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29 de marzo de 2013

Viernes Santo: La Cruz y la Eucaristía



¡Salve, verdadero cuerpo nacido de María Virgen!

¡Viernes Santo de 2005, año de la Eucaristía! ¡Cuánta luz, sobre uno y otro misterio, de este acercamiento! Pero si la Eucaristía es «el memorial de la pasión», ¿cómo es que la Iglesia se abstiene de celebrarla precisamente el Viernes Santo? (A lo que estamos asistiendo no es, como sabemos, una Misa, sino una liturgia de la Pasión en la que sólo se recibe el cuerpo de Cristo consagrado el día precedente).

Existe una profunda razón teológica en ello. Quien se hace presente en el altar en cada Eucaristía es Cristo resucitado y vivo, no un muerto. La Iglesia se abstiene por ello de celebrar la Eucaristía en los dos días en que se recuerda a Jesús que yace muerto en el sepulcro, cuya alma está separada del cuerpo (si bien no de la divinidad). El hecho de que hoy no se celebre la Misa no atenúa, sino que refuerza el vínculo entre el Viernes Santo y la Eucaristía. La Eucaristía es a la muerte de Cristo como el sonido y la voz son para la palabra que transportan en el espacio y hacen llegar al oído.

23 de marzo de 2013

Domingo de Ramos: Puerta de la Semana Santa


ACOMPAÑEMOS A JESUS EN SU PASIÓN Y MUERTE REDENTORA

PARA CELEBRAR SU GLORIOSA RESURRECCIÓN.

"El Domingo de Ramos es una puerta que se nos presenta como una interpelación: ´Semana Santa, ¿entramos o no?

Jesucristo es vivado como Rey y allí comienza su santísima Pasión y su soledad.

Tratemos de ubicarnos con nuestra imaginación a la entrada de Jerusalén:  Estamos a la entrada, junto a Jesús.  Él entra, y nos pregunta: ´¿Entras conmigo?`  Responder afirmativamente es entrar, pero para ir a la Pasión y a la Cruz.  Jesús nos dice: Él que trabaje conmigo de día y vele conmigo de noche, el que me acompañe en las penas, también me va a acompañar en la gloria`. Jesús cruza el umbral del momento más crucial de su vida, y como hombre no puede no sentir la resistencia a este camino doloroso. Hasta ahora, los discípulos venían siguiendo a un hombre fascinante, escuchando palabras encantadoras de bondad, de misericordia, de humildad, de sanación.  Ahora el seguimiento, si se mantienen en la decisión de hacerlo, cambiará de forma y tomará la forma del despojo. A esto se refería Jesús cuando decía ´el discípulo no es menos que su Maestro`.

En la Semana Santa, en ese camino que va desde la puerta de la ciudad hasta el Gólgota del Viernes Santo y hasta el sepulcro vacío del Domingo de Resurrección,  hay un lugar que el Señor reserva para ti.  Hay un momento dentro de la Pasión que es para ti.  Y el desafío, si decides entrar en la Semana Santa con todo el corazón,  es encontrarlo: acompañarlo en el dolor y en su agonía, al pie de la Cruz y en su soledad.

La Eucaristía es el memorial del sacrificio de Jesús. Cada Eucaristía es un volver a revivir el misterio pascual del Señor:  su Pasión y Muerte redentora y su gloriosa Resurrección

10 de marzo de 2013

En la eucaristía entramos en comunión con el misterio de Dios



Cuando comulgamos, cuando estamos frente a la Eucaristía, entramos en una comunión misteriosa y profunda con toda la Trinidad: a través de Jesús, en su Espíritu, entramos en comunión con el Padre. Nosotros ahora mismo podemos realizar esto. Estamos frente a Jesús. El secreto es ofrecerse por completo, no reteniendo voluntariamente nada para sí mismo. Jesús en la cruz fue todo él una ofrenda, una hostia. No había fibra alguna de su cuerpo o sentimiento de su alma que no fuese ofrecida al Padre; todo estaba sobre el altar. Todo aquello que uno retiene para sí, se pierde, porque no se posee sino lo que se da. San Francisco de Asís, concluye una de sus admirables páginas sobre la santa misa, con esta exhortación: «Mirad, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones; humillaos también vosotros, para ser enaltecidos por él. En conclusión: nada de vosotros retengáis para vosotros mismos, para que enteros os reciba el que todo entero se os entrega». El autor de la Imitación de Cristo hace decir a Jesús: «Me he ofrecido por entero al Padre, por ti he dado todo mi cuerpo y mi sangre como alimento, para ser todo tuyo, y tú mío para siempre. Pero si quieres pertenecerte a ti mismo y no te ofreces espontáneamente a mi voluntad, no habrá ofrenda completa, ni existirá una perfecta unión entre nosotros» Lo que uno retiene para sí, para conservar un margen de libertad con Dios, contamina todo el resto. Es como ese pequeño hilo de seda, del que habla san Juan de la Cruz, que impide al pájaro volar.

9 de marzo de 2013

"El Gran Milagro": nunca volverás a vivir la Misa de la misma manera



De la redacción de Zenit:

"El Gran Milagro" es primera película de animación en 3D que habla sobre la Misa con un profundo contenido catequético.

Esta iniciativa en el marco del Año de la Fe, entra en el mundo de las artes y la cultura como herramienta ideal para animar tanto a niños como a mayores a redescubrir su fe, y dar a conocer el contenido y la importancia de la Misa con un filme de entretenimiento y valores para toda la familia.

26 de febrero de 2013

Eucaristía: don del Amor



Dame, ¡oh Jesús!, la gracia de poder sondear la inmensidad de aquel amor que te movió a darnos la Eucaristía

"Habiendo amado Jesús a los suyos... al fin los amó extremadamente" (Jn. 13, 1)

Fue en las últimas horas de intimidad que Jesús pasó entre los suyos cuando quiso darles la última prenda de su amor. Fueron horas de dulce intimidad y, al mismo tiempo, de amarguísima angustia; Judas ya se había puesto de acuerdo sobre el precio de la infame venta; Pedro le va a negar, todos dentro de breves instantes le abandonaría. En este ambiente la institución de la Eucaristía aparece como la respuesta de Jesús a la traición de los hombres, como el don más grande de su amor infinito a cambio de la más grave ingratitud; es el Dios bueno y misericordioso que quiere atraer a su rebelde criatura no con amenazas, sino con las más delicadas ingeniosidades de su inmensa caridad. Cuánto había hecho y sufrido ya Jesús por el hombre pecador, y he aquí que cuando la malicia humana toca ya el fondo del abismo, Él, el buen Jesús, casi agotando la capacidad de su amor, se entrega al hombre no sólo como Redentor, que morirá por él sobre la Cruz, sino como alimento, para nutrirlo con su Carne y con su Sangre. Aunque la muerte dentro de pocas horas le arrancará de la tierra, la Eucaristía perpetuará su presencia viva y real en el mundo hasta la consumación del tiempo. "Estás loco por tus criaturas - exclama Santa Catalina de Siena -; todo lo que tienes de Dios y todo lo que tienes de hombre nos lo dejaste en alimento, para que mientras peregrinamos por esta vida, no desfallezcamos por la fatiga, sino que vivamos fortificados por Ti, oh Alimento celestial".

25 de febrero de 2013

El silencio en la liturgia



No ha sido, ni es, fácil escuchar lo que Dios nos quiere decir. A menudo el ruido interior y la dispersión, en la que solemos caer los seres humanos, ha hecho difícil percibir la presencia de Dios. Y es que para escuchar a Dios y acoger su plan hace falta hacer un silencio profundo que nos haga receptivos y nos disponga para cumplir su voluntad.

Uno nunca sabe cómo se manifestará Dios. La historia del pueblo escogido nos muestra cómo el Señor se fue revelando de distintas maneras. Todas exigieron siempre una profunda atención. Cabe pensar que el hombre no hubiera podido acoger la presencia divina y conocer su plan si no hubiera recibido el don de un silencio profundo y receptivo, tanto interior como exterior.

8 de febrero de 2013

La Eucaristía y la acción del Espíritu Santo




Las liturgias orientales han atribuido siempre la realización de la presencia real de Cristo sobre el altar a una operación especial del Espíritu Santo. En la anáfora, llamada de Santiago, en uso en la Iglesia antioquena, el Espíritu Santo es invocado con estas palabras: “Envía sobre nosotros y sobre estos santos dones presentados, tu santísimo Espíritu, Señor y dador de vida, que se sienta contigo, Dios y Padre, y con tu único Hijo. Él reina consustancial y coeterno; ha hablado en la ley y en los profetas y en el Nuevo Testamento; descendió, bajo forma de paloma, sobre nuestro Señor Jesucristo en el río Jordán, posándose sobre él; descendió sobre los santos apóstoles, el día de Pentecostés, bajo la forma de lenguas de fuego. Envía éste, tu Espíritu, tres veces santo, Seños, sobre nosotros y sobre estos santos dones presentados, para que, por su venida santa, buena y gloriosa, santifique este pan y lo transforme en el santo cuerpo de Cristo (Amén); santifique este cáliz y lo transforme en la sangre preciosa de Cristo (Amén)”

1 de febrero de 2013

Lo que Jesús puede hacer en la Eucaristía



Me di cuenta de esta verdad cuando asistí a una Misa al aire libre en un país montañoso de América Latina. Muchas personas muy pobres participaron en esta Misa. El sacerdote usó una mesa como altar. Llevaron a un niño que sufría de quemaduras muy severas y tenía su cuerpo lleno de ampollas. Recuerdo haber pensado: "Dios mío, no hay realmente nada qué hacer. Está tan mal. No tenemos médicos ni medicinas aquí." Yo admiraba al sacerdote. Su fe en el Señor me enseñó que debo dejar que Jesús haga lo que sólo El puede hacer en y a través de la Eucaristía: cambiar nuestra vida. Oramos por el pequeño y después el sacerdote le dijo a la anciana mujer que lo había llevado a la Misa: "Sólo déjelo ahí, debajo la mesa y prosigamos con la celebración de la Eucaristía". En el transcurso de la Misa, me sorprendió grandemente la participación de la gente en la celebración. Me impresionó que el sacerdote fuera tan consciente de lo que estaba haciendo a través de la liturgia, él hizo que la Misa cobrara vida para esas pobres personas. Era evidente por la manera de actuar del sacerdote que estaba emocionado por la Misa, que tenía una fe profunda y personal en Jesús. De hecho así lo transmitió a las personas que asistimos a esa Misa al aire libre. Cuando llegamos a la Consagración, yo tenía los ojos cerrados. Al abrirlos, descubrí que la gente estaba postrada en el suelo, sólo elevaban sus ojos para adorar al Señor. La mirada en sus rostros me hizo pensar que ellos realmente creían que Ese era Jesús." Después, cuando miré la Hostia Consagrada, en mi imaginación, ví la figura más hermosa de Jesús con ambas manos extendidas. El sonreía con mucho amor y compasión. Abrazó a esa pobre gente y dijo: "Vengan a Mí los que estén cansados, Yo les daré vida y fe." Fue en ese momento que entendí en lo mas hondo de mi corazón: "Querido, Jesús, ése eres realmente Tú. Podrá aparecer sólo pan y vino, pero sólo Tú pudiste pensar en un modo tan creativo para hacerte presente entre Tu pueblo." Al terminar la Misa, fui a ver cómo estaba el niño. Lo habían colocado debajo de la mesa que sirvió como altar, pero ya no estaba ahí. Yo le pregunté a la mujer que lo trajo a la Misa: "¿Dónde está?" Ella me dijo, señalando un grupo de niños que jugaban ahí cerca: "Ahí está". Ví al niño y se veía muy bien. No había nada malo en ese pequeño. Y dije en voz alta, más para mí que para los demás: "¿Qué le pasó?" La anciana mujer me miró y me dijo: "¿Cómo que qué le pasó? ¿Acaso no vino Jesús?" Durante esa Misa y como en todas las Misas, el sacerdote extendió sus manos sobre el pan y el vino e invocó la acción del Espíritu Santo para santificar esta acción "a fin de que se convierta en el Cuerpo y la Sangre" de Jesús. Cuando el sacerdote dijo esa oración, vino el Espíritu Santo, pero ciertamente no se limitó sólo a hacer lo que el sacerdote pidió. El Espíritu infundió Su poder en ese pequeño y el niño fue transformado, fue completamente sanado. Ese mismo día, al comienzo de la Misa, ví a otro niño con su carita totalmente deformada. Al final de la Misa, su madre corriendo hacia mí con su hijo en brazos. Me dijo: "Hermana, mire a mi pequeño". La deformación había sido curada. Yo fui la única que se sorprendió, pero el sacerdote había tenido la capacidad de introducir a la comunidad con Jesús vivo. Como la mujer del Evangelio, ellos se acercaron a Jesús con una Fe expectante. No fueron simplemente a ver lo que el sacerdote hacía o a criticar cómo predicaba y celebraba la Misa. Era su Eucaristía. Habían ido a participar con Jesús de una celebración que sería ofrecida al Padre y tomaron parte también de ese ofrecimiento. Para ellos, fue una experiencia viva de Jesús. Abandoné esa montaña con un entendimiento totalmente nuevo de la Eucaristía.

29 de enero de 2013

La Eucaristía y la espera del Señor



La espera de la venida de Cristo no tiene, pues, un móvil negativo que se pueda calificar como disgusto del mundo y de la vida, sino un móvil sumamente positivo que es el deseo de la verdadera vida en la que Jesús nos introduce con su venida. La liturgia de la Iglesia siempre ha llamado “nacimiento” al día del encuentro de los santos con el Señor. Jesús habla de un “parto” y, de hecho, será como un salir del útero tenebroso de este mundo visible y llenarse de gozo por la luz de la verdad plena.

22 de enero de 2013

La liturgia de las horas prepara y prolonga la eucaristía a lo largo de la jornada



La fidelidad a la celebración diaria e íntegra de la Liturgia de las Horas en la vida del Sacerdote

“Queridos hermanos en el ministerio sacerdotal y diaconal; queridos hermanos y hermanas en la vida consagrada: sé que se requiere disciplina; más aún, a veces también es preciso superarse a sí mismo para rezar fielmente el Breviario; pero mediante este officium recibimos al mismo tiempo muchas riquezas: ¡cuántas veces, al rezarlo, el cansancio y el abatimiento desaparecen! Y donde se alaba y se adora con fidelidad a Dios, no falta su bendición” (Benedicto XVI, Discurso en la visita a la Abadía de Heiligenkreuz, 9 de septiembre de 2007).

Bastarían estas vehementes palabras de Benedicto XVI para recordar cuán precioso es el don que la Iglesia pone en manos del sacerdote, cuando le pide que celebre diaria e íntegramente la Liturgia de las Horas. La Iglesia le da una tarea, le impone un trabajo (officium). Porque, en efecto, se trata de esto. La Liturgia de las Horas es el primer trabajo (officium) al cual está llamado el sacerdote. Un trabajo que debe desempeñar al servicio de toda la Iglesia y de aquellos que le son encomendados. Como tal lo debe percibir y vivir. El anhelo pastoral de su corazón consagrado comienza allí, en esa celebración fiel que marca el ritmo las horas de su jornada y con la cual lleva delante del Señor “el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres” (Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 1), atrayendo hacia el mundo bendición y salvación, y recibiendo también él muchas riquezas.

19 de enero de 2013

El estilo de la celebración: índice de la conciencia de la propia identidad del sacerdote



“La vida y el ministerio del sacerdote son continuación de la vida y la acción del mismo Cristo sacerdote;
esta es nuestra identidad, nuestra verdadera dignidad, la fuente de nuestra alegría, la certeza de nuestra vida”.

Estas palabras, que se encuentran en la Exhortación apostólica post-sinodal de Juan Pablo II acerca de la formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales (Pastores dabo vobis, n. 18), son una hermosa síntesis, eficaz y plena de asombro y agradecimiento de la conciencia que la Iglesia tiene de la dignidad del sacerdote. No sólo eso. Estas palabras ofrecen a cada presbítero una especie de espejo en el cual contemplar con gran gozo su propia identidad, a fin de centrarse de nuevo en ella, gracias sobre todo a la celebración litúrgica. De hecho, precisamente el acto litúrgico revela, de manera del todo singular, la realidad más íntima y fascinante del sacerdocio ministerial: ser imagen viva y transparente de Cristo sacerdote. La reflexión teológica ha acuñado una fórmula bastante densa de significado para describir esta realidad: “in persona Christi”. El sacerdote actúa en la persona misma de Cristo, “Cristo vive en él” cuando ejerce su ministerio litúrgico y sacramental.

15 de enero de 2013

En el año de la Fe



De una carta de J.R.R. Tolkien a su hijo Michael, 1 de noviembre de 1963

“Exige una fantástica voluntad de incredulidad suponer que Jesús nunca realmente «existió», y más todavía suponer que nunca dijo las cosas que de Él se han escrito y trasmitido (tan incapaz era nadie en el mundo de aquella época de «inventarlas»): tales como «antes de que Abraham existiera, Yo soy» (Juan, 8);«El que me ha visto, ha visto al Padre» (Juan, 9); o la promulgación del Santísimo Sacramento en Juan, 6: «El que ha comido mi Carne y bebido mi sangre tiene vida eterna»."

27 de diciembre de 2012

Fiesta de san Juan Apóstol y Evangelista



Fiesta de San Juan Apóstol


Querido padre Tomás:

En un día frío de invierno en Nueva Inglaterra, dos amigos míos, Bruce y Maureen Smith, me llevaban en su auto al aeropuerto. Mirábamos continuamente por la ventana preguntándonos si el avión podría despegar. Era un día oscuro, gris, nublado y tan frío que hasta granizaba.

El avión finalmente despegó y en pocos segundos se elevó sobre las nubes. La escena era paralizante. Tan lejos como los ojos podían ver, había filas y filas de nubes blancas onduladas matizadas con resplandores de un sol dorado.

Esto, pensé es lo que cada hora santa debería ser. "Yo soy la Luz del Mundo" (Jn 8,12). Jesús es la Luz. El Santísimo Sacramento es Jesús. El Santísimo Sacramento es la Luz del mundo. Los pensamientos negativos y depresivos no vienen de Él sino de Su adversario.

Cada momento que se pasa en Su Presencia debería influenciar y cambiar nuestra mente de lo negativo a lo positivo. El amor es positivo. "Dios es amor" (1 jn 4,8). Jesús es Dios, por lo tanto, el Santísimo Sacramento es Amor. El poder de este amor está por encima de todo. Así como el avión, el pensamiento nos lleva de lo oscuro, frío y nublado a la cálida, despejada luz del amor positivo.

Con cuanta frecuencia oímos decir a la gente que esta o aquella persona es "insegura". Todos somos inseguros. Encontramos nuestra seguridad en la profundidad de su Amor Eucarístico.

Esta es la lección de la fiesta de hoy. San Juan se vio a si mismo como "el que Jesús amaba" y se recostó en Su Corazón. En la primera Eucaristía, Juan "se recostó sobre el pecho de Jesús" (Jn 13,23).

Así es como conseguimos nuestra seguridad, recostándonos sobre el Corazón de Cristo. Cuando nos recostamos en nosotros mismos, nos vemos en la oscuridad de nuestra naturaleza humana caída y por consiguiente somos inseguros.

24 de diciembre de 2012

En Belén, "la casa del pan", encontramos el alimento de la vida eterna



Del nuevo libro de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI

sobre la infancia de Jesús

«El pesebre es donde los animales encuentran su alimento. Sin embargo, ahora yace en el pesebre Aquel que se ha indicado a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo, como el verdadero alimento que el hombre necesita para ser persona humana.

20 de diciembre de 2012

Profesión de fe en la eucaristía



Confesión de fe que la Iglesia le pidió a Berengario en el siglo XI:

" Yo, Berengario, creo en mi corazón y mis labios confiesan: que el pan y el vino que se ponen en el altar, por el misterio de la declaración sagrada y de las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmente en la carne verdadera, propia y vivificante y en la sangre de Jesucristo, Nuestro Señor;

16 de diciembre de 2012

Eucaristía: regalo de Dios



Del P. Cantalamessa

"Jesús explicaba las cosas del reino con parábolas: adoptemos por una vez su método y tratemos de entender, con la ayuda de una parábola moderna, lo que sucede en la celebración de cada Misa. En una gran hacienda había un empleado que amaba y admiraba desmesuradamente al dueño de la empresa. Por su cumpleaños quiso hacerle un regalo. Pero antes de presentárselo pidió en secreto a todos sus colegas que pusieran su firma en el regalo. Por tanto, llegó a manos del dueño como el regalo indistinto de todos sus dependientes y como un signo de estima y de amor de todos ellos, pero, en realidad, sólo uno había pagado el precio del mismo.

¿No es exactamente lo que sucede en el sacrificio eucarístico? Jesús admira y ama ilimitadamente al Padre celestial. Quiere hacerle cada día, hasta el fin del mundo, el regalo más precioso que se pueda pensar, el de su misma vida. En la Misa invita a todos sus hermanos para que pongan su firma en el regalo, de modo que llega a Dios Padre como el regalo indistinto de todos sus hijos, “el sacrificio mío y de ustedes”, lo llama el sacerdote en el “Oren hermanos” . Pero, en realidad, sabemos que sólo uno ha pagado el precio de dicho regalo. ¡Y qué precio!!

11 de diciembre de 2012

El Cristo de Belén es el mismo Cristo de la Eucaristía



El Cristo eucarístico se identifica con el Cristo de la historia de la eternidad. No hay dos Cristos, sino uno solo. Nosotros poseemos, en la Hostia, al Cristo de todos los misterios de la Redención: al Cristo de la Magdalena, del hijo pródigo y de la Samaritana, al Cristo del Tabor y de getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos, sentado a la diestra del Padre...

23 de noviembre de 2012

Eucaristía, sacramentum caritatis


Lo que los padres de la Iglesia querían decir con el lenguaje figurado de la embriaguez, santo Tomás de Aquino lo expresa en términos más racionales, diciendo que la eucaristía es “el sacramento del amor”. La unión con el Cristo vivo no puede tener lugar de modo distinto que en el amor; el amor, en efecto, es la única realidad gracias a la cual dos seres vivos distintos, permaneciendo cada uno en su propio ser, pueden unirse para formar una sola cosa. Si el Espíritu Santo es llamado “la misma comunión” con Cristo, es, precisamente, porque él es el Amor mismo de Dios. Todo encuentro con la Eucaristía que no se concluye con un acto de amor, es incompleta.

1 de noviembre de 2012

La Iglesia Celestial celebra una Eucaristía sin Ocaso



EN LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Esta Fiesta pone alas en nuestras almas para volar hasta el Cielo; nos coloca, con la fe, en la mansión gozosa de los elegidos, y nos hace asistir a la liturgia misteriosa de las mansiones eternas. Y podemos repetir con San Juan: «Vi una gran muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y lenguas, que estaban junto al trono y delante del Cordero, revestida de un ropaje blanco, con palmas en sus manos…”

«Alegrémonos todos en el Señor, en este día de la Fiesta que celebramos en honor de Todos los Santos, por cuya solemnidad se alegran los ángeles y alaban con ellos al Hijo de Dios.»

Así canta la Iglesia al ofrecer hoy la misa en honor de todos sus hijos trasladados de la muerte a la vida, del combate al descanso. Día tras día, a través del ciclo del año, va presentando a nuestra veneración y a nuestra imitación sus glorias más espléndidas; pero, Madre fecunda y amorosa, no puede olvidar a aquellos de sus hijos cuyos nombres desconocen los hombres, pero que están escritos en el libro de la vida.

13 de octubre de 2012

Frutos de la Comunión


Según el R. P. Antonio Royo Marín, los principales efectos que la Sagrada Comunión bien recibida son los siguientes:

1) La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él. Es el primer efecto y más inmediato puesto que en el recibimos real y verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del mismo Cristo. "Yo soy el pan de vida...Yo soy el pan que bajó del cielo...Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es la carne mía para la vida del mundo. En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque la carne mía es verdaderamente comida y la sangre mía es verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. El que come de este pan vivirá eternamente" (Juan, 6, 35-58).

Los alimentos corporales que comemos, los transformamos en carne propia; por el contrario, al comulgar es Cristo quien nos transforma en Él, haciéndonos cada vez más semejantes a Él. El que comulga bien, puede decir con San Pablo: “Cristo vive en mí" (Gálatas, 2, 20). Esto es una maravillosa realidad. Podemos poner un ejemplo, aunque muy imperfecto: al arrojar una esponja al agua, podemos decir que la esponja está en el agua y el agua está en la esponja.

La santa comunión nos une a Cristo de una manera muy estrecha e íntima por medio de una gran caridad y vehemente amor. Después de ser recibido por nosotros, “Jesucristo nos mira como cosa suya propia y nos cuida con especialísimo amor, como cosa a él perteneciente y nos rodea de singular providencia para que seamos y permanezcamos dignos de Él. No sólo tiene cuidado de nuestra alma, sino aún de nuestro propio cuerpo y de toda nuestra persona en orden a nuestra santificación y perfección” .