5 de marzo de 2012

Sacrificio y Sacramento




De un sermón de Santo Tomás de Aquino para la fiesta del Cuerpo de Cristo:






"Jesús quiso que la inmensidad de este amor quedase grabada en lo más profundo del corazón de los creyentes. Por eso en la última Cena, después de celebrar la Pascua con sus discípulos y a punto de pasar de este mundo al Padre, instituyó este sacramento como memorial perpetuo de su Pasión, como realización de las antiguas figuras, como el mayor milagro que había hecho y el mayor consuelo para aquellos que dejaría tristes con su ausencia."

4 de marzo de 2012

En el año de la Fe será fundamental la Eucaristía




Del Papa Benedicto XVI en Porta Fidei, 3:


"Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de Vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6,51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: "Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la Vida eterna" (Jn 6,27)

Canto Eucarístico Cuaresmal



Oh, Víctima inmolada!


por nuestra redención


de cuyas llagas brotan


las aguas del perdón.


Con mis frecuentes culpas


mil veces te ofendí,


perdona mis pecados


y ten piedad de mí.


¡Oh, cuánto amor respira


tu abierto corazón!


Tu muerte fue mi vida,


tu Cruz mi Salvación.

28 de febrero de 2012

San Luis Gonzaga y la Eucaristía

Era a la sazón arzobispo de Milán el glorioso San Carlos Borromeo; practicaba la Santa Visita Pastoral y detúvose con este objeto en Castellón,de Italia, patria del joven Luis. Fue éste a visitarle, y trató con él de cosas del cielo, y dejóle entrever el fondo de heroicas virtudes que encerraba su tierna alma. Preguntó el Santo Arzobispo a Luis, si se acercaba a menudo a los Santos Sacramentos, y contestándole éste que no había recibido todavía su primera Comunión, le repuso el Prelado que quería dársela desde luego por su propia mano; dejándole por especial encargo el de acudir con mucha frecuencia a la Santa Eucaristía, y fue desde entonces Luis asiduo en el cumplimiento de esta devotísima práctica.
Es ella la fragua en que se templan a lo divino los afectos todos del corazón, para que no le hagan mella terrenas y bastardas pasiones: es ella el tierno hogar de las almas amigas de Cristo, donde reciben del Divino Esposo íntimas y misteriosas confidencias. El fuego de la mocedad, las ilusiones seductoras del mundo, los atractivos del interés y de la ambición, la falsa gloria y la embriaguez de los vanos aplausos, todo se ve en su verdadera luz y en su miserable realidad de ruín y postiza nadería, cuando se examina y se estudia a la luz de Cristo Sacramentado.
Te invitamos a mirar el siguiente link que nos presenta el hermoso pensamiento del santo sobre la Eucaristía:

Eucaristía: Jesús, el verdadero Cordero Inmolado


La invitación del sacerdote para acercarse a comulgar dice:
“Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor”
La misión para la que Jesús vino a nosotros llega a su cumplimiento en el Misterio pascual. Desde lo alto de la cruz, donde atrae todo hacia sí (cf. Jn 12,32), antes de « entregar el espíritu » dice: « Todo está cumplido » (Jn 19,30). En el misterio de su obediencia hasta la muerte, y una muerte de cruz (cf. Flp 2,8), se ha cumplido la nueva y eterna alianza.
La libertad de Dios y la libertad del hombre se han encontrado definitivamente en su carne crucificada, en un pacto indisoluble y válido para siempre. También el pecado del hombre ha sido expiado una vez por todas por el Hijo de Dios (cf. Hb 7,27; 1 Jn 2,2; 4,10).
Como he tenido ya oportunidad de decir: « En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es el amor en su forma más radical ».
En el Misterio pascual se ha realizado verdaderamente nuestra liberación del mal y de la muerte. En la institución de la Eucaristía, Jesús mismo habló de la « nueva y eterna alianza », estipulada en su sangre derramada (cf. Mt 26,28; Mc 14,24; Lc 22,20). Esta meta última de su misión era ya bastante evidente al comienzo de su vida pública. En efecto, cuando a orillas del Jordán Juan Bautista ve venir a Jesús, exclama: « Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo » (Jn 1,19).
Es significativo que la misma expresión se repita cada vez que celebramos la santa Misa, con la invitación del sacerdote para acercarse a comulgar: « Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor ». Jesús es el verdadero cordero pascual que se ha ofrecido espontáneamente a sí mismo en sacrificio por nosotros, realizando así la nueva y eterna alianza. La Eucaristía contiene en sí esta novedad radical, que se nos propone de nuevo en cada celebración.
(Exhortación Apostólica Post-sinodal SACRAMENTUM CARITATIS
del Papa Benedicto XVI – 22 de febrero de 2007 – número 9)

27 de febrero de 2012

La Eucaristía, prolongación de la presencia de Cristo entre los hombres

Sobre los escritos de Santa Teresa de Ávila  referidos a la Eucaristía.
Para Santa Teresa de Jesús, doctora mística por excelencia la Eucaristía es presencia "velada" de la Humanidad de Cristo, como la Encarnación fue presencia velada de su Divinidad. La Eucaristía, bajo los signos del pan y del vino, es una nueva "forma" de su Persona Gloriosa. Su Divina Majestad, el Esposo, el Señor, "disfrazado" en el Santísimo Sacramento. Santa Teresa habla de este modo especialmente en el comentario que hace a la petición del Padrenuestro "Panem nostrum quotidianum da nobis hodie" en los capítulos 33, 34 y 35 de su Libro Camino de Perfección.
Habla también la Santa de una Majestad tan grande disimulada bajo los accidentes del pan y del vino (cfr. C 33,9), o disimulada "en cosa tan poca como la Hostia" (V 38,21). Pero todo ello hecho en una cercanía máxima, aunque misteriosa. El misterio no suprime nada a la cercanía que se da en el Santísimo Sacramento. Cercanía misteriosa, importante y decisiva, para el orante, necesitado de entrar en la presencia misteriosa del Otro -de Cristo-, para posibilitar el trato recíproco de amor.
Esa misteriosa presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento es la más excelente plataforma para poder realizar todas las formas de la oración: adorar, bendecir, dar gracias, alabar, reparar, pedir... Y de modo muy singular, para unirse a Cristo, y orar con Él y por Él al Padre, por la Iglesia (cfr. C capítulo 34)
La Eucaristía es misterio de presencia y de comunión: principio y semilla de unión. Esta comunión es propuesta por Teresa como un proceso de interiorización-inmersión. Comulgando interiorizamos al Señor, y nos interiorizamos por inmersión con Él: Él en nosotros, y nosotros en Él. Usa la Santa los términos bíblicos de "templo" y "posada", para aplicarlos a ese momento del Banquete Eucarístico, en el que el Señor se convierte en comida -y bebida- del que comulga. Lo más importante en ese momento de la Comunión es la "unión" que se realiza entre Cristo y el comulgante.
La Eucaristía es manifestación suma de Cristo y de su amor. En ella se nos descubre, se nos da a conocer, de manera especial; está oculto, pero dispuesto a manifestarse al que comulga según la medida de sus deseos. El Señor tiene muchísimas formas de manifestarse; pero de hecho "se descubre" del todo, sólo "a quien mucho lo desea" (C 34,10 y 12). No se olvide que el Sacramento-Banquete requiere hambre espiritual para ser recibido adecuadamente.
Cristo en la Eucaristía está sacrificado; de este modo puede ser ofrecido en sacrificio al Padre. No sólo en la Misa. Ni sólo el sacerdote. Sino en cualquier momento y por cualquiera de nosotros, llamados así a ejercer lo sumo del sacerdocio bautismal por el que se participa del único sacerdocio de Cristo (cfr. C capítulo 35). Este aspecto, que acabo de reseñar, adquiere valor especial en la formación de la carmelita, pues la Santa la responsabiliza con la oración, desde el primer capítulo de Camino de Perfección, de las grandes necesidades de la Iglesia.
La Comunión es el momento de "negociar" con el Señor; es decir, es el momento de la petición, de la intercesión: "Estaos con Él de buena gana. No perdáis tan buena sazón [es decir, tan buena oportunidad] de negociar como es la hora después de haber comulgado. Si la obediencia os mandare, hermanas, otra cosa, procurad dejar el alma con el Señor" (C 34,10). Es también tiempo oportuno para que se nos dé a conocer, para que nos enseñe este buen Maestro, y para suplicarle que no se vaya de junto a nosotros (cfr. C 34,10). En la memoria de las primeras carmelitas fundadas por santa Teresa de Jesús quedó impreso el recuerdo de la última oración de la Mística Doctora en el lecho de muerte. Ya sin fuerzas, al acercarse el Santísimo a su celda, la enferma se incorpora en la tarima, inicia en voz alta el último diálogo con Dios, y le repite una y otra vez: "Hora es ya, Esposo mío, de que nos veamos". Bellísima catequesis práctica de santa Teresa de Jesús acerca del Santísimo Sacramento: la Eucaristía, sacramento-sacrificio, y celebración gozosa del Misterio Pascual.
(del profesor Mauricio Martín del Blanco)



24 de febrero de 2012

Letanías Eucarísticas para Cuaresma y Semana Santa




Invocación inicial
Dios mío, ven en mi auxilio,
Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos


A cada aclamación se responde: “Ten piedad de nosotros”
Dios, Padre celestial
Dios, Hijo redentor del mundo
Dios, Espíritu. Santo
Trinidad santa, un solo Dios

Hijo de David
Siervo de Yahvé
Cristo crucificado
Salvador del mundo
Hijo amado del Padre
Obediente hasta la muerte
Santo y Justo
Redentor nuestro
Varón de dolores
Conocedor de todos los quebrantos
Odiado por el mundo
Despreciado y estimado en nada
Herido por nuestras maldades
Arrancado de la tierra de los vivos
Entregado por nuestros pecados
Resucitado para nuestra justificación
Piedra de escándalo
Piedra angular rechazada
Roca nuestra fundamental
Jesús, manso y humilde de corazón
Cordero inmaculado
Ofrecido en sacrificio
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
Pastor bueno, que das la vida por nosotros
Sacerdote eterno
Mediador de la Nueva Alianza
Sacerdote santo, inocente e inmaculado
Jesús orante y suplicante
Medicina de Dios
Causa de salud eterna
Jesús, servidor nuestro
Jesús, abogado nuestro
Jesús, amigo nuestro
Jesús, hermano nuestro
Jesús, camino nuestro
Jesús, verdad nuestra
Jesús, vida nuestra
Jesús, evangelio nuestro
Jesús, nuestro reconciliador
Jesús, nuestra pascua
Jesús. nuestra paz
Jesús. nuestra vid verdadera
Jesús, precursor nuestro
Jesús, santificador nuestro
Jesús, presente en nosotros
Fiador de la Nueva Alianza
Esperanza de la gloria celeste
Nuestro Dios y Salvador Jesucristo

C: Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R: Y danos tu salvación.

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos, y salió victorioso del sepulcro. Te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con Él a la vida eterna. Que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.