13 de noviembre de 2010

"LA EUCARISTÍA TUVO UN PAPEL DECISIVO EN MI CONVERSIÓN"

Rianne Spoon, holandesa de 22 años y estudiante de medicina, ha sido recibida en la Iglesia Católica, en el trascurso de una Misa solemne que tuvo lugar en la catedral de Sta. Catalina de Utrecht.

Fui a Utrecht para comenzar la universidad. Quería estudiar medicina. Necesitaba una residencia donde vivir y fui a parar a Hogeland, conocida por su clara inspiración católica. Yo había sido educada con la idea de que la fe católica era una doctrina errónea, por eso me pregunté si era razonable que fuera a vivir a Hogeland. Cosas de la juventud, elegí la
ventaja de la duda y descubrí muy pronto que las cosas no eran como me las había imaginado. Encontré un ambiente de gran libertad y respeto.


Hace año y medio una compañera universitaria se convirtió y eso me hizo pensar mucho. Me daba cuenta de que creíamos en el mismo Dios. A pesar de tener una fuerte sensación de unidad con la fe católica, había dos puntos de desunión: la Eucaristía y la manera de ver a María, la Madre de Dios.

Después de un período de estudio sobre estos y otros temas, decidí hacer la profesión de fe en la comunidad protestante a la que pertenece mi familia, aunque tuviese dificultades con algunos puntos, entre otros por el modo como veían a la Iglesia Católica.
Esta decisión de no seguir buscando y dejarlo todo en manos de Dios no me dio la paz. Las dudas no se me iban de la cabeza y estaba intranquila. En la residencia Hogeland hay un oratorio, donde muchas estudiantes van a rezar o asisten a la Misa que un sacerdote del Opus Dei celebra todos los días.

Recuerdo que no podía pasar junto al oratorio sin sentir la necesidad de entrar. Es difícil explicar los sentimientos. En la situación en la que me encontraba, me daba cuenta de que si me decidía a entrar en el oratorio y me arrodillaba ante Su Presencia en el sagrario, no podría continuar siendo protestante. Por el momento no quería comprometerme a hacerlo: no tenía la motivación ni la seguridad de poder tomar esa decisión. No quería desobedecer ni a mi comunidad cristiana ni a mi familia, así que decidí dejar pasar el tiempo con la esperanza de que todos mis “problemas”desaparecieran.

"Dios no se cansa de esperar"
Después vino la Navidad y la claridad que esperaba encontrar en este tiempo de felicidad y descanso no se produjo . La lectura de un pasaje del libro “Por fin en casa”, de Henri Nouwen, me volvió a dar esperanza. Me hizo mucho bien leer que Dios nos quiere infinitamente, tanto que no desea de nosotros un amor obligado, sino libre. Él sabe esperar. No se cansa de
esperar.

Pero lo que jugó un papel decisivo en mi conversión fue la Eucaristía. Tenía envidia de la gente que iba todos los días a Misa. No podía imaginarme mi vida como católica sin ir diariamente a Misa. También fue importante, sin duda, encontrar en el Papa la figura de un padre, y ver brillar el rostro de Cristo en los sacerdotes y en los católicos que he conocido.

Echando la vista atrás, no deja de sorprenderme cómo Dios ha actuado conmigo. Por un lado, porque la mayor parte de la fe católica la he aprendido tomándome un vaso de chocolate caliente con mi amiga Agnes.

Por otro lado, y reflexionando en serio, porque he comprobado en mi propia piel que Cristo vive. Si escribo estas cosas es sólo para compartir mi agradecimiento. Como dice un sacerdote que me ha ayudado en este camino hacia la fe plena, “no sólo debo estar agradecida por lo que yo he recibido, sino por lo que a partir de ahora puedo significar para otros, si soy fiel”.
Fuente: www.instudo.nl/hogeland/index.html.

12 de noviembre de 2010

SIN SACERDOTES NO HAY EUCARISTÍA, SIN EUCARISTÍA NO HAY IGLESIA

LIMA, 02 Jun. 10 / 02:25 pm (ACI)

En el Simposio Teológico del I Congreso Eucarístico y Mariano de Lima (CEM 2010) inaugurado este martes 1 de junio, el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Antonio Cañizares Llovera, señaló que "sin sacerdotes no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia"; y advirtió que "renovar el sentido eucarístico es garantía de un futuro para la Iglesia".



El Purpurado recordó que la Eucaristía es fuente y culmen de la vida de todo cristiano y que "la Iglesia es sacramento vivo y eficaz de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano" y que esta unión "solamente es posible por la participación del Cuerpo de Cristo. Esto acontece en la Eucaristía".


"Solamente es posible la Eucaristía por el sacerdocio. Por consiguiente, solo con los sacerdotes hay Iglesia", advirtió.



"Los sacerdotes –recalcó– somos necesarios no para que funcione la Iglesia o para que esté bien organizada o para enseñar una doctrina. Somos sacerdotes para que haya Eucaristía. Sino recuperamos esto no habrá vocaciones. Así que nos jugamos el futuro".



Asimismo, el Cardenal Cañizares subrayó la centralidad del sacrificio de Cristo en la Eucaristía que en muchos lugares se ha visto "reducido a banquete, a celebración de la comunidad, a un recuerdo, pero no al sacrificio mismo de Cristo que se entrega por nosotros en la Cruz. Sin esto no entendemos nada de la Eucaristía y no celebramos nada más que a nosotros mismos".



"Hemos secularizado y creído que todo era creatividad del hombre. ‘Lo que importa es que sea atrayente’. No. Lo que importa es que el misterio sea reconocido, que el misterio sea celebrado. Hay que tener presente el derecho de Dios. Dios nos dice cómo debe ser llevado a cabo el misterio, la celebración", advirtió.



Por ello, tras recordar el espíritu de renovación eclesial que propuso el Concilio Vaticano II, el Purpurado resaltó que en orden de prioridades los padres conciliares propusieron la renovación litúrgica porque "no podemos entender la Gaudium et Spes si no es sobre la base en la que todo se fundamenta: la Eucaristía".



"No habrá una Iglesia de Gaudium et Spes si no es una Iglesia de Sacrosanctum Concilium. Por eso el Papa pone gran interés en la liturgia. Por eso, cuando se interpreta (la renovación) en cambios meramente rituales es no entender nada de lo que el Santo Padre nos está diciendo", agregó.



"Hacer la renovación no es hacer cada día un títere distinto. Es hacer que se pueda celebrar el misterio de fe que acontece. Esa renovación debe expresar todo lo que es la realidad del misterio. El culto se pervierte cuando se ofrece una fiesta que la comunidad ofrece a sí misma. El principio es que Dios ocupe el lugar central", indicó.



Finalmente, el Cardenal Cañizares recordó que en la comunión no somos nosotros los que asimilamos (a Cristo), "sino que es Él quien nos asimila a sí" por lo que "somos arrancados de la individualidad. Así la Eucaristía tiene un carácter social".



"Celebrar la Eucaristía es llevar a cabo la renovación de la sociedad. Por ello, renovar el sentido eucarístico es garantía de un futuro para la Iglesia. Aquí está el verdadero peligro para una humanidad que no reconoce a Dios"

EL MUNDO NECESITA SACERDOTES

¿Qué sería del mundo sin sacerdotes?

11 de noviembre de 2010

Nuevo documento de Benedicto XVI

Jueves 11 de Noviembre de 2010

Hoy se ha dado ha conocer la exhortación post sinodal sobre la Palabra de Dios de Benedicto XVI

Entre otros párrafos destacamos este en el que une Escritura y Liturgia:
"Exhorto a los Pastores de la Iglesia y a los agentes de pastoral a esforzarse en educar a todos los fieles a gustar el sentido profundo de la Palabra de Dios que se despliega en la liturgia a lo largo del año, mostrando los misterios fundamentales de nuestra fe" (52).
En los números 54 y 55 el santo Padre habla sobre la Escritura y la Eucaristía.
Un nuevo documento de la Iglesia que merece ser leído en su totalidad.

Benedicto XVI habla sobre la Eucaristía y los congresos eucarísticos


Jueves 11 de Noviembre de 1010


El Papa propone la celebración eucarística como centro y culmen de todas las manifestaciones y formas de piedad, porque “en la Eucaristía está encerrado el tesoro de la Iglesia”

Con gran alegría, Benedicto XVI ha recibido, al fin de esta mañana, a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Comité para los Congresos Eucarísticos Internacionales. Saludando a los delegados nacionales de las Conferencias Episcopales y, de manera especial, a la delegación irlandesa – encabezada por el arzobispo de Dublín, que acogerá el próximo Congreso Eucarístico Internacional, en junio de 2012 - y destacando la atención que esta Asamblea ha dedicado a tal evento - «que se inserta también en el programa de renovación de la Iglesia en Irlanda» - el Papa ha hecho hincapié en la importancia de la Eucaristía, en el camino de renovación:

«El tema, “La Eucaristía, comunión con Cristo y entre nosotros”, recuerda la centralidad del Misterio eucarístico para el crecimiento de la vida de fe y para cada auténtico camino de renovación eclesial. La Iglesia, mientras peregrina en la tierra, es sacramento de unidad de los hombres con Dios y entre de ellos (cfr CONC. VAT. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 1). Con este fin, ella ha recibido la Palabra y los Sacramentos - sobre todo la Eucaristía - de la cual “continuamente vive y crece” (ibid. 26) y en la cual, al mismo tiempo, se expresa a sí misma».

Refiriéndose a la feliz coincidencia de este encuentro y de los trabajos de dicha plenaria con algunos aniversarios importantes, el Papa ha recordado el 50° aniversario del Congreso Eucarístico de Munich que marcó una etapa destacada en la comprensión de estos eventos eclesiales y en el que tuvo la alegría de participar, como joven profesor de teología. Además, el Congreso de Dublín del 2012 tendrá un carácter jubilar, de hecho será el 50°, y se llevará a cabo al cumplirse también 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, al que el tema hace explícita referencia, recordando el capítulo 7 de la Constitución dogmática Lumen gentium.

Recordando que los Congresos Eucarísticos Internacionales tienen una larga historia en la Iglesia y que mediante la forma característica de la “statio orbis”, resaltan la dimensión universal de la celebración, Benedicto XVI ha reiterado que se trata siempre de una fiesta de fe alrededor de Cristo Eucarístico, el Cristo del sacrificio supremo por la humanidad. Fiesta en la que participan fieles no solo de una Iglesia particular o de una nación, sino, en lo posible, de varias partes del la Tierra. Fiesta en la que «la Iglesia que se recoge alrededor de su Señor y su Dios».

Asimismo, el Santo Padre ha puesto de relieve la importante tarea evangelizadora de los Congresos Eucarísticos, sobre todo en el contexto actual, para impulsar la nueva evangelización y promover la evangelización mistagógica (cfr Esort. ap. postsinod. Sacramentum caritatis, 64), que se cumple a la escuela de la Iglesia en oración, a partir de la liturgia y a través de la liturgia. El Papa ha subrayado que el binomio ‘Eucaristía-misión’ ha entrado a formar parte de las líneas guía propuestas por la Santa Sede.

Benedicto XVI ha presentando también una indicación litúrgica y pastoral, alentando la celebración eucarística como centro y culmen de todas las manifestaciones y formas de piedad, según el espíritu de la reforma conciliar, la Encíclica Ecclesia de Eucharistia (nn. 10; 47-52) y la Exhortación post-sinodal Sacramentum caritatis. Antes de terminar su denso discurso, el Papa ha alentado a perseverar en el apostolado eucarístico:

«Queridos hermanos y hermanas, el apostolado eucarístico al que dedicáis vuestros esfuerzos es muy importante. Perseverad en ello con compromiso y pasión, animando y difundiendo la devoción eucarística en todas sus expresiones. En la Eucaristía está encerrado el tesoro de la Iglesia, o sea el mismo Cristo, que en la Cruz se ha inmolado por la salvación de la humanidad. Acompaño vuestro apreciado servicio asegurándoos mi oración, por intercesión de María Santísima, y con la Bendición Apostólica, que de corazón os imparto a vosotros, a vuestros seres queridos y vuestros colaboradores».

La Eucaristía en mi vida


Cuando pienso en la Eucaristía, mirando mi vida de sacerdote, de Obispo y de Sucesor de Pedro, me resulta espontáneo recordar tantos momentos y lugares en los que he tenido la gracia de celebrarla. Recuerdo la iglesia parroquial de Niegowic donde desempeñé mi primer encargo pastoral, la colegiata de San Florián en Cracovia, la catedral del Wawel, la basílica de San Pedro y muchas basílicas e iglesias de Roma y del mundo entero. He podido celebrar la Santa Misa en capillas situadas en senderos de montaña, a orillas de los lagos, en las riberas del mar; la he celebrado sobre altares construidos en estadios, en las plazas de las ciudades... Estos escenarios tan variados de mis celebraciones eucarísticas me hacen experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico.¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación. El Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada. De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad. Verdaderamente, éste es el mysterium fidei que se realiza en la Eucaristía: el mundo nacido de las manos de Dios creador retorna a Él redimido por Cristo.
"La Iglesia vive de la Eucaristía. nº 8"

El Hijo de Dios en mi vida y en la Eucaristia

Hemos sido creados a imagen del Hijo. Somos hijos y herederos.

Cuando uno nace la primera experiencia que tenemos es la de ser hijos, y por lo tanto de depender de otro, del que nos dio la vida. El bebe al principio tiene intacta esta capacidad que lo lleva a confiar ciegamente en el padre y en la madre. Y esto no solo nosotros, los seres humanos, también los animales. Naturalmente estamos llamados a confiar en el que nos dio la vida. Quizás los animales no necesitan depender demasiado tiempo de los que lo engendraron, pero nosotros sí. Nuestra dependencia es mucho más grande: tenemos que aprender de todo. Lo cual exige confianza absoluta. Y eso hace que establezcamos una relación tan profunda con quienes me han dado la vida, que podré llamarlos. Papa y Mama.

Saber que siempre va a ser mi padre, que siempre voy a poder acudir a él: somos esencialmente hijos. Siendo hijos es que hemos aprendido a ser personas. Y esto nos hace parecidos al Hijo de Dios: somos hijos, en este sentido, a la manera de la segunda Persona de la santísima Trinidad.

Ser hijos entonces trae de manera innata en nosotros, la virtud de la confianza. Esto es lo que llamamos la FE.

La actitud fundamental del hijo es confiar, escuchar, aprender, ser discípulo, ser dócil a lo que me dice mi padre, confiar en él. Cuando me tocan vivir y pasar por caminos difíciles agarrarse de esa manazo del padre que me conduce, que me hace sentir que no me va a pasar nada por que él está conmigo: eso es ser hijo.

De hecho está condición, aún cuando crecemos la seguimos teniendo, seguimos ejercitando la virtud de la confianza, de la escucha, del ser discípulo.

¿Qué significa que hemos sido creados a imagen del Hijo de Dios? Significa que todo esto que veo que está en mi condición natural, que vivo naturalmente en mi vida, o que debería vivir. Esta condición de hijo la puedo y la tengo que vivir con respecto a Dios: SOY SU HIJO. Y ser hijo de Dios significa vivir con esta fe y confianza. Pero en serio, como la cananea del evangelio.

Y esta actitud de hijo para con Dios estoy llamado a vivirla también con respecto a la Iglesia. Amor y entrega profunda a la Iglesia (bien concretita), es un índice también de mi conciencia de ser hijo de Dios, en el fondo de mi confianza en Dios. Nadie puede tener a Dios como Padre, sino tiene a la Iglesia como Madre (decía un gran santo). De hecho, bien sabemos, que el Papa viene de Abba, de Padre.

Miremos a Jesús, al Hijo de Dios y pidamos vivir como Él.

Es cierto que esta condición de hijo de Dios la vivimos en la oscuridad de la fe. Es decir tenemos que esforzarnos por despertar esta confianza.

Pero lo mismo pasa algunas veces en nuestra vida natural. ¿cuándo empezamos a gozar en plenitud de una profesión? ¿cúando somos estudiantes o cuando empezamos a ejercer la profesión?

Lo mismo en nuestra condición de discípulo, de alumnos, de hijos frente a Dios. Ahora en este mundo es tiempo de confianza. Pero estemos seguros que Dios nos quiere llevar a recibir, a obtener el diploma más lindo que podamos recibir en nuestra vida: EL DIPLOMA DE HIJO DE DIOS en plenitud en el cielo.

Mientras tanto debemos vivir en el camino de Santa Teresita: el caminito de la confianza.

Tenemos que confiar, abandonarnos. Aún cuando no veamos, no sintamos, no entendamos, aún cuando estemos sufriendo. Jesús, el Hijo de Dios a imagen del cual hemos sido creados, también tuvo que soportar el abandono: ¿“Dios mío, porque me has abandonado?. Y CONFIÓ. Confió plenamente en Getsemaní.

Confiemos nosotros también en la mano del Padre que maneja absolutamente todo para el bien de sus hijos amados.

Y esto posible si nos unimos al HIJO en la Eucaristía. En la Eucaristía nos unimos a Jesús para vivir como verdaderos hijos de Dios.