¡Salve, verdadero cuerpo nacido de María Virgen!
¡Viernes Santo de 2005, año de la Eucaristía! ¡Cuánta luz, sobre uno y otro misterio, de este acercamiento! Pero si la Eucaristía es «el memorial de la pasión», ¿cómo es que la Iglesia se abstiene de celebrarla precisamente el Viernes Santo? (A lo que estamos asistiendo no es, como sabemos, una Misa, sino una liturgia de la Pasión en la que sólo se recibe el cuerpo de Cristo consagrado el día precedente).
Existe una profunda razón teológica en ello. Quien se hace presente en el altar en cada Eucaristía es Cristo resucitado y vivo, no un muerto. La Iglesia se abstiene por ello de celebrar la Eucaristía en los dos días en que se recuerda a Jesús que yace muerto en el sepulcro, cuya alma está separada del cuerpo (si bien no de la divinidad). El hecho de que hoy no se celebre la Misa no atenúa, sino que refuerza el vínculo entre el Viernes Santo y la Eucaristía. La Eucaristía es a la muerte de Cristo como el sonido y la voz son para la palabra que transportan en el espacio y hacen llegar al oído.



















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