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4 de noviembre de 2012

Hora santa: Mes de María



Cantamos: "Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar"

Exposición...

"Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar"...

Adoramos en silencio...

Podríamos tranquilamente afirmar, sin temor a equivocarnos, que fue María, la primera adoradora de Cristo. Durante 30 años, María no hizo otra cosa que contemplar casi en exclusividad a Nuestro Señor. Años de Amor. Su mirada lo seguía atenta y amorosamente, sin saberlo estaba rezando, viendo al autor de la creación entera.

Lo sintió lleno de vida en su vientre: Lo vio apenas nació aquella noche oscura y fría que instantáneamente se transformó en una noche de luz y calor. Y desde allí, desde ese mismo momento, nunca más pudo sacar sus ojos de él.

Todo el tiempo lo miraba, lo veía crecer, pequeño y frágil. Dios hecho hombre, se amantaba de ella, se dormía en sus brazos, hallaba consuelo en ellos. Gateaba, caminaba y corría. Balbuceaba y hablaba. Sonreía, lloraba y reía. Imitaba a su padre con las herramientas, la imitaba a ella cuando rezaba.

Los años pasaban y María seguía contemplando asiduamente al Jesús que la abismaba y la superaba. Sus corazones eran uno sólo.

Durante los años de predicación de su hijo, María lo seguía atenta y guardaba en lo profundo de su corazón las lecciones de su Maestro. En el momento mismo de su muerte, ella seguía firme al pie de la cruz haciendo lo que había estado haciendo durante 33 años, contemplando, adorando y amando a su hijo.

Lo siguió haciendo en la noche oscura del sábado y luego de la resurrección. En la eucaristía María veía al mismo Jesús que había llevado en su vientre, al niño que corría y gritaba de alegría, al joven que hablaba de Dios, al hombre que curaba los corazones. Su alegría ahora era mayor aun, porque ahora todos los hombres tenían la gracia de poder vivir y experimentar aquello tan grande que la llenaba a ella desde hacía tanto tiempo.

31 de octubre de 2012

Mensaje de María, Reina de la Paz



¡Queridos hijos! Hoy los invito a orar por mis intenciones. Renueven el ayuno y la oración, porque satanás es astuto y atrae muchos corazones al pecado y a la perdición. Yo los invito, hijitos, a la santidad y a vivir en la gracia. Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor a los que ustedes anhelan. Gracias por haber respondido a mi llamado.
25-10-2012

Comentario del P. Justo Antonio Lofeudo


"Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor a los que ustedes anhelan."

         
A la oración y el ayuno, Ella agrega la adoración a su Hijo, o sea la adoración eucarística. La adoración nos permite ahondar el misterio, tener encuentros con el Señor más profundos, prolongados y perdurables que los que tenemos en las celebraciones eucarísticas, y así, en la medida que entramos en su intimidad Él entra en la nuestra. Porque adorar es penetrar en el misterio del amor de Dios, que es su intimidad más profunda, y dejarse penetrar por su amor. 

3 de octubre de 2012

Hora santa en el mes del Rosario: meditación de Juan Pablo II en Lourdes



Señor Jesús, estás aquí...

Y vosotros, hermanos, hermanas, amigos míos, estáis aquí, conmigo, ante Él.

Señor, hace dos mil años, aceptaste subir a una Cruz de infamia para resucitar después y permanecer siempre con nosotros, tus hermanos, tus hermanas. Y vosotros, hermanos, hermanas, amigos míos, habéis aceptado dejaros atraer por Él.

Lo contemplamos... Lo adoramos... Lo amamos... Buscamos amarlo todavía más...

Contemplamos a Aquel que, durante la cena pascual, ha entregado su Cuerpo y su Sangre a sus discípulos, para estar con ellos “todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Adoramos a Aquel que está al inicio y al final de nuestra fe, sin el que no estaríamos aquí esta tarde, sin el que no seríamos nada, sin el que no existiría nada, nada, absolutamente nada.

Aquel, por medio de quien “se hizo todo” (Jn 1,3); por quien hemos sido creados, para la eternidad; el que nos ha dado su propio Cuerpo y su propia Sangre, Él está aquí, esta tarde, ante nosotros, ofreciéndose a nuestras miradas.

Amamos, y buscamos amar todavía más, a Quien está aquí, ante nosotros, abierto a nuestras miradas, tal vez a nuestras preguntas, a nuestro amor.

Sea que caminemos, o estemos clavados en el lecho del dolor —que caminemos con gozo o estemos en el desierto del alma (cf. Num 21,5) —, Señor, acógenos a todos en tu Amor: en el amor infinito, que es eternamente el del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, el del Padre y del Hijo al Espíritu, y el del Espíritu al Padre y al Hijo.

La Hostia Santa expuesta ante nuestros ojos proclama este poder infinito del Amor manifestado en la Cruz gloriosa.

La Hostia Santa proclama el increíble anonadamiento de Quien se hizo pobre para darnos su riqueza, de Quien aceptó perder todo para ganarnos para su Padre.

La Hostia Santa es el Sacramento vivo y eficaz de la presencia eterna del Salvador de los hombres en su Iglesia.

Hermanos, hermanas, amigos míos, aceptemos, aceptad, ofreceros a Quien nos lo ha dado todo, que vino no para juzgar al mundo, sino para salvarlo (cf. Jn 3,17), aceptad reconocer en vuestras vidas la presencia activa de Quien está aquí presente, ante nuestras miradas. Aceptad ofrecerle vuestras propias vidas.

María, la Virgen Santa, María, la Inmaculada Concepción, aceptó, hace dos mil años, entregarle todo, ofrecer su cuerpo para acoger el Cuerpo del Creador. Todo ha venido de Cristo, incluso María; todo ha venido por María, incluso Cristo. María, la Santísima Virgen, está con nosotros esta tarde, ante el Cuerpo de su Hijo, ciento cincuenta años después de revelarse a la pequeña Bernadette.

24 de septiembre de 2012

Nuestra Señora de la Merced: oraciones de la Misa


ANTÍFONA DE ENTRADA 

Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de santa María virgen; los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban a una el Hijo de Dios. 


ORACIÓN COLECTA 


Señor, Dios nuestro, en tu admirable providencia quisiste que la Madre de tu único Hijo experimentase las angustias y los sufrimientos humanos; por la intercesión de María, consuelo de afligidos y libertadora de cautivos, concede a los que sufren cualquier modo de esclavitud la verdadera libertad de los hijos de Dios. 

Por nuestro Señor Jesucristo... 

20 de septiembre de 2012

Hora Santa: Junto a María santísima pedimos el don de la Paz



Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar

- Señor Jesús te adoramos……..te damos gracias por tu presencia hoy aquí entre nosotros.

Tú has dicho: ”Este es mi cuerpo que se ofrece por vosotros”.

Oh Jesús, llena nuestros corazones con tu Espíritu Divino para que podamos adorarte con fe y esperanza………

Jesús Te adoramos.

Cantamos: Jesús te adoramos (bis)

- Señor Jesús, nos hemos reunido esta noche para adorarte……..para estar con vos. Envíanos tu Espíritu Santo, Señor. Aleja de nosotros todo aquello que nos impide amarte, adorarte, conocerte y encontrarte……………………..Señor Jesús te adoramos.

Cantamos: Ven oh Santo Espíritu (Veni Sancte Spiritus)

- Oh Jesús, Tu eres Dios, tu eres el Señor, bastaba solo una palabra tuya “Levántate, Sé purificado, Cálmate...", y todo te obedecía. Dí Señor solamente una palabra a nuestro corazón, a cada corazón.

Cantamos: Danos La Paz…. al corazón, Oh Señor……

ven aquí tan cerca de mi

y Tu Paz reinará.

15 de septiembre de 2012

Nuestra Señora de los Dolores: oraciones de la Misa



ANTÍFONA DE ENTRADA (Lc 2, 34-35)

El anciano Simeón dijo a María: Este Hijo tuyo será un signo de división y provocará la caída y la resurrección de muchos en Israel; y una espada atravesará tu propio corazón.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con El, de pie junto a la cruz, sus sufrimientos, haz que todos nosotros, asociados con la Virgen en la pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

8 de septiembre de 2012

Natividad de la Santísma Virgen María: oraciones de la Misa



ANTÍFONA DE ENTRADA

Celebremos con júbilo el nacimiento de la santísima Virgen María, de la cual nació Cristo, nuestro Dios y Salvador.

ORACIÓN COLECTA

Al celebrar hoy el nacimiento de la Virgen María, Madre de Cristo, nuestro Redentor, concédenos, Dios misericordioso, el don de tu alegría y de tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo…

27 de agosto de 2012

María, apóstol de la gloria de Jesús



María, apóstol de la gloria de Jesús

En el cenáculo, María se entregaba toda entera a la gloria Eucarística de Jesús. Sabía muy bien que era deseo del Padre que la Eucaristía fuera conocida, amada y servida de todos, que el Corazón de Jesús sentía necesidad de comunicar a los hombres todos sus dones de gracia y de gloria... Por eso el único deseo de María es glorificar a Jesús en el Santísimo Sacramento, hacerlo conocer, amar y servir por toda la humanidad...

Por otra parte, los hombres se hicieron hijos suyos en el Calvario y ella los ama con ternura de Madre..., queriendo el bien de ellos tanto como el suyo propio. Por esto María ardía en deseos de dar a conocer a Jesús en el Santísimo Sacramento, de abrazar los corazones en su Amor, de ver a todos unidos y encadenados a su amable servicio, de formar para El una Guardia de Honor Eucarística, una corte de fieles y abnegados adoradores. Para lograr esta gracia, María cumplía una misión perpetua de oración y penitencia a los pies de la adorable Eucaristía, rogando por la salvación del mundo rescatado por la Sangre Divina, y con su celo inmenso abarcaba las necesidades de los fieles de todos los tiempos y lugares, que recibirían la herencia de la divina Eucaristía... Y como quiera que toda gracia de conversión es fruto de oración, y la petición de María no puede ser desestimada, en esta Madre de bondad tienen los adoradores su mejor auxiliadora...

15 de agosto de 2012

Asunción de María a los cielos: comentario a la liturgia de la Palabra de la Misa



Hoy celebramos la liturgia de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos. Después de su transcurso por aquí en la tierra.

Este misterio de la Asunción es como la contrapartida del misterio de la Anunciación, tal cual nos lo presenta la liturgia de la Palabra de la Santa Misa de hoy.

Cuando el Angel Gabriel le anunció a María la Buena noticia de que el Hijo de Dios se iba a encarnar, después del sí de María, Jesús se anidó en su seno. Si en ella hubiera existido la más mínima sombra de pecado, Dios no se habría encarnado en sus entrañas.

Pero la pureza de María sedujo a Dios. Al decirle el Angel Gabriel a María que se alegrara porque era la llena de gracia, le mostró con esas palabras que Dios no tenía nada que reprocharle.

Nuestra naturaleza humana quedó embellecida con la pureza de María, y así apareció agradable a los ojos de Dios.

En cada comunión eucarística nuestra alma tambien queda ennoblecida por el Presencia del Hijo de Dios en nosotros y con la esperanza de reinar junto a Él en el cielo.

12 de agosto de 2012

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María: Guión litúrgico para la Misa



INTRODUCCIÓN:

Festejamos hoy la Asunción de la Virgen María, conmemorando que la Madre de Dios, al final de su vida terrena, fuera elevada en cuerpo y alma al cielo.
La Santísima Virgen María es la primera, dentro de los hijos de la Iglesia, que fue redimida por Cristo. Inmaculada desde su concpeción, fue siempre fiel a la voluntad de Dios. Al finalizar su peregrinación terrena fue asunta en cuerpo y alma por el Señor. Nosotros también esperamos un día la misma dicha.
Pediremos en esta Eucaristía al Señor, por intercesión de nuestra Madre celestial, la gracia de participar con ella de su misma gloria.
Que la omnipotencia suplicante de la Nueva Eva nos ayude a vivir como Ella, confiando que quienes vivimos unidos a Jesucristo, el único Salvador, alcanzaremos la Vida eterna.
Comenzamos la celebración de la Santa Misa cantando…

LITURGIA DE LA PALABRA:

María santísima fue siempre dócil a la Palabra de Dios. Ante el anuncio del Angel la Palabra se hizo Carne en ella. Abramos nuestro espíritu a la Palabra que hoy escuchamos en esta liturgia de la Iglesia de la cual María es proclamada como Madre.

16 de julio de 2012

Textos litúrgicos de la Misa de Nuestra Señora del Carmen



ANTIFONA DE ENTRADA Is 35,2

Tiene María la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.

ORACION COLECTA

Te suplicamos, Señor, que nos asista con su intercesión poderosa la Santísima Virgen María, Madre y Reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu santo por los siglos de los siglos.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, estos dones sagrados al celebrar la protección de la Virgen del Carmen sobre tu Pueblo santo; que ellos nos hagan crecer, imitando su amor, en tu santo servicio, y nos unan íntimamente al misterio redentor. Por Jesucristo nuestro Señor.

15 de julio de 2012

El escapulario de la Virgen del Carmen nos lleva a la Eucaristía



EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

Quienes reciben la imposición de este Escapulario y lo visten habitualmente, necesitan saber las razones que la iglesia ha tenido para autorizarlo y recomendarlo, bendiciendo e indulgenciando a sus devotos.

De este modo lograrán que les sirva de medio en su perfeccionamiento en la fe de Cristo y alcanzarán con más facilidad la saludable ayuda de la Virgen Santísima, Madre espiritual y medianera de todas las gracias, a la que pretenden honrar. Ella, a los que vivan esta común consagración carmelitana, significada en el Escapulario, los conducirá a una más plena participación de los frutos del Misterio Pascual que se actualiza en cada Eucaristía.

El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María. Nos lo dio La Santísima Virgen. Se lo entregó al General de la Orden del Carmen; San Simón Stock, según la tradición, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: «Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno».

Alude a este hecho el Papa Pío XII cuando dice: «No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen».

16 de junio de 2012

Inmaculado Corazón de María



Nos dice san Ireneo:

“así María por la palabra del ángel fue evangelizada para que portase a Dios por la obediencia a su palabra, a fin de que la virgen María fuese abogada (advocata) de la virgen Eva”.

Esta defensa de María no se da tanto como intercesora sino por su obediencia. No es que haya presentado personalmente méritos a favor de Eva. Más bien es que ha realizado lo contrario de lo que hizo Eva y de ese modo ha destruido su obra y las consecuencias de su desobediencia, es decir, la muerte a la que ha quedado atado el género humano. En este sentido la obediencia de María es una defensa a favor de Eva en primer lugar, pero también de todos los hombres.

13 de junio de 2012

Hora santa: Rosario sacerdotal por la jornada de oración para la santificación del clero


Recibimos a Jesús Eucaristía cantando…



Alabe todo el mundo,

alabe al Señor.

Alabe todo el mundo,

alabe a nuestro Dios.


Rezamos el Rosario sacerdotal

1º Misterio:

“El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars. Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de “amigos de Cristo”, llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?
Todavía conservo en el corazón el recuerdo del primer párroco con el que comencé mi ministerio como joven sacerdote: fue para mí un ejemplo de entrega sin reservas al propio ministerio pastoral, llegando a morir cuando llevaba el viático a un enfermo grave. También repaso los innumerables hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y últimamente en mis viajes pastorales a diversas naciones, comprometidos generosamente en el ejercicio cotidiano de su ministerio sacerdotal.

18 de mayo de 2012

Vigilia de Pentecostés (guión para adoración): María Sagrario del Espíritu Santo



“María, Sagrario del Espíritu Santo”

Oración inicial: Viento y fuego

Que el Espíritu Santo,

que es un viento Señor

Nos sacuda la vida,

Hasta la conversión.

Nos arranque de cuajo

Este “yo pecador”

perezoso y miedoso,

egoísta y señor.

Ven Espíritu Santo, ven

Tu pueblo está en oración

María está con nosotros.

Ven Espíritu Santo, ven

Y anima nuestra reunión

Queremos hallar el modo

De vivir la comunión.

Que el Espíritu Santo

que es un fuego Señor,

nos alumbre por dentro

nos encienda en Su hervor.

8 de mayo de 2012

Textos litúrgicos de la Misa de Nuestra Señora de Luján



Antífona de entrada
Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar esta festividad en honor de la santísima Virgen María. Los ángeles se regocijan por esta solemnidad y alaban al Hijo de Dios. Aleluia.

Oración colecta

Señor, mira con bondad la fidelidad de tu pueblo
y concédenos que, por los méritos e intercesión
de la santísima Virgen María,
obtengamos los dones de tu gracia en la vida presente
y la salvación eterna en el cielo.

Oración sobre las ofrendas

Señor, te rogamos, por tu bondad
y por la intercesión de la santísima Virgen María,
que este sacrificio nos dé la prosperidad y la paz
en esta vida y en la eterna.

Prefacio: SANTA MARÍA DE LUJÁN, MADRE DEL PUEBLO ARGENTINO

V: El Señor está con ustedes.
R: Y con tu espíritu.
V: Levantemos el corazón.
R: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R: Es justo y necesario.
Realmente es justo y necesario,
Padre todopoderoso,
que entonemos siempre en tu honor
himnos y cantos de alabanza,
especialmente por el amor sin límites
que quisiste manifestarnos en María, Virgen y Madre:
Una humilde imagen de su limpia y pura Concepción
se quedó milagrosamente en la Villa de Luján
como signo de su maternal protección
sobre tu pueblo peregrinante en la Argentina,
para que llevados de su mano
podamos llegar al trono del Cordero inocente
que quita el pecado del mundo,
Cristo Jesús, tu Hijo y nuestro único Salvador.
A él lo alaban el cielo y la tierra,
los ángeles y los santos,
diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión
A ningún otro pueblo trató así el Señor, ni le dio a conocer sus mandamientos. Aleluia.

Oración después de la comunión

Señor, alimentados con este sacramento
de nuestra salvación,
te pedimos que experimentemos en todo lugar
la protección de la santísima Virgen María,
en cuyo honor te hemos ofrecido este sacrificio.

4 de mayo de 2012

Adoremos al Hijo de María en la Eucaristía


"Es preciso adorar devotamente a este Dios escondido; es el mismo Jesucristo que nació de María Virgen; el mismo que padeció, que fue inmolado en la Cruz; el mismo de cuyo costado traspasado manó agua y sangre."

S. J. Escrivá de Balaguer

29 de marzo de 2012

La Virgen María en la Cruz y en el Altar


El viernes anterior al domingo de Ramos la Iglesia celebra la fiesta de María al pie de la Cruz. Nos unimos para honrar a nuestra Madre:

¿Cómo podríamos tomar parte en el sacrificio, sin recordar e invocar a la Madre del Soberano Sacerdote y de la Víctima? Nuestra Señora ha participado muy íntimamente en el sacerdocio de su Hijo durante su vida terrestre para que esté ligada para siempre al ejercicio de su sacerdocio. Como estaba presente en el Calvario, está presente en la Misa, que es una prolongación del Calvario. En la Cruz asistía a su Hijo ofreciéndose al Padre; en el altar, asiste a la Iglesia que se ofrece a sí misma con su Cabeza, cuyo sacrificio renueva. Ofrezcamos a Jesús por medio de Nuestra Señora.

(P. Bernadot, "La Virgen en mi vida".)

22 de diciembre de 2011

El Padre nos confía a Jesús como se lo confió a María






Jesús Eucaristía cuando lo recibimos en comunión se confía a nosotros, como lo hizo al encarnarse, en María. Pensando en esto, nuestras manos deberían formar un trono de amor en el interior del cual Jesús pueda recostarse y nosotros deberíamos recibir la Eucaristía, tratando de tener en nuestro corazón una parte del amor que María tuvo hacia su Hijo cuando lo estrechó.
En la Eucaristía se reúne la debilidad aparente y la Omnipotencia de Dios: debilidad aparente porque por su voluntad se entrega a nosotros y Omnipotencia divina porque entrando en nosotros nos convierte en fervorosos, fuertes y generosos. Cristo, que está en nuestras manos, primero se ha colocado en las de su madre.
Para encarnarse Cristo ha elegido a María, ha querido una mujer como madre, por tanto donde está Jesús está María; donde está la Eucaristía está la Madre de la Eucaristía. En el documento está escrito: "Uno sólo es el Mediador, según la palabra del apóstol: "Porque hay un sólo Dios, y también uno solo el Mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús que se entregó a sí mismo como rescate por todos" (1 Tm 2, 5-6). La misión materna de María hacia los hombres, de ningún modo oscurece o disminuye esta única mediación de Cristo, sino mas bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la Bienaventurada Virgen, no nace de una necesidad, sino del beneplácito de Dios, y nace de la superabundancia de los méritos de Cristo, se basa en Su mediación, depende totalmente de ésta y de la misma saca toda su eficacia". Aquí se afirma que es voluntad clara y expresa del Señor que la Virgen sea acogida por todos como Madre de la Iglesia. La maternidad de María que se extiende a cada hombre, es oficialmente ratificada y reconocida por Dios a los pies de la cruz, cuando Cristo que está a punto de morir, llama "mujer" a su madre, la mujer de la humanidad.
La Inmaculada Concepción de la Virgen en función de la divina maternidad es una verdad de fe y a ésta se le añadirá otra: María corredentora y mediadora. En María, Madre de la Eucaristía, están reunidos todos los dones y los privilegios que Dios ha dado a su madre.
Estos son faros luminosos que iluminan a la Iglesia. Cuando el hombre aduce dificultades y pone obstáculos impidiendo que la luz llegue a la Tierra, entonces cae en la confusión y en el pecado, pero sin embargo, si quita los obstáculos, la luz penetra en la Tierra y alcanza cada rincón suyo. Cuando el hombre ha dudado de la presencia eucarística, la Iglesia se ha empobrecido; cuando por el contrario ha ido hacia la Eucaristía, como finalmente está ocurriendo hoy, la Iglesia ha comenzado a estar verdaderamente fuerte y renovada. Debemos amar a la Madre de la Eucaristía, la que ha hecho posible este don infinito de Dios que se perpetúa en la Iglesia. En la sangre de Cristo surgido de la Eucaristía, traída por la Virgen, hay el perfume y el sabor de la sangre materna de María. Debemos amar a la Madre de la Eucaristía y a todos nuestros hermanos, los que están vivos y los que han muerto, porque la Eucaristía es presencia real de Dios y en Dios están presentes todas las criaturas.

18 de diciembre de 2011

Hora Santa: María en el tiempo de adviento


Reeditamos, en esta última semana de adviento, el texto del beato Juan Pablo II en la Carta Encíclica Ecclesia De Eucharistia sobre Analogía entre el “FIAT” de María y el “AMEN” que cada fiel pronuncia cuando recibe el Cuerpo del Señor. Es una bellísima meditación para hacer nuestra Hora santa frente al santísimo Sacramento perparándonos para la Solmenidad de la Navidad:





Si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia. En la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, presentando a la Santísima Virgen como Maestra en la contemplación del rostro de Cristo, he incluido entre los misterios de la luz también la institución de la Eucaristía. Efectivamente, María puede guiarnos hacia este Santísimo Sacramento porque tiene una relación profunda con él.

A primera vista, el Evangelio no habla de este tema. En el relato de la institución, la tarde del Jueves Santo, no se menciona a María. Se sabe, sin embargo, que estaba junto con los Apóstoles, « concordes en la oración » (cf. Hch 1, 14), en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Esta presencia suya no pudo faltar ciertamente en las celebraciones eucarísticas de los fieles de la primera generación cristiana, asiduos « en la fracción del pan » (Hch 2, 42).

Pero, más allá de su participación en el Banquete eucarístico, la relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior. María es mujer « eucarística » con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio.

Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: « ¡Haced esto en conmemoración mía! », se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: « Haced lo que él os diga » (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: « no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así “pan de vida” ».


En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.

Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió « por obra del Espíritu Santo » era el « Hijo de Dios » (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.

« Feliz la que ha creído » (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en « tabernáculo » –el primer « tabernáculo » de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como « irradiando » su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?

María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Cuando llevó al niño Jesús al templo de Jerusalén « para presentarle al Señor » (Lc 2, 22), oyó anunciar al anciano Simeón que aquel niño sería « señal de contradicción » y también que una « espada » traspasaría su propia alma (cf. Lc 2, 34.35). Se preanunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el « stabat Mater » de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de « Eucaristía anticipada » se podría decir, una « comunión espiritual » de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como « memorial » de la pasión.

¿Cómo imaginar los sentimientos de María al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las palabras de la Última Cena: « Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros » (Lc 22, 19)? Aquel cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz.

« Haced esto en recuerdo mío » (Lc 22, 19). En el « memorial » del Calvario está presente todo lo que Cristo ha llevado a cabo en su pasión y muerte. Por tanto, no falta lo que Cristo ha realizado también con su Madre para beneficio nuestro. En efecto, le confía al discípulo predilecto y, en él, le entrega a cada uno de nosotros: « !He aquí a tu hijo¡ ». Igualmente dice también a todos nosotros: « ¡He aquí a tu madre! » (cf. Jn 19, 26.27).

Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don. Significa tomar con nosotros –a ejemplo de Juan– a quien una vez nos fue entregada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por ella. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía. Por eso, el recuerdo de María en el celebración eucarística es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente.

En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnificat en perspectiva eucarística. La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo alabanza y acción de gracias. Cuando María exclama « mi alma engrandece al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador », lleva a Jesús en su seno. Alaba al Padre « por » Jesús, pero también lo alaba « en » Jesús y « con » Jesús. Esto es precisamente la verdadera « actitud eucarística ».

Al mismo tiempo, María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres (cf. Lc 1, 55), anunciando la que supera a todas ellas, la encarnación redentora. En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la « pobreza » de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se « derriba del trono a los poderosos » y se « enaltece a los humildes » (cf. Lc 1, 52). María canta el « cielo nuevo » y la « tierra nueva » que se anticipan en la Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su 'diseño' programático. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!