15 de enero de 2010
Los santos y su devoción a la Eucaristía
San Basilio nos recuerda, además, que para mantener vivo en nosotros el amor a Dios y a los hombres, es necesaria la Eucaristía, alimento adecuado para los bautizados, capaz de robustecer las nuevas energías derivadas del Bautismo (cf. De Baptismo 1, 3: SC 357, 192). Es motivo de inmensa alegría poder participar en la Eucaristía (Moralia 21, 3: PG 31, 741a), instituida "para conservar incesantemente el recuerdo de Aquel que murió y resucitó por nosotros" (Moralia 80, 22: PG 31, 869b).
La Eucaristía, don inmenso de Dios, protege en cada uno de nosotros el recuerdo del sello bautismal y permite vivir en plenitud y con fidelidad la gracia del Bautismo. Por eso, el santo obispo recomienda la Comunión frecuente, incluso diaria: "Comulgar también cada día recibiendo el santo cuerpo y la sangre de Cristo es algo bueno y útil, dado que él mismo dice claramente: "Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna" (Jn 6, 54). Por tanto, ¿quién dudará de que comulgar continuamente la vida es vivir en plenitud?" (Ep. 93: PG 32, 484b). En otras palabras, la Eucaristía nos es necesaria para acoger en nosotros la verdadera vida, la vida eterna (cf. Moralia 21, 1: PG 31, 737c).
La Eucaristía es la plenitud del Bautismo, ya que sólo ella permite vivirlo con fidelidad y continuamente lo actualiza como potencia de gracia.
2 de enero: San Gregorio Nacianceno
El sacerdote “es el defensor de la verdad,... hace subir sobre el altar de lo alto las víctimas de los sacrificios, comparte el sacerdocio de Cristo, restaura la criatura, restablece en ella la imagen de Dios, la recrea para el mundo de lo alto, y, para decir lo más grande que hay en él, es (hombre) divinizado y diviniza”.
3 de enero: Santa Francisca Cabrini
Santa Frances Xavier Cabrini nació en Italia pero fue la primera ciudadana americana que alcanzó la santidad. Fundó una orden misionera en honor del Sagrado Corazón de Jesús para el cuidado de los pobres en los hospitales y las escuelas. Ella, y su pequeña orden de Hermanas, llegaron a la ciudad de New York en 1889, sin tener siquiera un lugar donde parar. La Madre Cabrini, y sus Hermanas, hacían diariamente varias Horas Santas de Adoración ante el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, a pesar de su exigente horario de trabajo. Ella decía “Oren siempre junto con Jesús, recuerden siempre que un alma unida a Jesús puede hacerlo todo...”
4 de enero: Beata Ángela de Foligno
Ella comprendió que el amor que Cristo crucificado se perpetúa en la Santa Misa. Era pues devotísima a la Eucaristía. Tuvo muchas visiones en el momento de la consagración, o durante la adoración de la sagrada Hostia.
Siete consideraciones dedica a la ponderación de los beneficios que en este sacramento se encierran. El cristiano debe acercarse con frecuencia a este sacramento, seguro de que, si medita en el grande amor que en él se contiene, sentirá inmediatamente transformada su alma en ese mismo divino amor. Exhorta a que nos hagamos, como preparación, las siguientes consideraciones: ¿A quién se acerca? ¿Quién es el que se acerca? ¿En qué condiciones y por qué motivos se acerca?
"Si tan solo pausáramos por un momento para considerar con atención lo que ocurre en este Sacramento, estoy seguro que pensar en el amor de Cristo por nosotros transformaría la frialdad de nuestros corazones en un fuego de amor y gratitud."
5 de enero: San Simeón
No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión. Asegura Teodoreto que casi era su único alimento la divina Eucaristía.
7 de enero: San Raimundo de Peñafort
Ni sus viajes, ni los trabajos de las misiones, ni los molestos achaques le estorbaban celebrar cada día el santo sacrificio de la Misa. La celebraba con tanta devoción y ter¬nura, que comúnmente se decía que no había convertido á menos pecadores su modestia en el altar, que su fervor en el púlpito.
10 de enero: Beata María Dolores Rodríguez Sopeña
Dialoga con Jesús a lo largo de toda la jornada, pero reconoce una presencia especial en la forma consagrada. Entre sus prácticas habituales sobresalen: las visitas al Santísimo, la Hora Santa, el Manifiesto diario. Llama al Jueves Santo el día del Instituto, porque ese día es la fiesta del Amor y en él se instituyó la Eucaristía. Ante el sagrario toma las grandes decisiones; ante él cada mañana al levantarse «arregla los asuntos del día», recibe consuelo, fortaleza, inspiración.
11 de enero: Santo Tomás de Cori
Tomás pasaba largas horas ante el Santísimo sin ni siquiera imaginar nadie que por 40 años vivió una gran sequedad es espiritual sufriendo la ausencia de todo consuelo en la oración y en la vida espiritual. Nadie lo vio nunca triste.
La oración animó toda su vida. El aspecto más evidente de su vida espiritual fue sin duda la centralidad de la Eucaristía, testimoniada en la celebración eucarística, intensa y participada, y en la oración silenciosa de adoración en las largas noches de retiro, después del oficio divino celebrado a medianoche. Su vida de oración estuvo marcada por una aridez persistente de espíritu. La ausencia total de una consolación sensible en la oración y en su vida de unión con Dios se prolongaría durante más de cuarenta años, y a pesar de ello nunca perdió la serenidad... encontrándole siempre sereno y radical en la vivencia del primado de Dios. Verdaderamente su oración se configuró como "memoria Dei" realizando concretamente la unidad de vida no obstante las múltiples actividades.
13 de enero: San Hilario, Obispo de Potiers
"El Sacramento del sagrado alimento, de la bebida celestial" (S. Matt. IX, 3) "es también el sacramento que entrega la carne y la sangre de Cristo" (La Trinidad, VIII, I5) "y el sacramento de la divina comunión" (Ps. 68, I7). "¡Han puesto las manos sobre Cristo!" grita a propósito de una profanación de la Sagrada Eucaristía por los herejes (Contra Constancio II). Y enseña ex profeso: "La verdad de la carne y de la sangre de Cristo no permite duda alguna. Por la declaración del Señor mismo, y en virtud de nuestra Fe, es verdaderamente la sangre de Cristo. Y cuando nosotros las recibimos, el efecto producido es que estamos en Cristo, y Cristo está en nosotros" (La Trinidad, VIII, 15-I7). Y luego, "la virtud de ese santo Cuerpo es vivificar a los que lo comen, preparándolos así para la unión con Dios]" (Ps. 64, I4. Ps. I27, I0). Además, la Eucaristía es el sacramento de la unidad entre cristianos: "Si verdaderamente el Verbo se hizo carne, y si nosotros recibimos verdaderamente la carne del Verbo en alimento. . . no venimos a ser sino uno solo entre nosotros, así como no venimos a ser sino uno solo con El y con Dios, puesto que el Padre está en Cristo y Cristo está en nosotros" (La Trinidad, VIII, I3-I5).
15 de enero: San Arnoldo Janssen
En 1896, el P. Arnoldo eligió a algunas de las Hermanas para formar una rama de clausura, las «Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua». Su servicio a la misión sería la de rezar día y noche por la Iglesia y especialmente por las otras dos congregaciones misioneras, manteniendo un servicio ininterrumpido de adoración al Santísimo Sacramento.
24 de enero: San Francisco de Sales
“Entre las prácticas de la religión, la Eucaristía es lo que el Sol entre los astros”.
28 de enero: Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia
"¡Prodigio admirable! Comer al Señor el pobre, siervo y humilde".
“La Eucaristía produce una transformación progresiva en el cristiano. Es el Sol de las familias y de las Comunidades”.
31 de enero: San Juan Bosco
"El objetivo principal es promover veneración al Santísimo Sacramento y devoción a María Auxilio de los Cristianos. Este título parece agradarle mucho a la augusta Reina del Cielo".
Ecclesia de Eucaristía
Introducción
Los Apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no. Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del jueves hasta la mañana del domingo. En esos días se enmarca el mysterium paschale; en ellos se inscribe también el mysterium eucharisticum.
Del misterio pascual nace
El acontecimiento pascual y
Estos escenarios tan variados de mis celebraciones eucarísticas me hacen experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico.¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo,
Misterio de Fe
Cuando
27 de diciembre de 2009
Encarnación y Eucaristía
"¿Quien no puede sentir en su interior la dulzura del Niño de Belén, que se me ha dado y se me da cada día en la Sagrada Eucaristía?", dijo el P. Alba en diciembre del 2001. Y en octubre de 1972 decía que "la Sagrada Eucaristía es la base central de nuestra religión".Por poco que se investigue, inmediatamente se ve que hay muy profundas verdades que, desde los Padres de la Iglesia, iluminan la fe del creyente en cuanto a las relaciones entre los misterios de la Encarnación y la Eucaristía.
Alrededor del pesebre, nos encontraremos los misterios de la fe múltiplemente ligados. En los belenes o pesebres tenemos distintos tipos de dioramas que representan la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, el Anuncio a los Pastores, la Adoración de los Reyes, la Huida a Egipto, la Matanza de los Santos Inocentes. Todo alrededor de la Encarnación y el martirio, el sacrificio testimonial, y el banquete pascual.
El año pasado hablábamos del Amen de María. Amén, diremos al comulgar, "con profunda analogía" con el fiat de María.
De la Presentación pasamos a la Pasión por la profecía de Simeón: "una espada te atravesará el alma", y, claro está, de la Pasión al Sacrificio Eucarístico. La Virgen de la Luz es también La Dolorosa. En la Eucaristía hemos de reparar la suprema injusticia del Calvario.
Ante la Eucaristía se han postrado reyes santos como Fernando III de Castilla. Se arrodilló para recibir el Viático.
Los pañales serán señal para los pastores junto con el pesebre. El Sumo Sacerdote se reviste de pañales, como dice San Bernardo. Hemos de reconocer al sacerdote aunque no lleve casulla. El sacerdocio imprime carácter. Que no nos pase como a los fariseos, que no le reconocieron.
Lo dicho aquí lo debo al P. Horacio: "María puso al Niño en un pesebre, ya como para ser comido". El pesebre será señal para los pastores, junto con los pañales.
Por una de esas providencias que alcanzan miles de años del hilo de la historia, Belén significa "casa de pan".
Con la Eucaristía comemos al que se alimenta con la Voluntad del Padre. "Yo tengo un alimento que no conocéis, cumplir la voluntad de mi Padre" Los padres engendran y alimentan. El hijo come para hacerse como los padres. El hambre es el apetito para crecer hasta ser lo que los padres son. El amor a Dios correspondido es querer cumplir la vocación que viene de Dios.
El Cordero de Dios
Es de destacar lo que significan los corderos para el pueblo de Israel. Al pesebre acuden pastores de corderos para ver el Cordero ante el que se postran reyes.
Todo honor y gloria se da al Padre por Él, con Él y en Él. Jesucristo es Sacerdote, Víctima y Altar.
Por la entrañas insondables de la misericordia de Dios, podemos acercarnos a la Santa Misa, donde el sacerdote pone a Jesús en el altar igual que María lo puso en un pesebre, como hijos pródigos y el Padre lo celebra con un banquete, en el que nos entrega el Cordero Degollado por nuestros pecados.
La Parusía
Como el círculo del año litúrgico que gira alrededor de las dos venidas de Cristo, así también, después de la venida sacramental decimos "ven Señor Jesús".
Oración a San José
Pidamos al Glorioso Patriarca San José que nos haga partícipes de su alegría en la cueva de Belén, donde Jesús estaba, pero no se le veía y se le empezó a ver, cada vez que en altar asistamos a la consagración, cuando Jesús no está y empieza a estar, aunque no se le vea. Así preparará nuestros corazones para el momento de la comunión, como preparó la Cueva de Belén hace ya 2000 años, para que podamos pronunciar nuestro "amen" al comulgar, con analogía, a imagen y semejanza, del "fiat" de María cuando "el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros".
Manuel Ma Domenech I
24 de diciembre de 2009
Escucha, mira, piensa, pregunta

"Cristo todo entero"

hoy conoceremos a otro monje benedictino del siglo doce. Su nombre es Ruperto de Deutz, una ciudad cercana a Colonia, sede de un famoso monasterio. Ruperto mismo habla de su propia vida en una de sus obras más importantes, titulada La gloria y el honor del Hijo del hombre, que es un comentario parcial al Evangelio de Mateo. Aún niño, fue acogido como “oblato” en el monasterio benedictino de San Lorenzo en Lieja, según la costumbre de la época de confiar a uno de los hijos a la educación de los monjes, pretendiendo hacer un don a Dios. Ruperto amó siempre la vida monástica. Aprendió bien pronto la lengua latina para estudiar la Biblia y para gozar de las celebraciones litúrgicas. Se distinguió por su integrísima rectitud moral y por el fuerte apego a la Sede de san Pedro.
Escritor fecundo, Ruperto ha dejado numerosísimas obras, aún hoy de gran interés, también porque participó en varias importantes discusiones teológicas de su tiempo. Por ejemplo, intervino con determinación en la controversia eucarística, que en 1077 había llevado a la condena de Berengario de Tours. Este había dado una interpretación reduccionista de la presencia de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía, definiendola como sólo simbólica. En el lenguaje de la Iglesia no había entrado aún el término “transustanciación”, pero Ruperto, utilizando a veces expresiones audaces, se hizo decidido defensor del realismo eucarístico y, sobre todo en una obra titulada De divinis officiis (Los oficios divinos), afirmó con decisión la continuidad entre el Cuerpo del Verbo encarnado de Cristo y el presente en las Especies eucarísticas del pan y del vino. Queridos hermanos y hermanas, me parece que en este punto debemos también pensar en nuestro tiempo; también hoy existe el peligro de redimensionar el realismo eucarístico, es decir, de considerar la Eucaristía casi como solo un rito de comunión, de socialización, olvidando muy fácilmente que en la Eucaristía está presente realmente Cristo resucitado - con su cuerpo resucitado – que se pone en nuestras manos para hacernos salir de nosotros mismos, incorporarnos a su cuerpo inmortal y guiarnos así a la vida nueva. ¡Ese gran misterio de que el Señor esta presente en toda su realidad en las especies eucarísticas es un misterio que hay que adorar y amar siempre de nuevo! Quisiera citar aquí las palabras del Catecismo de la Iglesia Católica que traerán en sí el fruto de la meditación de la fe y de la reflexión teológica de dos mil años: “Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente de hecho de modo cierto, real, sustancial: con su Cuerpo y su Sangre, con su Alma y su Divinidad. En ella está por tanto presente de forma sacramental, es decir, bajo las Especies eucarísticas del pan y del vino. Cristo todo entero: Dios y hombre” (CCC, 1374). También Ruperto contribuyó, con sus reflexiones, a esta precisa formulación.
Otra controversia, en la que el abad de Deutz se vio envuelto, tiene que ver con el tema de la conciliación de la bondad y la omnipotencia de Dios con la existencia del mal. Si Dios es omnipotente y bueno, ¿cómo se explica la realidad del mal? Ruperto reaccionó contra la postura asumida por los maestros de la escuela teológica de Laon, que con una serie de razonamientos filosóficos distinguían en la voluntad de Dios el “aprobar” y el “permitir”, concluyendo que Dios permite el mal sin aprobarlo y, por tanto, sin quererlo. Ruperto, en cambio, renuncia al uso de la filosofía, que considera inadecuada frente a un problema tan grande, y permanece sencillamente fiel a la narración bíblica. Parte de la bondad de Dios, de la verdad de que Dios es sumamente bueno y no puede sino querer el bien. Así identifica el origen del mal en el mismo hombre y en el uso equivocado de la libertad humana. Cuando Ruperto afronta este argumento, escribe páginas llenas de inspiración religiosa para alabar la misericordia infinita del Padre, la paciencia y la benevolencia de Dios hacia el hombre pecador.
Como otros teólogos del Medioevo, también Ruperto se preguntaba: ¿por qué el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, se hizo hombre? Algunos, muchos, respondían explicando la encarnación del Verbo con la urgencia de reparar el pecado del hombre. Ruperto, en cambio, con una visión cristocéntrica de la historia de la salvación, ensancha la perspectiva, y en una obra suya titulada La glorificación de la Trinidad sostiene la postura de que la Encarnación, acontecimiento central de toda la historia, había sido prevista desde la eternidad, aún independientemente del pecado del hombre, para que toda la creación pudiese alabar a Dios Padre y amarlo como una única familia reunida en torno a Cristo, el Hijo de Dios. Él ve entonces en la mujer encinta del Apocalipsis toda la historia de la humanidad, que está orientada a Cristo, así como la concepción está orientada al parto, una perspectiva que ha sido desarrollada por otros pensadores y valorada también por la teología contemporánea, la cual afirma que toda la historia del hombre y de la humanidad es concepción orientada al parto de Cristo. Cristo está siempre en el centro de las explicaciones exegéticas proporcionadas por Ruperto en sus comentarios a los Libros de la Biblia, a los que se dedicó con gran diligencia y pasión. Encuentra así una unidad admirable en todos los acontecimientos de la historia de la salvación, desde la creación hasta la consumación final de los tiempos: “Toda la Escritura”, afirma, “es un solo libro, que tiende al mismo fin [el Verbo divino]; que viene de un solo Dios y que ha sido escrito por un solo Espíritu” (De glorificatione Trinitatis et processione Sancti Spiritus I,V, PL 169, 18).
(…) Queridos amigos, de estas rápidas pinceladas nos damos cuenta de que Ruperto fue un teólogo fervoroso, dotado de gran profundidad. Como todos los representantes de la teología monástica, supo conjugar el estudio racional de los misterios de la fe con la oración y con la contemplación, considerada como la cumbre de todo conocimiento de Dios. Él mismo habla alguna vez de sus experiencias místicas, como cuando confía la inefable alegría de haber percibido la presencia del Señor: “En ese breve momento – afirma – experimenté qué verdadero es eso que él mismo dice: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (De gloria et honore Filii hominis. Super Matthaeum 12, PL 168, 1601). También nosotros podemos, cada uno de su propia forma, encontrar al Señor Jesús, que incesantemente acompaña nuestro camino, se hace presente en el pan eucarístico y en su Palabra para nuestra salvación.
22 de diciembre de 2009
Adoración

Dios: apenas cuatro letras para nombrarle. Un hombre, Jesús, donde amarlo. Un pequeño pedazo de pan para mirarlo y comerlo.
¿Qué más puede hacer para acercarse a nosotros? ¿Qué otra cosa podríamos exigirle?
Todos recordamos el terror respetuoso que sentían los antiguos frente a Él. Los judíos con el rostro en tierra; el monte Sinaí tronando tempestades entre humos y rayos; el rostro temible del Señor que no puede ser mirado. Su imponente obra creadora; su ser macizo e infinito; su perfección alucinante; su grandeza; su poder, su inteligencia. Solo pensarlo nos abruma. Dios: inmenso. Yo: una pulga. ¡Qué será verlo! ¡el tenerle enfrente!
Y, sin embargo, aquí está ahora, ante mí, y no estoy temblando. Ni estoy asustado, a sus pies, postrado en el piso. Ni me aniquila mi osadía de mirarlo a la cara.
¡Tu tienes la culpa, Señor! ¿A quién se le ocurre? ¡un Dios tan grande, hacerse un crío en los brazos de María! ¿A quién se le ocurre quedarse entre nosotros disfrazado de harina?
Si nos tomamos demasiado confianza; si pasamos delante de ti y quizá ni siquiera nos arrodillamos como corresponde; y si, frente a tu casa, por vergüenza u olvido o descuido, no nos signamos; si sabemos que esta aquí en los sagrarios y no te visitamos; si tantas veces solo y no te acompañamos; ¡es culpa tuya, Señor! ¿A quién se le ocurre, un pedazo de pan? ¡Nunca una espera, una antesala; recibiéndonos cuando se nos antoja, sin darte ni siquiera un cachito de importancia! ¿Cómo vas a hacerte respetar?
Y pan. ¡Humilde, pobre, blanco, pan!
Y eso que intentamos arreglarte un poco y te rodeamos de luces y de velas, de oro y de manteles, de sacerdotes estirados y de incienso. Pero, la cosa no tiene remedio porque ahí, en el centro del copón dorado, siempre lo mismo, la humildad del pan.
Señor, yo no entiendo mucho; pero, de ser Vos, me hubiera encarnado en tempestad, en viento, en rayo, en fuego; y no al alcance de las bocas, de la manos: ¡en alto pedestal; mentón erguido; soberano gesto!
Pero no: humilde pan, endeble miga, tenue espiga. ¿Cómo quieres que predique tu grandeza si te me haces niño, si te me haces trigo?
Nosotros necesitamos otras cosas: fanfarrias, tambores, vestidos largos, smoking, uniformes, plataformas, Rolex. Así nos hacemos respetar. Y que nos consideren, y que nos sonrían, y que nos aplaudan, y que nos digan ‘doctor', ‘señor', ‘Don', ‘ingeniero', ‘Excelencia', ‘Reverendo Padre'.
Claro, ya no como antes, porque hoy somos todos muy democráticos; pero ¡cómo nos gusta remarcar sutilmente las diferencias! Como aquel noble que, cuenta Manzoni, era tan humilde que preparaba una mesa para los pobres en su palacio y él mismo los servía. Pero jamás se le hubiese ocurrido sentarse y comer junto con ellos.
¡Enhiestos orgullos disfrazados de humildad! Como el cura aquel que, en la ceremonia del lavado de los pies, se enojó con uno de los doce pobres, porque, antes de la ceremonia, no se los había fregado con jabón.
Tu, Señor, en cambio, los sucios pies de Pedro, los pies de Juan, los de Tomás, Andrés, Santiago. Los pies de Judas. Mis propios sucios pies. Mis sucios pies del alma embarrados en tantos senderos equivocados; en los basurales del pecado; en la transpiración del pereza, la incuria, la mediocridad. De las canilla de tus manos y de tus pies, de la fuente de tu costado, sacas las sangre y el agua con que me lavas. ¡Pobre y despreciado Dios crucificado!
Sí: cómo pensarlo entonces ‘Dios' como nos enseña el catecismo y la filosofía: ‘Ser Supremo', ‘infinitud perfecta', ‘océano insondable e ilimitado de toda grandeza', ‘de todo poder', ‘de toda gloria', ‘de toda opulencia', ‘de toda belleza'… si insiste en lavarnos los pies. Si, en lugar de trono y de corona, cuelga ensangrentado de los ganchos de una cruz. Si, en vez de rayo y trueno, calla ensimismado en pan.
Como canta el poeta (1) español Félix José Reinoso :
“Y que, Señor, bajo ese opaco velo
la majestad se esconde,
el poder y esplendor que en luz ardiente
enciende y llena el anchuroso cielo?
¿Do el trono soberano?
¿Do está el alcázar? ¿Dónde
la corte que entre nube reverente
asiste a la deidad, de cuya mano
pende la tierra, a cuya vista airada
la mar huye espantada?
Tu bajas ¡oh! de tu esplendor desnudo,
a esta humilde morada
para habitar en el mortal mezquino,
para estrecharle en amoroso nudo.
¿Oh, Señor! ¿Qué es el hombre?
Prole infiel engendrada
en miseria y pecado, ¡Amor divino,
inmenso como Dios! ¿Así tu nombre,
tu omnipotencia y gloria y tu grandeza
se humilla a mi bajeza?
No ya, como en Horeb, de en medio al fuego
un acento imperioso:
‘Aparta', te dirá, ‘del lugar santo';
ni otra vez el mortal, entre humo ciego,
en trueno pavoroso
oirá la voz divina con espanto.
De sí pródigo Dios, al hombre, unido,
fue su víctima ya; y ora ¡oh portento!
ser quiere su alimento.
¿Cuál ¡oh! será la afortunada gente
a quien el rostro amable
su Dios así le muestre generoso?
Entonad, ¡oh mortales!, dulcemente
canto no interrumpido:
la piedad adorable
load, load del Dios que en delicioso
manjar se os da, ¡oh amor!, ¡Oh!, convertido
yo en ti viviere, el alma desmayada,
en dulzura anegada…
Oración:
Dios todopoderoso y eterno;, segunda Sagrada Persona de la Santa Trinidad; Verbo de Dios por quien todas las cosas fueron hechas y se sostienen en la existencia;, Tu que, para que no nos abrumemos, pequeñas creaturas, ante tu augusta presencia, permaneces entre nosotros velado en pan, haznos percibir siempre tu grandeza humillada por nosotros. Que nunca nos acostumbremos a tu convivencia. Que nuestro asombro y agradecimiento se renueve cada vez que nos acercamos así tan fácilmente a Ti Que tus audiencias en el sagrario, no por accesibles se nos transformen en vulgares. Que siempre estemos frente a ti confiados, pero nunca confianzudos. Que el amor increíble que así nos demuestras y el amor que queremos tenerte coexistan siempre con el respeto y reverencia que, como criaturas e hijos, Te debemos. Y, ante este sacramento donde abdicas toda pompa para bajarte a nosotros, haznos aprender la humildad.
Tu, que eres Dios y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Oremos cinco minutos en silencio.
10 de diciembre de 2009
Sí, el amor existe
La Eucaristía, explica Benedicto XVI, es el misterio del amor que todo lo transforma, y que por tanto, transforma una realidad tan simple como el pan para convertirse en presencia de Dios en la historia.El Corpus Christi, dijo, hablando desde la ventana de su estudio, "es una manifestación de Dios, un testimonio de que Dios es amor".
"De manera única y peculiar --añadió--, esta fiesta nos habla del amor divino, de lo que es y de lo que hace --añadió--. Nos dice, por ejemplo, que regenera al entregarse a uno mismo, que se recibe al dar".
Según el Papa, "el amor todo lo transforma y, por tanto, se comprende que en el centro de esta fiesta del Corpus Christi se encuentra el misterio de la transubstanciación, signo de Jesús-Caridad, que transforma el mundo".
"Al contemplarle y adorarle, decimos: sí, el amor existe, y dado que existe, las cosas pueden cambiar para mejor y nosotros podemos esperar", afirmó.
"La esperanza que procede del amor de Cristo nos da la fuerza para vivir y afrontar las dificultades --aclaró--. Por ello, cantamos, mientras llevamos en procesión al Santísimo Sacramento; cantamos y alabamos a Dios que se ha revelado escondiéndose en el signo del pan partido".
"De este Pan todos tenemos necesidad --subrayó--, pues es largo y cansado el camino hacia la libertad, la justicia y la paz".