad en virtud del cual el cristiano se adhiere con toda su humanidad (razón y voluntad) a la libertad trinitaria que le sale al encuentro en el sacramento eucarístico.

(Cardenal Angelo Scola,
en el XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, Guadalajara, Mexico, octubre de 2004)

5 de marzo de 2012

La Institución de la Eucaristía



Jesús sabe que va a su sacrificio,
hace en su última Cena testamento,
un mandato de amor y un sacramento,
pilares de su sólido edificio.

Da ejemplo de humildad y de servicio
a los llamados a su seguimiento
con su íntima renuncia y vencimiento
de su repulsa humana ante el suplicio.

Él es la oblación pura, Nueva Alianza,
su inmolación perdona la condena,
nos destina a herederos de la gloria.

En la Cena inaugura la esperanza
de eterna vida, rompe la cadena
con su mística entrega expiatoria.

Llega el momento de la Eucaristía.
Jesús eleva el pan y, bendiciendo,
esto es mi Cuerpo, dice, os encomiendo
lo comáis por la fe, en memoria mía.

Toma la copa de la profecía
con el vino y la eleva, bendiciendo,
esta es mi Sangre, dice, os encomiendo
la bebáis por la fe, en memoria mía.

Él es el Pan de Vida, el que lo coma
vivirá para siempre, es su promesa,
y estará en este mundo hasta el final.

Derramará su Sangre de paloma
mensajera de paz, y habrá en su mesa
vino de redención universal.

El milagro se ofrece cada día
por las manos del lícito oferente,
todo un Dios infinito, omnipotente,
se da entero, cosecha de agonía.

Nos espera en amante cercanía
como agua, vino y pan, limpio torrente,
zumo añejo de amor, viva simiente,
alimentos de célica alegría.
¡Qué milagro se ofrece cada día
ante la humanidad indiferente!,
todo un Dios, infinito, omnipotente,
da su cuerpo, cosecha de agonía.

Nos espera en amante cercanía
como agua, vino y pan, limpio torrente,
zumo añejo de paz, viva simiente,
alimentos de célica alegría.

¡Que humildad!, en el fruto consagrado
está Dios, el espíritu inmortal,
clamando por el alma redimida.

Olvida su dolor, nuestro pecado,
nos ofrece su reino celestial
en su Pan y en su Vino de la Vida.

Emma-Margarita R.A. -Valdés




Sacrificio y Sacramento




De un sermón de Santo Tomás de Aquino para la fiesta del Cuerpo de Cristo:






"Jesús quiso que la inmensidad de este amor quedase grabada en lo más profundo del corazón de los creyentes. Por eso en la última Cena, después de celebrar la Pascua con sus discípulos y a punto de pasar de este mundo al Padre, instituyó este sacramento como memorial perpetuo de su Pasión, como realización de las antiguas figuras, como el mayor milagro que había hecho y el mayor consuelo para aquellos que dejaría tristes con su ausencia."