10 de agosto de 2010

Historia de un secuestro

¿Cuántas veces nos acostumbramos a la comunión eucarística, perdiendo así la capacidad de asombro?
Bosco Gutierrez Cortina estuvo 9 meses secuestrado en un cuartitoo de 2x1 sin poder salir. ¡Sin embargo fue a misa y comulgó todos los días!

Si queres escuchar el TESTIMONIO VIVO de la fuerza que recibió Bosco para pasar los casi 300 monotonos dias en un cuartito de 2X1, hace click acá.



Parte 1




Parte 2




Parte 3




Parte 4




Parte 5




Parte 6


9 de agosto de 2010

El 26 de agosto de 1910 nació una santa...


Madre Teresa fue una mujer que conoció a Jesús Vivo. Lo descubrió en los pobres y en la Eucaristía. Y vos, ¿conocés a Jesús Vivo? ¿Estas convencido de Su amor por vos en la Eucaristía?

Madre Teresa y la Eucaristía


"Cristo se convirtió en el Pan de Vida porque comprendió la necesidad, el hambre que teníamos de Dios. Y nosotros debemos comer este Pan y la bondad de su amor para poder compartirlo.
La eucaristía es el signo más tangible del amor de Dios por el hombre, ya que renueva permanentemente su sacrificio por amor a nosotros. Y es la Misa, nuestra oración diaria, el lugar donde nos ofrecemos con y por Cristo para ser distribuidos entre los más pobres de los pobres.
La eucaristía es el misterio de nuestra unión profunda con Cristo."

"La Eucaristía y el pobre no son más que un mismo amor.
Para ser capaces de ver, para ser capaces de amar, tenemos necesidad de una profunda unidad con Cristo, de una oración intensa.
Por eso las Hermanas empiezan su jornada con la misa, la Santa Comunión, la meditación. Y la cerramos con una hora de adoración al Santísimo.
Esta unión eucarística constituye nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestro amor."

Cree que Él, Jesús, está bajo la apariencia del Pan y que él, Jesús, se encuentra en el hambriento, el desnudo, el enfermo, el que está sólo, el no querido, el que no tiene hogar, el indefenso y el desesperado.


Madre Teresa y los pobres

"Los pobres son la esperanza del mundo porque nos proporcionan la ocasión de amar a Dios a través de ellos. Son el don de Dios a la humanidad, para que nos enseñen una manera diferente de amarlo, buscando siempre la manera de dignificarlos y rescatarlos.
Ellos son el signo de la presencia de Dios entre nosotros, ya que en cada uno de ellos es Cristo quien se hace presente.
Por eso, Él no nos preguntará cuántas cosas hicimos, sino cuánto amor pusimos en ellas."

"Cristo no puede engañarnos.
Por ello, nuestras vidas deben estar entrelazadas con la Eucaristía.
El Cristo que se nos ofrece bajo las apariencias de pan, y el Cristo que se oculta bajo las semblanzas doloridas del pobre es el mismo Jesús.
Por eso, nosotras no somos simples asistentes sociales.
Un cristiano, si cree que está alimentando a Cristo hambriento, que está vistiendo a Cristo desnudo, es un contemplativo desde el corazón mismo de su hogar, de su vida, del mundo mismo.
Por eso yo defino a nuestras Hermanas y Hermanos Misioneros de la Caridad como contemplativos insertos en el mismo corazón del mundo durante las veinticuatro horas del día."

23 de julio de 2010

"herramientas"

Muchas veces nos preguntamos que es lo que necesitamos para estar bien, para ser felices...

Escuchaste alguna vez la frase "mens sana in corpore sano"? (mente sana en cuerpo sano). Cuidar mente y cuerpo...
Sabemos lo importante que es:

dormir bien
comer bien
hacer algo de deporte


 ahora te pregunto algo...



te preguntaste lo necesario que es cuidar, alimentar y cultivar tu alma, tu espíritu?
dejás entrar a Dios en tu corazón, en tu interior?
El es el Camino, la Verdad, la Vida...
El es la Fuente de la verdadera Felicidad, esa que todos buscamos de tantas formas distintas, pero que sólo El nos la puede dar al 100%...


Para estar con El contamos con muuuuuuchas "herramientas", te voy a nombrar algunas:

-La oración con el corazón
-El rezo del rosario
-El ayuno
-La lectura de Su Palabra (la Biblia)
-La confesión
-La Eucaristía
-...

Quiero detenerme en la última...



A veces queremos estar con Jesús, recibirlo en la Eucaristía, pero por alguna razón no podemos (si estamos enfermos; si estamos en un lugar en que faltan sacerdotes que celebren la misa; si estamos divorciados y vueltos a casar y no podemos comulgar sacramentalmente;...) al visitar al Santísimo, o en cualquier momento en que desees ardientemente recibir a Jesús, se le puede recibir espiritualmente, demostrándole a Jesús el deseo sincero de estar con Él.
Esto es lo que llamamos la comunión espiritual, que se puede hacer tan seguido como querramos. Esto trae gran provecho a nuestras almas.




Algunos ejemplos:

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado, veni al menos espiritualmente a mi corazón.

(Pausa en silencio para adoración)

Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Vos.
No permitás, Señor, que jamás me separe de Vos. Amén.

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Yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos.

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Creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento: Te amo y deseo. Veni a mi corazón. Te abrazo; no te apartes nunca de mí.





Cuánto le agrada a Dios esta Comunión espiritual, y cuántas las gracias que por ella
se nos conceden, lo manifestó el Señor a su sierva Sor Paula Maresca, fundadora del
Monasterio de Santa Catalina de Siena, en Nápoles, mostrándole (como en su vida se refiere) dos vasos preciosos, uno de oro y el otro de plata; y diciéndole que en el de oro conservaba sus comuniones sacramentales, y en el de plata las espirituales.

A la beata Juana de la Cruz le dijo que cada vez que comulgaba espiritualmente, recibía la misma gracia que si hubiese realmente comulgado. Baste sobre todo saber que el Sacro Concilio de Trento alaba mucho la Comunión espiritual, y exhorta a los fieles a practicarla.

La beata Águeda de la Cruz lo hacía doscientas veces al día. Y el Padre Pedro Fabro, primer compañero de San Ignacio, decía que para hacer bien la Comunión sacramental, ayuda sobremanera el comulgar espiritualmente.

El que quiera crecer en el amor a Jesús, que practique la Comunión espiritual, aunque sea una vez en cada Visita al Santísimo Sacramento, y en cada Misa aunque sea una vez; aunque mejor sería repetirla tres veces, o sea, al principio de la Misa, al medio y al final. Esta devoción es mucho más provechosa de lo que algunos piensan, y al mismo tiempo facilísima. Decía la mencionada beata Juana de la Cruz, que la Comunión
espiritual se puede hacer sin que nadie lo note, sin necesidad de ayuno o de permiso del director, y a la hora que nos plazca: con hacer un acto de amor, está hecha.


Texto extraído de "Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima" por San Alfonso María de Ligorio







La Santa Misa explicada por el Padre Pío

Testimonio del P. Derobert, hijo espiritual del P. Pío


Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.




Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta "marea negra" de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.

El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado...

El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presento en el "momento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El "Por él, con él y en él" corresponde al grito de Jesús: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombre en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: "Padre Nuestro....."

La fracción del Pan marca la muerte de Jesús.....

La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte...) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.

La bendición del Sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno....

Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino...lo que hago cada día...¡y con cuánta alegría!.


La canción que escuchamos durante el video es:

Gloria in Excelsis Deo

Gloria in excélsis Deo
Et in terra pax homínibus bonae voluntátis.
Laudámus te.
Benedícimus te.
Adorámus te.
Glorificámus te.
Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili unigénite, Jesu Christe.
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris.
Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.
Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis.
Quóniam tu solus Sanctus.
Tu solus Dóminus,
Tu solus Altíssimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spíritu in glória Dei Patris. Amen.

16 de julio de 2010

Eucaristía sufrimiento y alegría

Si este testimonio te parece muy largo, lo podes ver en distintos días!!!... :)

El Padre Buttet nos comparte su testimonio eucarístico en la ayuda a los pobres y enfermos en Suiza y China.

Nicolas Buttet es Fundador de la Fraternidad Eucharistein



El suizo Nicolas Buttet, nacido en 1961, jurista de formación y que fuera diputado en el Parlamento Cantonal de Valais, es sacerdote. En Roma, fue colaborador en el Consejo Pontifical Justicia y Paz, pero luego, en 1992, se retiró durante cinco años como ermitaño en Notre-Dame du Scex, en Valais. A su regreso, en 1997, funda la Fraternidad Eucharistein, en Saint-Maurice-d'Agone, que forma parte de estas numerosas nuevas comunidades, fruto del Concilio Vaticano II.



La comunidad cuenta con tres casas: una en Épinassey, en el territorio de la abadía de Saint-Maurice, otra en Bourguillon (Friburgo) y la tercera en Francia, en una gran propiedad de 115 hectáreas, donación del obispado de Fréjus-Toulon, en el municipio de La Martre. El 22 de junio de 2003, monseñor Dominique Rey, obispo de dicha diócesis, reconoce oficialmente la Fraternidad, erigiéndola en Asociación Pública de Fieles. El 29 de junio del mismo año, Nicolas Buttet es ordenado sacerdote y Jean Python, uno de sus brazos derechos, diácono.




La comunidad cuenta con una veintena de hermanos y hermanas, postulantes y novicios. En su estilo de vida, se inspira en san Francisco de Asís: sencillez evangélica y abandono a la Providencia. La vida de la comunidad está centrada en el Cristo Eucarístico celebrado en el sacrificio de la misa y adorado en el Santísimo Sacramento. La Fraternidad ofrece también a los jóvenes la posibilidad de vivir un año de reflexión, de servicio y de oración después de su formación profesional. Asimismo, recibe a numerosos jóvenes presa de problemas de droga, alcohol o depresión, a fin de permitirles vivir un tiempo de reconstrucción personal.


Además de ser el moderador de la Fraternidad, el padre Nicolas anima al Grupo Dorothée y Nicolas de Flüe y da regularmente conferencias. El padre Buttet ha contribuido también, en gran parte, a la creación de un centro de estudios antropológicos, el Instituto Philanthropos, inaugurado en 2004. El cuerpo docente de dicho instituto, que procede de las más importantes universidades europeas, trabaja de forma voluntaria. En relación con éste, el padre Buttet ha participado en la Fundación Ecophilos, cuyo objetivo es echar una mirada de verdad a la persona humana en el trabajo. A todas estas realizaciones se agrega la publicación de tres volúmenes sobre el tema de la Eucaristía: Aimer et faire connaître lamour (Amar y dar a conocer el amor), en Ediciones De LEmmanuel, Brûlé au soleil de Dieu (Ardiendo al sol de Dios), en Ediciones Du Cerf, y LEucharistie à lécole des saints (La Eucaristía en la escuela de los santos), en Ediciones De LEmmanuel.

5 de julio de 2010

San Juan María Vianney y la Eucaristía

Decía: El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

Si querés conocer a este Santo un poco más, sus vida y lo que decía, te recomiendo este link
http://www.corazones.org/santos/juan_vianney.htm


Algunos párrafos de la Encíclica "Sacerdotii Nostri Primordia", que lo propone como modelo:

Hombre de penitencia, San Juan María Vianney había comprendido igualmente que «el sacerdote ante todo ha de ser hombre de oración». Todos conocen las largas noches de adoración que, siendo joven cura de una aldea, entonces poco cristiana, pasaba ante el Santísimo Sacramento.


El tabernáculo de su Iglesia se convirtió muy pronto en el foco de su vida personal y de su apostolado, de tal suerte que no sería posible recordar mejor la parroquia de Ars, en los tiempos del Santo, que con estas palabras de Pío XII sobre la parroquia cristiana: «El centro es la iglesia, y en la iglesia el tabernáculo, y a su lado el confesionario: allí las almas muertas retornan a la vida y las enfermas recobran la salud»

Escuchémoslo aún. Inagotable es cuando habla de las alegrías y de los beneficios de la oración. «El hombre es un pobre que tiene necesidad de pedirlo todo a Dios». «¡Cuántas almas podríamos convertir con nuestras oraciones!». Y repetía: «La oración, esa es la felicidad del hombre sobre la tierra». Felicidad ésta que el mismo gustaba abundantemente, mientras su mirada iluminada por la fe contemplaba los misterios divinos y, con la adoración del Verbo encarnado, elevaba su alma sencilla y pura hacia la Santísima Trinidad, objeto supremo de su amor. Y los peregrinos que llenaban la iglesia de Ars comprendían que el humilde sacerdote les manifestaba algo del secreto de su vida interior en aquella frecuente exclamación, que le era tan familiar: «Ser amado por Dios, estar unido a Dios, vivir en la presencia de Dios, vivir para Dios: ¡cuán hermosa vida, cuán bella muerte!»

La oración del Cura de Ars que pasó, digámoslo así, los últimos treinta años de su vida en su iglesia, donde le retenían sus innumerables, penitentes, era, sobre todo, una oración eucarística. Su devoción a nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del altar, era verdaderamente extraordinaria: «Allí está —decía— Aquel que tanto nos ama; ¿por qué no habremos de amarle nosotros?». Y ciertamente que él le amaba y se sentía irresistiblemente atraído hacia el Sagrario: «No es necesario hablar mucho para orar bien —así explicaba a sus parroquianos—. Sabemos que el buen Dios está allí, en el santo Tabernáculo: abrámosle el corazón, alegrémonos de su presencia. Esta es la mejor oración». En todo momento inculcaba él a los fieles el respeto y el amor a la divina presencia eucarística, invitándoles a acercarse con frecuencia a la santa mesa, y él mismo les daba ejemplo de esta tan profunda piedad: «Para convencerse de ello —refieren los testigos— bastaba verle celebrar la santa Misa, y verle cómo se arrodillaba cuando pasaba ante el Tabernáculo»

«El admirable ejemplo del Santo Cura de Ars conserva también hoy todo su valor», afirma Pío XII. En la vida de un sacerdote, nada puede sustituir a la oración silenciosa y prolongada ante el altar. La adoración de Jesús, nuestro Dios; la acción de gracias, la reparación por nuestras culpas y por las de los hombres, la súplica por tantas intenciones que le están encomendadas, elevan sucesivamente al sacerdote a un mayor amor hacia el Divino Maestro, al que se ha entregado, y hacia los hombres que esperan su ministerio sacerdotal. Con la práctica de este culto, iluminado y ferviente, a la Eucaristía, el sacerdote aumenta su vida espiritual, y así se reparan las energías misioneras de los apóstoles más valerosos.
Es preciso añadir el provecho que de ahí resulta para los fieles, testigos de esta piedad de sus sacerdotes y atraídos por su ejemplo. «Si queréis que los fieles oren con devoción —decía Pío XII al clero de Roma— dadles personalmente el primer ejemplo, en la iglesia, orando ante ellos. Un sacerdote arrodillado ante el tabernáculo, en actitud digna, en un profundo recogimiento, es para el pueblo ejemplo de edificación, una advertencia, una invitación para que el pueblo le imite». La oración fue, por excelencia, el arma apostólica del joven Cura de Ars. No dudemos de su eficacia en todo momento.
Mas no podemos olvidar que la oración eucarística, en el pleno significado de la palabra, es el Santo Sacrificio de la Misa.

Mas conviene mostrar en esta Encíclica el sentido profundo con que, el Santo Cura de Ars, heroicamente fiel a los deberes de su ministerio, mereció en verdad ser propuesto a los pastores de almas como ejemplo suyo, y ser proclamado su celestial Patrono. Porque si es cierto que el sacerdote ha recibido el carácter del Orden para servir al altar y si ha comenzado el ejercicio de su sacerdocio con el sacrificio eucarístico, éste no cesará, en todo el decurso de su vida, de ser la fuente de su actividad apostólica y de su personal santificación. Y tal fue precisamente el caso de San Juan María Vianney.

De hecho, ¿cuál es el apostolado del sacerdote, considerado en su acción esencial, sino el de realizar, doquier que vive la Iglesia, la reunión, en torno al altar, de un pueblo unido por la fe, regenerado y purificado? Precisamente entonces es cuando el sacerdote en virtud de los poderes que sólo él ha recibido, ofrece el divino sacrificio en el que Jesús mismo renueva la única inmolación realizada sobre el Calvario para la redención del mundo y para la glorificación de su Padre. Allí es donde reunidos ofrecen al Padre celestial la Víctima divina por medio del sacerdote y aprenden a inmolarse ellos mismos como «hostias vivas, santas, gratas a Dios». Allí es donde el pueblo de Dios, iluminado por la predicación de la fe, alimentado por el cuerpo de Cristo, encuentra su vida, su crecimiento y, sí es necesario, refuerza su unidad. Allí es, en una palabra, donde por generaciones y generaciones, en todas las tierras del mundo, se construye en la caridad el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.

Recomiendo a todos, pero especialmente a los sacerdotes, el texto completo de esta Encíclica:
http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_19590801_sacerdotii_sp.html

2 de julio de 2010

"QUIEN ADORA ENCUENTRA PAZ..." Frutos de la Adoración Eucarística y de la Adoración Perpetua



La adoración aporta ante todo llegar a la intimidad con el Señor y ahondar esa intimidad. Para ningún adorador Jesús es un extraño. La adoración permite vivir más intensamente, con mayor participación, las celebraciones eucarísticas.

Quien adora encuentra paz, una paz desconocida para el mundo. Son muchísimos los testimonios en ese sentido. Personas que nunca pisaron una iglesia y que de pronto por alguna circunstancia o porque el Señor las atrajo entraron a la capilla de adoración y encontraron la paz para ellos desconocida, la que sólo puede dar el Señor.

La capilla de adoración perpetua ofrece a todos una estación para detenerse en el camino frenético de la vida. Les ofrece un espacio para reflexionar y dejarse interpelar por la presencia del Dios que nos ha creado y que nos salva.

La capilla siempre disponible es espacio de encuentro y de reposo en el camino, porque allí está Aquél que nos ofrece la paz verdadera, no como la que nos ofrece el mundo.

Resulta asombroso ver cuántas personas anónimas pasan y se detienen en la silenciosa capilla en la que el Santísimo está siempre expuesto y transcurren un tiempo considerable, inmersas en su mundo interior. Muchas veces se trata de personas que vienen de lugares muy distantes, aún de no católicos, o invitadas por amigos. Muchas entran “porque sí, por azar” y se ven atraídas por el poder invisible e irresistible del Señor.

Otro beneficio que se da donde la adoración perpetua es establecida es el servicio de orientación espiritual y de confesiones.

La adoración eucarística en general, y la perpetua en particular, favorecen la participación del sacrificio eucarístico en la Misa en la medida en que la adoración significa permanencia con Aquel a quien se ha encontrado en la comunión sacramental.

Mediante la adoración perpetua se descubre y promueve la unidad en torno a Jesucristo Eucaristía al volverse los adoradores conscientes de formar parte de una fraternidad eucarística, de cada uno ser un eslabón de la cadena ininterrumpida de adoración.

Los frutos son incontables: de conversión, de salvación, de sanación de viejas heridas, de perdón, de reconciliación, nacimiento de muchísimas vocaciones a la vida religiosa o al matrimonio.

Ya Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia decía: “El culto a la Eucaristía fuera de la Misa es de inestimable valor en la vida de la Iglesia...Es bello quedarse con Él e inclinados sobre su pecho, como el discípulo predilecto, ser tocados por el amor infinito de su corazón... Hay una necesidad renovada de permanecer largo tiempo, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento”. Y agregaba: “¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y de ella he sacado fuerzas, consuelo, sostén!” (EE n.25).

Hoy, más que nunca, debemos recuperar todo el respeto y el amor hacia la Eucaristía y para ello empezar con tomar conciencia del infinito bien que se nos ha dado. El Magisterio de la Iglesia insiste en –como decía el Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre el año eucarístico 2004- recuperar el “estupor eucarístico”. La rutina de las celebraciones hace que se pierda ese estupor, ese asombro por el mayor don que Dios nos ha hecho luego de su Encarnación y consecuenta con ella y con su sacrificio redentor.


Este texto fue tomado del blog www.padrefabian.blogspot.com, donde podés encontrar más textos eucarísticos. Te lo recomiendo!