2 de octubre de 2010

Al pie del Sagrario

Mis deseos al pie del Sagrario

Poesía compuesta por Santa Teresita, 1896

Llavecita, yo te envidio,
porque puedes cada día
abrir y cerrar la puerta
de la cárcel donde mora
el Dios hecho Eucaristía.
Mas ¡oh dichoso milagro!,
por la virtud de mi fe
y de mi amor también puedo
el sagrario abrir
y en él esconderme yo
cerca de mi amado Rey.

Quisiera en el santuario
junto a mi Dios consumirme,
y, como tú, lamparita,
brillar siempre en el misterio.
¡Oh qué dicha!, yo también
unas llamas tengo en mí,
y con ellas ganar puedo
para Jesús muchas almas
y abrasarlas en su amor...
En cada aurora te envidio,
piedra santa del altar.
Como un día en el establo,
veo en ti nacer a Dios.
Atiende mi humilde ruego,
ven a mi alma, mi Señor.
Lejos de hallar piedra fría,
en ella hallarás el eco
de tu propio corazón.

Corporales, rodeados
de ángeles blancos,
también envidia les tengo yo.
Como los limpios pañales,
envuelven a mi Jesús,
mi único y solo tesoro.

Mi corazón cambia, ¡oh Virgen!,
en corporal puro y bello,
para poder recibir
la hostia blanca donde se esconde
tu amado y dulce Cordero.


Patena santa, te envidio…
En ti viene a reposar
Jesús, el Verbo hecho carne.
¡Que su infinita grandeza
se digne abajarse a mí...!
Jesús colma mi esperanza
sin esperar a que llegue
la tarde de mi destierro.
¡Viene a mí! Con su presencia
me hace su custodia viva...

Yo quisiera ser el cáliz
en el que adoro la sangre
de un Dios hecho cuerpo humano.
Mas puedo en la santa Misa
recogerla cada día.
A Jesús le gusta mi alma
más que los vasos de oro.
El altar es un Calvario
donde por mí y para mí
se derrama gota a gota
toda su sangre divina.

¡Oh Jesús, viña sagrada!,
lo sabes, mi Rey divino:
soy un racimo dorado
que han de arrancar para ti.

Exprimida en el lagar
del oscuro sufrimiento,
yo te probaré mi amor.
Mi único gozo será
inmolarme cada día.

¡Oh qué suerte para mí!
Fui contada entre los granos
de maduro y puro trigo
destinados a perder
por Jesús su ser y vida.
¡Oh exquisito arrobamiento!
Tu esposa querida soy,
ven, mi Amado, vive en mí.
¡Ven, tu belleza me encanta,
ven a transformarme en ti!

1 de octubre de 2010

La Eucaristía, un beso de Jesús a mi alma. Santa Teresita del Niño Jesús




“Él no baja del cielo un día y otro día para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo de la adorable Trinidad” (Ms A 48vº)





LA EUCARISTÍA EN LA VIDA DE SANTA TERESA DE LISIEUX

Santa Teresita nos ofrece en sus manuscritos muchos datos que nos indican la importancia fundamental de la devoción eucarística en su familia y en su vida. Ya desde niña, su padre la llevaba cada tarde a hacer la visita al Santísimo: “Todas las tardes iba a dar un paseo con papá; hacíamos juntos nuestra visita al Santísimo Sacramento, visitando cada día una iglesia distinta” (Ms A 14rº)

En sus cartas infantiles nos cuenta de su preparación personal para recibir a Jesús: “el día de mi primera comunión quiero que el Niño Jesús se encuentre tan a gusto en mi corazón, que no piense ya en volverse al cielo...” (Cta. 11).

El día de su primera comunión escribe: “Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma...! Fue un beso de amor. Me sentía amada y decía a mi vez: «Te amo, y me entrego a ti para siempre»... Ni el precioso vestido que María me había comprado, ni todos los regalos que había recibido me llenaban el corazón. Sólo Jesús podía saciarme” (Ms A 35rº-36rº)

Y en su segunda comunión escribe: "¡Qué dulce recuerdo he conservado de esta segunda visita de Jesús! De nuevo corrieron las lágrimas con inefable dulzura. Me repetía a mí misma sin cesar estas palabras de san Pablo: «Ya no vivo yo, ¡es Jesús quien vive en mí...!». A partir de esta comunión, mi deseo de recibir al Señor se fue haciendo cada vez mayor." (Ms A 36rº).

En el Carmelo, ya como religiosa, su amor a Jesús Sacramentado irá creciendo con ella. Las frecuentes comuniones y las largas horas de oración ante el sagrario, van a purificar y a madurar su alma.

EL SACRIFICIO DE LA MISA

Poco después de la gracia de Navidad, con solo 14 años escribe: “Jesús, para salvar a los hombres quiso nacer más pobre que los pobres... ¿Quién, Jesús, se atreverá a negarte este corazón que tan merecidamente has conquistado y al que has amado hasta hacerte semejante a él y dejarte luego crucificar por unos verdugos despiadados? Además, eso no te pareció todavía suficiente: tuviste que quedarte para siempre cerca de tu criatura, y desde hace dieciocho centenares de años estás prisionero de amor en la santa y adorable Eucaristía”.

Como vemos, ya desde tan temprana edad entiende la Eucaristía como una prolongación del “abajamiento” del Señor. En sus escritos, Teresa cita varias veces la afirmación de San Juan de la Cruz: “es propio del amor abajarse”. El que ha querido hacerse pequeño, naciendo de María; el que ha aceptado hacerse débil, entregándose a la muerte; sigue haciéndose pequeño y débil en la Eucaristía hasta el final de los tiempos. Para Teresa, lo importante es la motivación de este triple “abajamiento”: “para salvar a los hombres”.
Estamos ante un sacrificio por amor. Este tema es recurrente en todos sus escritos, especialmente en sus numerosas poesías de tema eucarístico. Nos basta una como ejemplo: “Mi corazón robaste, haciéndote mortal y vertiendo tu sangre ¡oh supremo misterio! Y aún vives desvelado por mí sobre el altar” (PN 23, 5).

En la Encarnación, Jesús se hizo mortal, asumió nuestra naturaleza limitada y caduca. En la Muerte llevó la Encarnación a las últimas consecuencias. En la Eucaristía se prolonga este misterio, en el que “el Dios fuerte y poderoso” (Ms A 45rº), “se hace pequeño y débil por mi amor, para hacerme fuerte y valerosa, para revestirme de sus armas” (Cf. Ms A 44vº). En la noche de Navidad de 1886, Teresa comprendió que toda la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte, fue “un sacrificio”, una entrega continua y voluntaria por los hombres, olvidándose de sí mismo. También comprendió que la única felicidad posible está en parecernos a Jesús, en repetir su “sacrificio”, olvidándonos de nosotros mismos, de nuestras comodidades y caprichos para pensar en los demás.

Por último, comprendió que en la Eucaristía se renueva esa entrega del Señor y se produce un admirable intercambio: Él se hace débil para darnos fortaleza, se hace pequeño para engrandecernos, se humilla para enaltecernos, asume nuestra pobreza para darnos su riqueza
Yo podré, cerca de la Eucaristía, inmolarme en silencio, exponiéndome a los rayos que emite la Hostia divina. Yo me quiero consumir en esta hoguera de amor...” (PN 21, 3).
Al final del Manuscrito B, en el que narra el descubrimiento de su vocación, llega a denominar “locura” el abajamiento de Jesús en la Encarnación, en la Cruz y en la Eucaristía. “Sigues viviendo en este valle de lágrimas, escondido bajo las apariencias de una blanca hostia ... Jesús, déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura. ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hasta ti ¿Cómo va a conocer límites mi confianza?” (Ms B 5vº).

LA EUCARISTÍA ES UN BANQUETE DE COMUNIÓN

En 1889 escribe a su prima María Guérin, que sufría de escrúpulos y había abandonado la comunión: “piensa, que Jesús está allí en el sagrario expresamente para ti, para ti sola y que arde en deseos de entrar en tu corazón... Vete a recibir sin miedo al Jesús de la paz y del amor ... Es imposible que un corazón «que sólo encuentra descanso mirando un sagrario» ofenda a Jesús hasta el punto de no poderle recibir. Lo que ofende a Jesús, lo que hiere su corazón es la falta de confianza... Hermanita querida, comulga con frecuencia, con mucha frecuencia.” (Carta. 92 del 30 de mayo de 1889)

Por la comunión nos transformamos en Él, algo en lo que insiste Teresa en varios textos: “¡Oh, qué dichoso instante, cuando entre mil ternuras, me transformas en ti, mi dulce compañero! Tal comunión de amor y tan dulce embriaguez son mi cielo para mí.” (PN 32, 3).

LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN LAS ESPECIES CONSAGRADAS DESPUÉS DE LA MISA

Teresa aprendió desde su más tierna infancia que Jesús está realmente presente en el sagrario. La hemos visto que su padre la llevaba cada día a hacer la visita al Santísimo.

A Celina, que le escribe escandalizada porque ha encontrado una iglesia con el sagrario sucio y abandonado, responde amablemente: “En su pasión su rostro estaba escondido, hoy también lo sigue estando. Celina querida, hagamos de nuestro corazón un pequeño sagrario donde Jesús pueda refugiarse. Así, Él se verá consolado y olvidará lo que nosotras no podemos olvidar: «la ingratitud de las almas que lo abandonan en un sagrario desierto” (Cta 108).

La consecuencia lógica de la presencia de Jesús en el sagrario es el espíritu de adoración. Acepta el valor de la intercesión y la practica, pero coloca muy por encima la práctica de la adoración silenciosa: “Muchas veces, sólo el silencio es capaz de expresar mi oración, pero el huésped divino del sagrario lo comprende todo” (Cta 138). "En su presencia no necesita pedir nada ni sentir nada, sencillamente ofrece de manera gratuita su propio tiempo y su propia vida: “Oh, mi admirable Rey y Sol de mi vida. Tu divina hostia es pequeña como yo ... Todas las criaturas pueden abandonarme. Yo intentaré, sin quejas, junto a ti resignarme. Si tú me abandonases, sin tus dulces caricias, mi divino Tesoro, aún te sonreiría ... Yo espero en paz la gloria de la eterna Mansión, ¡pues tengo en el sagrario el fruto del amor!” (PN 52, 11.13-14.18).

(Extraído de “La Centralidad de la Eucaristía en la vida y doctrina de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz”, P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.)

Para leer más: http://www.caminando-con-jesus.org/CARMELITA/TERESITA/eucaristiaenteresita.htm

19 de septiembre de 2010

El misterio de la navidad (de Edith Stein)

“Vivir eucarísticamente significa salir de las angustias de la propia vida y adentrarse en el horizonte infinito de la vida de Cristo. Quien busca al Señor en Su casa, no se preocupará tan sólo de hablarle de sí mismo y de sus preocupaciones. Empezará a interesarse de las preocupaciones del Señor.

La participación cotidiana en el Sacrificio eucarístico nos arrastra, sin que nos demos cuenta, en la gran corriente de la vida litúrgica. Las oraciones y los gestos de la celebración litúrgica nos representan continuamente, durante el año litúrgico, la historia de la Salvación, y nos ayudan a entrar cada vez más en su sentido. Y el mismo Sacrificio va imprimiendo en nosotros el misterio central de nuestra fe, punto cardinal de la Historia de la Salvación, el misterio de la Encarnación y de la Redención.

¿Quien podría participar con empatía de espíritu y corazón en la Eucaristía sin venir atrapado por el espíritu de sacrificio, por el deseo de empeñarse con su vida y su existencia en la gran obra de Redención del Salvador?”
Contenido completo

La exaltación de la Cruz

Debemos gloriarnos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo

Con esta frase de San Pablo a los Gálatas, comienza la Santa Misa de este día. El Apóstol y la Iglesia con él, nos exhortan, a gloriarnos en la Cruz del Señor. Precisamente esto, es lo que hacemos en cada Misa. Celebramos el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Asistimos a la renovación del único y divino sacrificio del Calvario.

A fin de hacer más patente esta realidad, la Cruz preside nuestros altares, en medio de los cirios. A ella se dirigen las miradas del sacerdote y los fieles. A ella se la honra con reverencias y nubes de incienso. A sus pies se anuncia al Evangelio y se consagran las Especies Sacramentales.

Posemos nuestra mira en esa Cruz. De ella pende un hombre agonizante. Su rostro refleja un dolor atroz. Su cabeza está coronada de espinas. Sus manos y pies, traspasados por tres clavos, que lo fijan al madero. Su costado, está abierto por un golpe de lanza. De él ha brotado sangre y agua. Su cuerpo está enteramente llagado. Este es el Dios de los cristianos. Está en la cruz por amor.

La Cruz es el signo del inmenso amor de Dios por lo hombres. Por medio de ella, podemos llegar a enteneder de algún modo, la infinita misericordia de Dios. Santa Edith Stein afirma: "No hay inteligencia humana que nos pueda ayudar, sino unicamente la pasión de Cristo". Sólo a la luz del misterio de la Cruz podremos comprender lo desordenado y horrendo del pecado.

En este día, la Santa Madre Iglesia, pone en boca del celebrante al cantar el prefacio, estas palabras: “has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro”.

El sacrificio de Cristo, ha transformado para siempre la realidad de la Cruz. Lo que en otro tiempo ha sido un instrumento de dolor y tortura, al que los hombres tenían temor y repulsión; es hoy un signo venerable de esperanza y felicidad para la humanidad. La Cruz, ha sido desde entonces, el signo del cristiano. A ella, los hombres asociarán sus propias cruces, sabiendo que el mismo Jesucristro, quiso compartir sus propios sufrimientos. Bajo el signo de la Cruz, comenzarán y terminarán el día, el trabajo, el descanso, la oración, y las ceremonias de culto de los católicos. En la Cruz, se depositarán los dolores, las alegrías y las esperanzas de los fieles de todos los tiempos. En ella se hallará consuelo en el sufrimiento, alegría en la tristeza, compañía en la soledad y fortaleza en la debilidad. Con el paso de los siglos, la Santa Cruz, estará presente en las torres de las iglesias, en los hogares cristianos, en el cruce de los caminos, en las cumbres de las montañas, sobre el pecho de los obispos, en las tumbas de los muertos y sobre todo, en los altares.

La Santa Cruz será objeto de culto y devoción. Se la expondrá en los templos. Se la representará adornada ricamente. El culto a la Cruz, llevará a los cristianos a ir en busca de las reliquias de la verdadera cruz, donde Jesús consumó el sacrificio redentor.

El 14 de septiembre del año 335, fue dedicada la basílica levantada por el emperador Constantino en el monte Calvario, en el lugar donde su madre, Santa Elena encontró la cruz del Señor y las de los dos ladrones. La fiesta de hoy, que celebramos con el nombre de Exaltación de la Santa Cruz conmemora, a la vez, la recuperación de las reliquias de la Cruz obtenida en el año 614 por el emperador Heraclio, quien la logró rescatar de los persas que la habían robado de Jerusalén.

La Cruz es motivo de gloria para los cristianos, pues en ella, Cristo Señor Nuestro, entregó su vida en sacrificio para la redención del mundo, para restaurar nuestra antigua dignidad. La muerte de Cristo en la cruz y su Resurrección de entre los muertos, es el centro y raíz de nuestra Fe. La Santa Madre Iglesia, nos enseña que la Santa Misa es la renovación de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. El concilio de Trento afirma: “El Sacrificio de la Cruz y el Sacrificio de la Misa son un solo y mismo Sacrificio.”

En el altar de la cruz, el Hijo de Dios se ofreció como una víctima sangrienta; en al Santa Misa se ofrece de nuevo. Ruperto, abad de Deuz, se expresa así: “Tan cierto es que Cristo en la cruz alcanzó el perdón de nuestros pecados, como que bajo las especies sacramentales nos concede la misma gracia.”

Como podemos ver, todo en la Santa Misa, nos lleva a recordar la Cruz. La Santa Misa y la Cruz son realidades inseparablemente unidas. Quien quiera participar devotamente de la Misa, debe amar y la Pasión del Señor. Quien quiera llevar su cruz y seguir a Jesús, como el nos manda en el Evangelio, debe amar la Santa Misa. A la Misa como a la Cruz, debemos asociar nuestras, alegrías, penas, gozos y sufrimientos, y los de la humanidad entera.

Que con Santa Rosa Lima, podamos exclamar: “Fuera de la cruz no hay otra escala por donde subir al cielo.”

30 de agosto de 2010

Solo El Sana y Libera


Nuestros hermanos que están pasando por situaciones difíciles, tienen una necesidad especial de ser visitados por el Señor mismo en el sacramento de la Eucaristía. Sentir la cercanía de la comunidad eclesial, participar en la Eucaristía y recibir la santa Comunión en un período de la vida tan particular y doloroso puede ayudar sin duda en el propio camino de la fe y favorecer la plena reinserción social de la persona.

El encuentro con Jesús presente en la Eucaristía es germen de una nueva vida. Se debe creer realmente que la sola presencia eucarística obra en los corazones más que cualquier cosa que se pueda hacer o decir. Sólo Jesús sana y da la libertad.

También para el acompañante debe ser primordial la relación con el Pan de Vida. Si quiere realmente encontrarse con Jesús presente en el pobre, debe primero tener una profunda intimidad con Jesús presente en la Eucaristía. Sólo así podrá reconocer en el rostro sufriente al Señor muerto y resucitado.
Y la Eucaristía debe ser también el punto de llegada de la misión de acompañar. Dejar en manos del Señor cada persona con la que se ha estado recordando sus nombres. Dejar en Él los dolores y dificultades. Pedir por las intenciones que nos fueron diciendo y por las no dichas. Dar gracias por el regalo de caminar junto al hermano que hoy nos necesita de un modo especial. Y dejar, sobre todo, que sea Él quien obre en el corazón del acompañado, y del acompañante.


Te invitamos a conocer a dos personas que se encontraron con
Jesús Eucaristía, uno en la cárcel y el otro en la adicción.

Testimonio de un hermano detenido en la carcel de Devoto


Nos cuenta como cambio su estadia en prision tras notar la presencia de Jesus
entre sus compañeros.

Alejandro, cuando escribió lo que sigue, estaba
detenido en la cárcel de Devoto desde hace dos años. Unos meses después recuperó
la libertad y hoy está dedicado a su familia. Trabaja en un estudio de abogados
(empezó a estudiar derecho estando en la cárcel) Bueno Gente, les cuento que me
llamo Alejandro y me encuentro detenido en Devoto desde el 2 de Junio de 2006.

Acabo de llegar del CUD (la Facu) y mis compañeros me estaban esperando para comer algo juntos. Con estos pibes hace ya casi 2 años que vivimos en el mismo rancho. Por si no lo saben “rancho” es el grupo compuesto por 2, 3, 4, 5 o 6 personas o más y comparten la comida y otras cosas. Les cuento que es la primera vez que estoy detenido (espero que sea la última) En el momento de mi detención tenía 33 años, mi esposa en ese momento también tenía 33 años y mi hijo 5 años y medio. Aunque quieran imaginarse lo tremendo y catastrófico que es pasar por el momento de una detención y sus posteriores momentos, no van a poder, y espero y deseo que no tengan que pasar por esto para averiguarlo. En mi caso particular me encuentro detenido, acusado por tráfico de drogas (Ley 23737) Pero mis verdaderos oficios son: la compra y venta de automóviles y la importación y venta de electrónica. Estar detenido queridos míos, significa mucho sufrimiento, no solo físico sino también psíquicos. Imagínense que mi vida era dedicarme todo el tiempo a mi hijo y mi mujer, que dicho sea de paso, hace 12 años que estamos juntos, sin contar que nos conocemos desde los 11 añitos, ¿qué loco, no? En un minuto cambió toda mi vida, mis costumbres. Cambiaron tantas cosas que si me las pongo a enumerar no termino más. Pero bueno, es lo que me toca vivir en este momento. Ojo, también con esta experiencia uno aprende a valorar muchas cosas, muchos momentos, a muchas personas. Aquí se ven cosas que uno nunca pensó que las iba a ver y mucho menos a vivir. Pero... al mes más o menos de estar detenido nos visitó en el pabellón el Padre Mariano y nos invitó a concurrir a Misa. Mis compañeros y yo nos enganchamos un montón y a los poquitos meses estábamos participando del primer retiro espiritual que se realizaba en una prisión, “qué tal”. Fue una experiencia increíble, y muy linda, pero lo que más me llamó la atención fue la unión que quedó entre los internos, los curas y las ayudantes de Caritas. Fue como si Cristo en persona hubiese estado presente con nosotros. Mejor dicho, fue en ese momento cuando nos dimos cuenta que en realidad siempre está con nosotros. A partir de ese momento mi vida en prisión comenzó a cambiar para bien. Pues me di cuenta que con la ayuda del Señor uno puede superar cualquier obstáculo por más difícil que sea. Haaa!! Les cuento que mientras estábamos realizando el retiro espiritual comenzamos a recibir palancas de mucha gente de distintos lugares del país e incluso de otros países. No lo podíamos creer que personas desde tan lejos orasen por nosotros y se interesasen tanto. Fue algo fantástico y muy emocionante, algo inolvidable. Quiero decirles que gracias a Dios soy uno de los pocos internos que tiene 2 visitas por semana. Pero así como yo tengo 2 visitas por semana hay gente que ni siquiera recibe una cartita. Si bien no puedo ponerme en su lugar, los veo, y uno puede imaginarse que detrás de esas caras tristes se esconden muy buenos seres humanos, con buenos sentimientos y sobre todo con ganas de comunicarse con cualquier persona que se encuentre del otro lado del muro (aunque sea por medio de cartas) Porque ojo, estar privado de la libertad no significa que carezcamos de afectos, todo lo contrario, lo que pasa es que el preso se vuelve muy poco demostrativo a causa de propio sistema carcelario que te induce a ser así. Amigos, no crean que soy inocente, seguramente si fuese así ahora estaría en libertad junto a mi familia. Tampoco piensen que soy el peor, soy alguien que se equivocó y que está pagando y penando por esa equivocación, y así como yo todos los que estamos privados de la libertad. Pero hay algo peor que por dentro me corroe, ¿saben qué es?... es que mi familia está sufriendo a la par mía y eso va a ser muy difícil de perdonármelo a mi mismo. Es que nunca me imaginé que mi hijo tenga que venir a visitarme a una cárcel. Igualmente es el día de hoy y me sigue viniendo a visitar cada 15 o 20 días. También mi mujer sigue viniendo, aunque ella viene más seguido. Tengo un hermanito que también viene a verme todas las semanas (va, hermanito no, hermanazo porque tiene 27 años jaja) Sin olvidarme de mi hermana (31 años) y mi MAMÁ que viene los domingos. Saben?? a veces pienso que las disfruto más aquí adentro que cuando estaba en libertad, será porque la ambición a veces te vuelve inquieto, egoísta y te resta percepción para saber si alguien te necesita. Y cuando digo necesitan, no me refiero a cosas materiales, me refiero a las necesidades del “CORAZÓN” Y gracias a Dios esas necesidades fueron, son y serán GRATIS. Estoy convencido de que a partir del primer instante de mi libertad no voy a parar de mimar y contener a todos ellos. Bueno, queridísima gente me voy a ir despidiendo, porque si me pongo a acordar más cosas esta carta no terminaría jamás. Un abrazo enorme para todos y gracias por escucharnos. Ale

Testimonio de un hermano adicto a drogas

Nos comparte su historia y su recuperacion a traves de la Comunidad Cenacolo donde puedo experimentar la presencia Real de jesus Eucaristia.

Mes de Julio. Multitud de gente asistiendo a la misa. Todos peregrinos. Entre ellos, yo.

El sacerdote que preside la Misa decide hacer pasar al ambón a un joven para que contara su experiencia de vida. Había sido drogadicto y hoy no lo es más. Alrededor de 500 eran los presbíteros concelebrantes. Sin embargo tan solo uno, un simple laico, toma la palabra.
Este jóven quería expresar lo que la vida de fe le había cambiado. De ser drogadicto, gracias a la ayuda de quienes a ello entregan su vida, conoció la Fe. Llegó a una comunidad donde no se toman pastillas, no se llaman a los psicólogos ni a los médicos, no porque no o valgan, sino porque tienen otro método. Quien sábe?? Tal vez sea superior. Vida de fe y oración. Trabajo, amistad sincera y Oración.

Pero de entre ellas el jóven habló básicamente de la oración:

"Sí, Jesús salvó mi vida. Bueno, no es que la salvó, eso va a ser cuando llegue al Paraíso. Más bien la transformó, y al día de hoy la sigue transformando. De niño viví muchas cosas, pero ninguna me llenaba. Más bien me pasaba lo contrario. En casa siempre habían peleas. Papá y mamá siempre discutían. Y entre mis hermanos todo se arreglaba a los golpes. Nunca un "Te quiero", o bien "Perdoname, me equivoqué yo", o tan solo un abrazo. Papá todo el día trabaja, mamá preocupada por todo menos por sus hijos, de ellos se encarga la escuela. No tengo nada que reprochar a mis padres ni a mis hermanos, si ellos se equivocaron fue simplemente porque nadie les enseño qué era lo correcto y que no.
Pero esto a mi no me alcanzaba. Cuando sentía el vacío dentro de mí quería salir corriendo, al principio. Después llega un momento que si uno no resuelve los problemas, los problemas lo resuelven a uno. Y fue así como, no conociéndo otros medios, quise ser yo también violento. Pero no me salía, porque cada vez que me comportaba así me sentía más mal.
Nunca tuve a quien contarle las cosas. De ahí que empecé a llamar la atención en un grito desesperado de AUXILIO!! Pero la respuesta fué el psicólogo, psicofármacos, terapia, bla bla bla. Pero nunca un "Te Quiero".
Probé con el amor libre de varias chicas, pero al llegar a casa el vacío era peor. Probé con la pornografía, pero cada día más me enfermaba. Hasta que un buen día, empezando a frecuentar la calle, probé el alcohol, y finalmente las drogas. El vacío era tal que solo con ellas lo podía tapar y solo por ello no podía dejar de tomar. Y tomando y tomando me fuí consumiento. Hoy peso 83 kilos, en ese entonces, pocos años atrás solo 43 pesaba.
Finalmente los doctores me dieron por perdido y se rehusaron a seguir atendiéndome. Fuí internado en un psiquiátrico de donde también me echaron, mandandome a mi casa con terapia ambulatoria, parece ser que mi lugar no era más mío, pues mis padres no tenían más dinero para seguirles pagando.
Así fué como gracias a un sacerdote amigo del barrio vine a saber que había una comunidad en la que no se pagaba. Sin embargo solo quería morir, morir o drogarme. Finalmente fuí porque no me quedaba otra, mis padres ya cansados de mi me dejaron allí sin posibilidad de volver a casa. Me quedé solo por el techo y la comida, era pleno invierno y no tenía donde ir. Pero ni bien llegué salió al encuentro el responsable del lugar, me preguntó si había comido. Luego me mandó a duchar, me dió ropa nueva y me dejó con otro chico que me acompañaría los primeros días. Allí empecé a sentir la verdadera amistad por primera vez, pues cada vez que yo peleaba con alguien, luego de dos días venían a mi encuentro a pedirme disculpas, incluso si el equivocado era yo. También me señalaban mi error, pero por mi bien, para que lo cambiara, no para hacerme daño. Y si bien rezábamos y tabajábamos todos los días, no entendía de dónde sacaban la fuerza para amar. Me sentía simplemente querido y por eso decidí seguir el camino que me proponían.
Pero quise averiguar, quise estar tan bien como ellos. Entonces pregunté. Sin decir palabra alguna, esa misma noche a las 2 de la mañana aquél a quien le había preguntado me despertó y me dijo que lo acompañara a la capilla. Cuando llegamos ví que habían otros 3 arrodillados en silencio en frente al Santísimo. En seguida comprendí que me había llevado a rezar.
No puedo explicar cómo, pero sentí la necesidad de rezar yo también. Fué como que sentí la presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía por menos de un segundo. Eso me alcanzó para prometerle que iría todas las noches al menos un rato, pero que al mismo tiempo le pedía que se las arreglara Él con mi vida, porque yo ya no daba más. Nunca más sentí esa presencia, pero tampoco dejé de ir una noche. Desde ese día rezo todos los días, sin faltar uno.
Para cuando me quise dar cuenta mi vida ya había cambiado bastante. No sé cómo. Hasta creo tonto querer entenderlo con mi cabeza, ya que con ella sólo llegué a drogarme. Pero sin embargo siento que soy el hombre más felíz del mundo. Hoy ya no necesito de las drogas, no necesito del mal para seguir viviendo. Sólo necesito de Él, que no es otro que el que da la vida a cada cosa. Y cuando vivo alguna dificultad, que no son pocas, voy a rezar. Porque hoy sigo siendo el mismo que fuí siempre, no es que viví una teletransformación o quien sabe que cosa, sino que puedo vivir la vida de otra manera. Realmente Él hace nueva todas las cosas"

28 de agosto de 2010

Yo lo miro a Él y Él me mira a mi




¿Te cuesta adorar? ¿No sentís nada? ¿Qué significa concretamnete hacer contemplación eucarística?

En si misma no es otra cosa que la capacidad, o mejor aún, el don de saber establecer un contácto de corazón a corazón con Jesús realmente presente en la hostia. Todo esto en el mayor silencio posible, tanto exterior como interior. El silencio es el esposo predilecto de la contemplación que la custodia, como José custodiaba a María. Contemplar es establecerse intuitivamente en la realidad divina y gozar de su presencia. En la meditación prevalece la búsqueda de la verdad, en la contemplación, en cambio, el goce de la verdad encontrada.

Los grandes maestros de espíritu han definido a la contemplación como "una mirada libre, penetrante e inmovil"(Hugo de San Víctor), o bien como "una mirada afectiva sobre Dios" (San Buenventura). Por eso realizaba una óptima contemplación aquel campesino de la parroquia de Ars que pasaba horas y horas inmovil, en la iglesia, con su mirada fija en el sagrario y cuando el santo cura le preguntó por qué estaba así todo el día, respondió: "Nada, yo lo miro a él y él me mira a mí". Esto nos dice que la contemplación cristiana nunca tiene un único sentido, ni tampoco está dirigida a la nada (como sucede en el otras religiones, como el budismo). Son siempre dos miradas que se encuentran: nuestra mirada sobre la de Dios y la mirada de Dios sobre osotros. Si a veces se baja nuestra mirada o desaparece, nunca ocurre lo mismo con la mirada de Dios. La adoración eucarística es reducida, en alguna ocación, a hacerle compañia a Jesús simplmente, a estar bajo su mirada, dándole la alegría de contemplarnos a nosotros que, a pesar de ser criaturas insignificantes y pecadoras, somos sin embargo el fruto de su pasión, aquellos por los que dió su vida: ¡Él me mira!

La contemplación no es impedida de por sí por la aridez que a veces se pude experimentar, ya sea debido a nuestra disipación o sea en cambio permitida por Dios para nuestra purificación. Basta darle un sentido, renunciando también a nuestra satisfacción para hacerle feliz a él y decir con las palabras de Charles de Foucauld: "Tu felicidad me basta". Jesús tiene la eternidad para hacernos felices a nosotros, nosotros no tenemos más que este breve espacio de tiempo para hacerle feliz.

A veces nuestra adoración puede parecer una pérdida de tiempo, pura y simplemente un mirada sin ver; pero en cambio ¡cuánto testimonio encierra! Jesús sabe que podríamos marcharnos y hacer cientos de cosas más gratificantes, mientras estamos ahi quemando nuestro tiempo, perdiendolo "miserablemente". Cuando no conseguimos orar con el alma siempre podemos orar con nuestro cuerpo, y eso es orar con nuestro cuerpo.

En el libro del Éxodo leemos que cuando Moisés bajó del Monte Sinaí no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con Dios. Moisés no sabía y nosotros tampoco lo sabremos; pero quizá nos suceda también a nosotros que, volviendo entre los hermanos después de estos momentos, alguien vea que nuestro rostro se ha hecho radiante, porque hemos contemplado al Señor. Y este será el más hermoso don que nosotros podamos ofrecerles.

(Raniero Cantalamessa -"La Eucaristía Nuestra Santificación")

27 de agosto de 2010

Madre Teresa de Calcuta



Si querés conocer más sobre la vida de la Madre Teresa te invitamos a mirar su vida.... te mostramos la primera parte de la película. Para ver más podés entrar en www.gloriatv.com