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20 de agosto de 2014

Frases de san Bernardo sobre la Eucaristía



“La Eucaristía es ese amor que sobrepasa todos los amores en el Cielo y en la tierra".

"Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación".

18 de agosto de 2014

San Pio X, patrono de los catequistas: sobre la comunión frecuente y de niños


"Quam singulari"


DECRETO DE LA CONGREGACIÓN DE SACRAMENTOS

8 de agosto de 1910


1.      Amor de Jesús a los niños 
Cuán singular amor profesó Jesucristo a los niños, durante su vida mortal, claramente lo manifiestan las páginas del Evangelio. Eran sus delicias estar entre ellos; acostumbraba a imponerles sus manos, los abrazaba, los bendecía. Llevó a mal que sus discípulos los apartasen de El, reconviniéndoles con aquellas graves palabras: Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo vedéis, pues de ellos es el reino de los cielos. En cuánto estimaba su inocencia y el candor de sus almas, lo expresó bien claro cuando, llamando a un niño, dijo a sus discípulos: En verdad os digo, si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Cualquiera, pues, que se humillare como este niños, ése es el mayor en el reino de los cielos. El que recibiere a un niño así en mi nombre, a Mí me recibe.

13 de agosto de 2014

San Tarsicio: ejemplo de fortaleza



El nombre Tarsicio -según algunos autores- deriva de la palabra griega tharsos, que significa valor, audacia, confianza. Su fortaleza es una prueba más de que -desde los comienzos- la Iglesia entendía las palabras de Jesucristo: esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre, de un modo real, no metafórico.

¿Quién se hubiera dejado lapidar por un símbolo? San Justino afirmaba que la Eucaristía es "la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó", y San Ireneo añadía que el Cuerpo resucitado de Cristo vivifica nuestra carne: al comulgar "nuestros cuerpos no son corruptibles sino que poseen el don de la resurrección para siempre".

11 de agosto de 2014

Santa Clara y la Eucaristía


Santa Clara de Asís se revela también como una auténtica intérprete y copia fiel del padre san Francisco. En sus escritos faltan enseñanzas de especial importancia sobre el misterio eucarístico, pero su vida, según los testimonios de los le estuvieron cerca, fue la lección incomparable de su conciencia de la centralidad de la eucaristía, de su fe luminosa y de su amor apasionado por el sacramento del altar: las mismas características de Francisco.

En el proceso de canonización sus hijas compiten en recordar su gran fe y conmoción mezclada de temor, cuando se acercaba a la mesa eucarística. "Y dijo que dicha madonna Clara se confesaba muchas veces, y recibía a menudo el santo sacramento del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, mientras temblaba toda ella, cuando lo recibía"; "y, de manera especial, derramaba muchas lágrimas cuando recibía el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo".

Mientras en los escritos de san Francisco y en los distintos testimonios se habla de cuerpo y de la sangre, a propósito de Clara no se hace referencia a la sangre, confirmando tal vez la desaparición de la comunión con el cáliz, debido al desarrollo de la devoción a la hostia. La referencia a la confesión, motivada por el deseo de purificación y por la conciencia de la propia indignidad, está en línea con la recomendación de san Francisco y con el uso, en vías de desarrollo, de la confesión frecuente.

5 de julio de 2014

San Antonio María Zaccaria instituyó las 40 horas al Santísimo Sacramento


Hoy se celebra la memoria litúrgica de san Antonio María Zaccaria. En este sacerdote que murió muy joven, sí que se cumplió aquella frase del Libro de la Sabiduría en la S. Biblia "Vivió muy poco tiempo, pero hizo obras como si hubiera tenido una vida muy larga".

San Antonio María sentía un gran cariño por la Sagrada Eucaristía, donde está Cristo presente en la Santa Hostia, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Por eso propagó por todas partes la devoción de las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Sma. Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.

Su vida es un testimonio enorme de santidad que narramos a continuación:

El Milagro realizado por intercesión del Beato Manuel González García, el Obispo del "Sagrario Abandonado"


El milagro tuvo lugar en el pueblecito palentino de Requena de Campos, en diciembre de 1953 y en la persona de Sara Ruiz Ortega, que entonces tenía 18 años. Estaba deshauciada por los médicos a causa de una gravísima peritonitis tuberculosa, que la había dejado paralítica. 

8 de mayo de 2014

LA EUCARISTÍA, NECESIDAD DE NUESTRO CORAZÓN


 Por san Pedro Julián Eymar:
"Fecisti nos ad Te, Deus" (¡Oh Dios mío, para ti has hecho nuestro corazón!)

¿Por qué está Jesucristo en la Eucaristía? Muchas son las respuestas que pudieran darse a esta pregunta; pero la que las resume todas es la siguiente: porque nos ama y desea que le amemos. El amor, este es el motivo determinante de la institución de la Eucaristía.
Sin la Eucaristía el amor de Jesucristo no sería más que un amor de muerto, un amor pasado, que bien pronto olvidaríamos, olvido que por lo demás sería en nosotros casi excusable.

El amor tiene sus leyes y sus exigencias. La sagrada Eucaristía las satisface todas plenamente. Jesucristo tiene perfecto derecho de ser amado, por cuanto en este misterio nos revela su amor infinito.

11 de abril de 2014

A la medida de Cristo


 
Uno es cristiano
en la medida en que vive realmente
del sacrificio eucarístico.
El que celebra la Misa - no la oye -
la celebra:
esto es ofrecer el sacrificio de Cristo total,
del Cristo místico,
el de Jesús y el suyo...
 
Hay una enorme cobardía
para tomar responsabilidades,
para aceptar ataduras,
un horror al esfuerzo
que significa la vida moral,
todo significa excesivo.
En estas condiciones,
claro está que el cristianismo
parece algo que escandaliza...

29 de marzo de 2014

Cuaresma: predicación del Padre Cantalamessa



1. La reflexión sobre los sacramentos
Junto al tema de la Iglesia, otro tema en el que se nota un progreso en el paso de los Padres griegos a los latinos es el de los sacramentos. En los primeros había faltado una reflexión sobre los sacramentos en sí, es decir, sobre la idea de sacramento, aun habiendo tratado de manera excelente cada uno de los misterios: bautismo, unción, Eucaristía .
El iniciador de la teología sacramentaria —es decir, de lo que, a partir del siglo XII, será el De sacramentis— es nuevamente Agustín. San Ambrosio, con sus dos series de discursos «Sobre los sacramentos» y «Sobre los misterios», anticipa el nombre del tratado, pero no su contenido. También él, en efecto, se ocupa de cada uno de los sacramentos y no, todavía, de los principios comunes a todos los sacramentos: ministro, materia, forma, modo de producir la gracia…
¿Por qué, entonces, elegir a Ambrosio como maestro de fe de un tema sacramentario como es el de la Eucaristía sobre el cual queremos meditar hoy? El motivo es que Ambrosio, más que ningún otro, contribuyó a la afirmación de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y puso las bases de la futura doctrina de la transustanciación. En el De sacramentis escribe:

«Este pan es pan antes de las palabras sacramentales; cuando interviene la consagración, de pan pasa a ser carne de Cristo [...] ¿Con qué palabras se realiza la consagración y de quién son estas palabras? [...] Cuando se realiza el venerable sacramento, el sacerdote ya no usa sus palabras, sino que utiliza las palabras de Cristo. Es la palabra de Cristo la que realiza este sacramento» .
En el otro escrito, Sobre los misterios, el realismo eucarístico es todavía más explícito. Dice:
«La palabra de Cristo que pudo crear de la nada lo que no existía, ¿no puede transformar en algo diferente lo que existe? No es menos dar a las cosas una naturaleza del todo nueva que cambiar lo que tienen [...]. Este cuerpo que producimos (conficimus) sobre el altar es el cuerpo nacido de la Virgen. [...] Es, ciertamente, la verdadera carne de Cristo que fue crucificada, que fue sepultada; es, pues, verdaderamente el sacramento de su carne [...]. El mismo Señor Jesús proclama: “Esto es mi cuerpo”. Antes de la bendición de las palabras celestes se usa el nombre de otro objeto, después de la consagración se entiende cuerpo» .

23 de marzo de 2014

La sed de Jesús y la eucaristía


El Papa Benedicto XVI comienza su primera encíclica de esta manera:“« Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Juan 4:16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios, también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: « Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él ». Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. Juan 3:16).

19 de marzo de 2014

Oración a San José para la comunión

Oh José Bendito, a quién se le concedió no sólo ver y escuchar a Dios a quien muchos reyes anhelaron ver y no vieron, anhelaron escuchar y escucharon; y además llevarle en tus brazos, abrazarlo, vestirlo, guardarlo y defenderlo.


V.: Ruega por nosotros, Oh José Bendito.

R.: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.


Oh Dios, Tú que nos has dado un sacerdocio real, te pedimos que así como el Bendito José fue encontrado digno tocar con sus manos y llevar en sus brazos a Tu Hijo, nacido de la Virgen María, seamos también dignos, por la limpieza de nuestro corazón y la inocencia de nuestra vida, con devoción reverente compartir en este día el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y ser contados en este mundo entre quienes consideran dignos de recibir la recompensa eterna.

Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

18 de marzo de 2014

Oración del Cura brochero a María, sobre la Eucaristía



¡Oh María, Madre nuestra! Alcánzanos la gracia de reconocer los tesoros y riquezas que tu Hijo nos dejó en este Sacramento de amor.

Alcánzanos las fuerzas necesarias para llegar a él con mucha frecuencia a enriquecernos con sus virtudes.

Seános, Madre nuestra, muy doloroso apartarnos de este sacramento, como es doloroso al niño separarse de los pechos de la madre que lo alimenta con su propia sangre.

Porque desde hoy queremos amar a tu Hijo para devolverle amor por amor.

19 de febrero de 2014

La espera de Jesús eucaristía

Viene a mi memoria una encantadora poesía gallega, una de esas Cantigas de Alfonso X el Sabio. La leyenda de un monje que, en su simplicidad, suplicó a Santa María poder contemplar el cielo, aunque fuera por un instante. La Virgen acogió su deseo, y el buen monje fue trasladado al paraíso.

18 de enero de 2014

Tiempo litúrgico durante el año: el alto grado de la santidad ordinaria



El vuelo majestuoso de las grandes aves del cielo es una imagen frecuente en la literatura espiritual. 

Ella sirve para ejemplificar las altas cimas y las alturas sublimes a las que toda alma cristiana debe remontarse por querer de Dios. 

Por contraposición, el vuelo de las aves de corral, a ras de tierra y de corto alcance, se ha utilizado para ilustrar ese vivir cristiano chato y sin relieve, incapaz de tomar altura por el peso y atracción de las cosas del mundo. 

He aquí una hermosa reflexión al respecto:

27 de diciembre de 2013

San Juan Apóstol y evangelista: la eucaristía como fundamento de la vida cristiana




Himno de Laudes de la Fiesta litúrgica:

Tú que revelaste a Juan
tus altísimos decretos
y los íntimos secretos
de hechos que sucederán,
haz que yo logre entender
cuanto Juan ha contado.
Déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.
 

14 de septiembre de 2013

Beato José Brochero, sacerdote y la Eucaristía


El Padre José Brochero fue un apóstol incansable de los Ejercicios Espirituales ignacianos, siguiendo una tradición secular de la Compañía de Jesús que se remonta a los tiempos coloniales. Su inmensa Parroquia, de 4200 kilómetros cuadrados tuvieron la impronta de su celo sacerdotal. Más de 70.000 paisanos del valle de Translasierra en Córdoba hicieron sus Ejercicios en vida de Brochero.

Uno de los días de esos Ejercicios giran en torno al tema: “ME AMÓ Y SE ENTREGÓ A LA MUERTE POR MÍ” y el Beato en sus pláticas lo relacionaba con la Eucaristía.

1 de agosto de 2013

La mención del nombre de San José en las plegarias eucarísticas de la Misa

 

 La  Congregación para el Culto Divino, por decisión ya tomada por Benedicto XVI y ahora confirmada por el Papa Francisco, ha hecho público el decreto "Paternas vices" que introduce la mención del nombre del San José en todas las Plegarias Eucarísticas de la Misa.
 
DECRETO
 
En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la Familia del Señor, respondiendo generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo. Este hombre Justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia.
 

16 de junio de 2013

El amor hasta el extremo de Clara de Asís a la Eucaristía



Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo... (Jn 13,1).

I. El florecer eucarístico en los tiempos de Clara de Asís

1) Antes del siglo XIII
«Una es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie puede salvarse. En ella es a la vez sacerdote y sacrificio Jesucristo, cuyo cuerpo y sangre se contienen verdaderamente bajo las especies de pan y de vino en el sacramento del altar, por haberse transubstanciado, en virtud de la divina potencia, el pan en el cuerpo y el vino en la sangre».

11 de junio de 2013

Fe y vida eucarísticas de Francisco de Asìs



«Fervor ardiente», «asombro»: tales son las palabras que afluyen a la mente de Tomás de Celano cuando evoca la actitud de Francisco para con la Eucaristía. «¡Ardía en fervor... admirando locamente...!» Las expresiones personales de Francisco confirman este testimonio. Pero sobre todo, al revelarnos su propia mirada sobre el «Sacramento del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo», nos muestran la fe sólida, amplia, profunda, viva, que está en el origen de un tal fervor y asombro.

Esforzarnos por penetrar en esa mirada de fe puede ser para nosotros una de las maneras de caminar hacia una mejor comprensión de la Eucaristía. Y esto nos puede llevar -¡ojalá que así sea!- a compartir el fervor y asombro de Francisco ante el «Misterio de la fe», que la Iglesia, siglo tras siglo, contempla y penetra cada vez más profundamente como el centro de su vida.

La fe de Francisco en la Eucaristía es asombrosa. Aunque muy marcada por su tiempo, no queda encerrada en él. Algunas de sus expresiones llevan el sello de las cuestiones que preocuparon a la Iglesia en el siglo XIII.1 Pero la mayor parte de ellas puede resistir, sin doblegarse ni distorsionarse, la confrontación con nuestra visión actual del «Sacramento pascual».2 ¿No es siempre mucho más rica y amplia la fe viva que la representación consciente que de ella propone el lenguaje de una época, influenciado por las circunstancias y necesidades del momento? En el corazón del creyente Francisco, la memoria de la Iglesia depositó sus tesoros... que las arcas del Concilio IV de Letrán no podían contener. En esa misma memoria viva beberá el Concilio Vaticano II... que tampoco la ha agotado. Porque esa memoria posee la riqueza de toda la Revelación, cuyo inventario jamás se cerrará, porque es inagotable.