27 de enero de 2011

Quienes amamos a Juan Pablo II estamos felices por su beatificación

El Papa Benedicto XI se refirió a la beatificación de Juan Pablo II tras el rezo del Angelus:

El Papa se refirió a la beatificación de Juan Pablo II tras el rezo del Ángelus
La Beatificación: "Será el segundo domingo de Pascua, que el mismo Juan Pablo dedicó a la Divina Misericordia, y en cuya vigilia terminó su vida terrena. Cuantos lo conocieron, cuantos lo respetaron y los que lo amaron no podrán menos que gozar con la Iglesia por este acontecimiento. ¡Estamos felices!"
... "Les deseo una profunda preparación espiritual a este acontecimiento y de corazón los bendigo a todos".
Dios quiera que este deseo del papa Benedicto XI sea realidad en nuestras vidas y acreciente nuestro amor a Jesús que desde la Eucaristía nos regala su infinita Misericordia.

17 de enero de 2011

Juan Pablo II será beato


Con mucha alegría toda la Iglesia ha recibido la noticia de que el próximo 1 de mayo nuestro amado Juan Pablo II será proclamado beato.

En este blog dedicado a la Eucaristía queremos hacer mención de esta gozosa noticia ya que es el gran Juan Pablo II quien ha inspirado, con su magisterio y su vida, el origen de este espacio en internet.

Dios quiera que su próxima betaificación sea una nueva primavera de adoradores eucarísticos como lo fue él.

Recordemos un pensamiento que dejara a los jovenes en la jornada mundial de la juventud que celebró el domingo de Ramos de 1987 aquí en la Argentina:

"El hombre no puede vivir sin amor. El permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente"

Juan Pablo II, Magno, concédenos la gracia de descubrir que en la Eucaristía participamos vivamente del Amor de Dios.

6 de enero de 2011

"¡Hemos venido a adorarte, Señor!"


El mismo Jesús que adoraron los reyes venidos de Oriente, se nos ofrece hoy en la Eucaristía a cada uno de nosotros. Contagiémosnos de estos sabios, la sencillez de descubrir al Rey de Reyes en la humildad: ellos sólo vieron a un Niño envuelto en pañales; nosotros sólo vemos un pedazo de Pan. Ellos preguntaron: "¿Dónde está?"; nosotros ya sabemos la respuesta. Queremos adorarte, Señor; aumentanos la fe.

"Entre, entre en la familia de los patriarcas la totalidad de los gentiles, y reciban los hijos de la promesa la bendición de la descendencia de Abraham, a la que han renunciado los hijos según la carne. En la persona de los tres magos adoren todos los pueblos al Autor del universo; y sea Dios conocido no sólo en Judea, sino en todo el orbe, a fin de que en todas partes su fama sea grande en Israel.

Adoctrinados, amadísimos hermanos, por estos misterios de la gracia divina, celebremos, llenos de gozo espiritual, el día de nuestras primicias y el comienzo de la vocación de los gentiles, dando gracias a Dios misericordioso que, como dice el Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido; porque, como había profetizado Isaías, el pueblo de los gentiles que caminaba en tinieblas vio una grande luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras brilló un intenso resplandor. De ellos dice el mismo profeta, dirigiéndose al Señor: Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti.

Éste es el día que Abraham contempló y saltó de gozo, al reconocer a los hijos de su fe que habían de ser bendecidos en su descendencia, que es Cristo; y, al contemplar de antemano que había de ser por su fe padre de todas las gentes, dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, que lo había prometido, tenía también poder para cumplirlo.

Éste es el día que cantó el salmista, cuando dijo: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.

Sabemos que estas predicciones empezaron a cumplirse desde que la estrella hizo salir de su lejano país a los tres magos, para que conocieran y adoraran al Rey de cielo y tierra. Su docilidad es para nosotros un ejemplo que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las invitaciones de la gracia, que nos lleva a Cristo."

San León Magno, papa

4 de enero de 2011

Jesús está VIVO



La gente comenzó a venir a mi diciendo: “No siento nada en la Misa. Es aburrida. Saco mucho mas de un encuentro de oración que está lleno de vida y donde me siento bien.”
Yo siempre respondo: “La fe y los sentimientos son dos cosas distintas. No hay un lugar en la Palabra de Dios donde Jesús haya dicho: “Por sus sentimientos serán salvados” o “Por sus sentimientos serán sanados”. Él encomendó a la gente a su fe. La fe es creer en lo que no vemos. Jesús dijo: “Bienaventurados los que creen sin haber visto.””

Este es nuestro gran reto como católicos. No podemos explicar la Eucaristía porque es un milagro y un misterio. Lo que cuenta no es entender con la mente, sino creer con el corazón. No son los sentimientos los que hacen presente a Cristo en la Eucaristía. Es el poder del Espíritu Santo actuando a través del sacerdote ordenado lo que hace a Cristo presente para nosotros en la Eucaristía. Puede ser que yo no sienta nada, pero aún así, Jesús está ahí.
Necesitamos pensar en lo que Jesús hizo luego de que Pedro profesó su fe en Él. Jesús no sólo habló sin hacer nada. Esa fue una enseñanza profética. Si leemos Juan 6, veremos que Jesús no dijo: “Bueno, esto parece pan sagrado” ni “Este pan será bendito”. No, Él dijo: “Este es el Pan vivo bajado del Cielo. Aquel que coma de mi Carne y beba de mi Sangre tendrá Vida Eterna”. Y en los relatos de la Pascua en Mateo, Marcos y Lucas, Jesús dice: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por ustedes. Esta es la Sangre de la nueva alianza que será derramada por muchos para el perdón de los pecados”.
La Misa y la fe en la Eucaristía no tienen nada que ver con los sentimientos. Estoy segura de que los apóstoles no sintieron nada extraordinario cuando fueron desafiados a tener una fe así, cuando tuvieron que creer algo que todavía no habían visto y tampoco podían entender. Los mismo sucede con nosotros cuando vamos a Misa. Asistimos a la Eucaristía cada domingo con la fe de Pedro y decimos: “Creo que este es el Cristo vivo que ha bajado hoy a nuestro altar. En verdad voy a recibirlo”.
Si creo verdaderamente que la Misa en un encuentro con Jesús vivo, me daré cuenta de que este se da de dos maneras muy concretas y poderosas. Encuentro a Jesús a través de la proclamación de la Palabra de Dios. El diácono o sacerdote que proclaman el Evangelio para mí de hecho me están entregando una Palabra viva que me purifica, me sana, me libera. Cuando recibo la Eucaristía, recibo el alimento para mi alma.
En la mesa del Señor, recibo dirección y guía para mi camino en la vida. En la Eucaristía, recibo el alimento que me fortalece para vivir lo que acabo de escuchar en la proclamación del Evangelio.



De Los milagros sí suceden, Briege McKeena, osc

27 de diciembre de 2010

La Palabra se hizo Carne - Fiesta de san Juan


Lo que existía desde un principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos Y lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida. ¿Quién podría tocar con sus manos a la Palabra, si no fuese porque la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros? Esta Palabra, que se hizo carne para que pudiera ser tocada, comenzó a ser carne en el seno de la Virgen María; pero no fue entonces cuando empezó a ser Palabra, ya que, como nos dice Juan, existía desde un principio. Ved cómo concuerda su carta con las palabras de su evangelio, que acabáis de escuchar: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios.
Quizá alguien piense que hay que entender la expresión «la palabra de vida» como un modo de hablar que se refiere a Cristo, pero no al cuerpo de Cristo que podía ser tocado por nuestras manos. Atended a las palabras que siguen: Porque la vida se ha manifestado. Por tanto, Cristo es la Palabra de vida.
¿Y de dónde se ha manifestado esta vida? Existía desde un principio, pero no se había manifestado a los hombres; en cambio, sí se había manifestado a los ángeles, que la veían y se alimentaban de ella como de su propio pan. Pero, ¿qué dice la Escritura? El hombre comió pan de ángeles.
Así, pues, en la encarnación se ha manifestado la misma Vida en persona, y se ha manifestado para que, al hacerse visible, ella, que sólo podía ser contemplada con los ojos del corazón, sanara los corazones. Porque la Palabra sólo puede ser contemplada con los ojos del corazón; en cambio, la carne puede ser contemplada también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no a la Palabra; por esto la Palabra se hizo carne, que puede ser vista por nosotros, para sanar en nosotros lo que nos hace capaces de ver a la Palabra.
Y nosotros -continúa- testificamos y os anunciamos esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado, esto es, se ha manifestado entre nosotros y, para decirlo con más claridad, se ha manifestado en nuestro interior.
Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos. Atended, queridos hermanos: Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos. Ellos vieron al mismo Señor presente en la carne y oyeron las palabras que salían de su boca, y nos lo han anunciado. Nosotros, por tanto, hemos oído, pero no hemos visto.
¿Somos por eso menos dichosos que ellos, que vieron y oyeron? Pero entonces, ¿por qué añade: A fin de que viváis en comunión con nosotros? Ellos vieron, nosotros no, y sin embargo vivimos en comunión con ellos, porque tenemos una fe común.
Y esta nuestra comunión de vida es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas -continúa- para que sea colmado vuestro gozo. Gozo colmado, dice, en una misma comunión de vida, en una misma caridad, en una misma unidad.

San Agustín, obispo

23 de diciembre de 2010

Navidad y Eucaristía: dos misterios

Ya a pocos días de celebrar el gran misterio de la Navidad, todas nuestras miradas se dirigen al pesebre. Pero este pesebre previo a la Nochebuena, parece faltarle lo esencial, el centro, el eje principal de la escena. María y José contemplan la cuna vacía; los pastores curiosos se asoman a ver a quien no está, al que nos llega, y se nos da naciendo: al Niño Jesús. Y esto nos puede hacer pensar en nuestra propia vida, en la que muchas veces parece faltar Aquel que es el centro de nuestras vidas. Pero, como los personajes del pesebre, nosotros también debemos aguardar su venida con deseosa esperanza. Como ellos, tenemos que contemplar el anunciado paso del Señor por nuestra vida. Mirar la cuna vacía. Mirarla y sabernos necesitados de la Salvación de Jesús. Mirarla y descubrir la grandeza de nuestra debilidad porque nos complacemos en nuestra condición de Hijos de Dios.
Al acercarnos al pesebre, nos puede suceder lo mismo que al acercarnos al Santísimo Sacramento expuesto: podemos pensar que debemos hacer un gran esfuerzo por encontrarnos con el Señor, que debemos disponer todas nuestras capacidades para hacer de ese rato de oración algo magnífico. Y, sin embargo, cuando nos acercamos al pesebre o a la Eucaristía, no nos damos cuenta de que ya hay alguien orando. Porque el pesebre en sí es oración. Ante el pesebre nos vemos casi obligados a hacer silencio. Ante el pesebre nos trasladamos a Belén, desde donde fluye un caudal de oración desde María, desde José, desde los pastores, su oración, como su mirada, va a la cuna vacía. Y nosotros no tenemos más que unirnos a esa oración, sin ningún esfuerzo. La Eucaristía en sí también es oración. La Eucaristía es Jesús y Jesús es nuestro sumo y eterno sacerdote, Aquel que vive para interceder por nosotros ante el Padre. En la Eucaristía también ya hay alguien rezando: Jesús. Me gusta descansar en la oración de Jesús, sobre todo en aquellos días en los que estoy más cansado o distraído y en los que creo que no estoy rezando. Y otra vez en mi debilidad triunfa su grandeza, porque ¿qué más lindo y agradable para el Padre que la oración de Jesús?
Es difícil no temerle a la propia debilidad, pero el misterio de la Navidad nos invita a eso. Dios se hace frágil para que ya no temamos la pobreza de sabernos necesitados del cuidado del Padre. Ojalá que esta Navidad nos renueve la alegría de nuestra vocación de Hijos de Dios. ¡Que tengamos todos una santa Navidad, la mejor de nuestras vidas!
Nuestra Señora de Belén, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.

14 de diciembre de 2010

San Juan de la Cruz, santo eucarístico



Hoy, con la Iglesia, celebramos con alegría la memoria de san Juan de la Cruz, presbítero, enamorado de Jesús y de su Iglesia, alguien más que vivió de la Eucaristía, como nosotros lo intentamos.
Recemos con una poesía suya sobre la Eucaristía:

"Cuando me pienso aliviar
de verte en el Sacramento,
háceme más sentimiento
el no poderte gozar;
todo es para más penar
por no verte como quiero,
y muero porque no muero."